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Pascua 2024 Edición

Una familia en Cristo

Queridos hermanos:

Una familia en Cristo: Queridos hermanos:

¡Felices Pascuas de Resurrección! En este tiempo gozoso en que celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, estaremos leyendo en la Misa —del libro de los Hechos de los Apóstoles— sobre cómo fue la vida de los primeros cristianos luego de que Jesús ascendió al cielo y de la venida del Espíritu Santo.

Dice el capítulo 4 de Hechos: “…los creyentes estaban muy unidos y compartían sus bienes entre sí; vendían sus propiedades y todo lo que tenían, y repartían el dinero según las necesidades de cada uno. Todos los días se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían juntos con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y eran estimados por todos; y cada día el Señor hacía crecer la comunidad con el número de los que él iba llamando a la salvación” (43-47).

Desde el principio, Dios tuvo la intención de formar un pueblo para sí, tal y como se lo dijo a Abraham: “Con tus descendientes voy a formar una gran nación…” (Génesis 12, 1). El Señor Jesús “quiso santificar y salvar a los hombres no aisladamente, sino constituyéndolos en un solo pueblo, reunido en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 153).

Y por medio del Espíritu, el Señor nos concedió a cada uno dones distintos “para provecho de todos” (1 Corintios 12, 7). De esta manera nació la Iglesia, porque los apóstoles comprendieron que Dios quería que sus hijos vivieran su fe en comunión unos con otros.

Hermanos en la fe. Mi libro preferido es la trilogía del Señor de los Anillos, del escritor británico J.R.R. Tolkien. Quizá tú también la has leído o al menos has visto las películas. El primer libro se titula La Comunidad del Anillo y en él se forma una “comunidad” de nueve personajes: Frodo y ocho compañeros que tienen la misión de acompañarlo hasta el Monte del Destino para destruir el Anillo Único forjado por el enemigo. ¿Por qué estos ocho personajes acompañan a Frodo? Porque la misión que debe realizar sencillamente no puede llevarla a cabo por sí mismo.

Frodo necesita la guía, el consejo, el cuidado y el apoyo de sus amigos para salvar la Tierra Media. Esta comunidad es una ilustración que hizo Tolkien de la vida del cristiano. Siempre necesitamos hermanos y hermanas que nos guíen, nos aconsejen, nos cuiden y nos apoyen en nuestro caminar junto al Señor.

Cuando asistimos a Misa y comulgamos —compartimos el Pan— o damos la limosna —compartimos nuestros bienes—, estamos imitando a los primeros cristianos quienes al poner su vida en común comenzaron la Iglesia.

Ya sea en la parroquia, en algún grupo de estudio bíblico o incluso si estás viviendo tu fe de forma individual, pídele a Dios la gracia de la comunidad. Busca a personas que te animen y edifiquen. Y dispón tu corazón para ofrecerles a ellos la misma bendición.

Pidamos a Dios, en este tiempo de Pascua, que nos conceda la gracia de sentirnos parte de su familia, del “pueblo de su propiedad” (Tito 2, 14).

María Vargas
Directora Editorial
editor@la-palabra.com

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