La Palabra Entre Nosotros

Meditación diaria para hoy octubre 20, 2020

Meditación: Lucas 12, 35-38

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San Pablo de la Cruz, Presbítero (Memoria opcional)

San Pablo de la Cruz, Presbítero (Memoria opcional)

Antífona de entrada

Nunca me precié de otra cosa, cuando estuve entre ustedes, que de conocer a Jesucristo, y a éste crucificado. Cfr. 1 Cor 2, 2

Oración colecta

Que la intercesión de san Pablo de la Cruz, presbítero, quien tuvo un amor excepcional por Cristo crucificado, nos alcance, Señor, tu gracia, para que, estimulados más vivamente por su ejemplo, abracemos con fortaleza nuestra cruz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Efesios 2, 12-22

Hermanos: Recuerden que antes vivían ustedes sin Cristo, que estaban excluidos de la ciudadanía de Israel y eran extraños a las alianzas y promesas, y no tenían esperanza ni Dios en este mundo. Pero ahora, unidos a Cristo Jesús, ustedes, que antes estaban lejos, están cerca, en virtud de la sangre de Cristo.

Porque él es nuestra paz; él hizo de los judíos y de los no judíos un solo pueblo; él destruyó, en su propio cuerpo, la barrera que los separaba: el odio; él abolió la ley, que consistía en mandatos y reglamentos, para crear en sí mismo, de los dos pueblos, un solo hombre nuevo, estableciendo la paz, y para reconciliar a ambos, hechos un solo cuerpo, con Dios, por medio de la cruz, dando muerte en sí mismo al odio.

Vino para anunciar la buena nueva de la paz, tanto a ustedes, los que estaban lejos, como a los que estaban cerca. Así, unos y otros podemos acercarnos al Padre, por la acción de un mismo Espíritu.

En consecuencia, ya no son ustedes extranjeros ni advenedizos; son conciudadanos de los santos y pertenecen a la familia de Dios, porque han sido edificados sobre el cimiento de los apóstoles y de los profetas, siendo Cristo Jesús la piedra angular.

Sobre Cristo, todo el edificio se va levantando bien estructurado, para formar el templo santo del Señor, y unidos a él también ustedes se van incorporando al edificio, por medio del Espíritu Santo, para ser morada de Dios.

Salmo 84

R. Dios anuncia la paz a su pueblo.
Voy a escuchar lo que dice el Señor:
“Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.”
La salvación está cerca ya de sus fieles
y la gloria habitará en nuestra tierra. R.
La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra
y la justicia mira desde el cielo. R.
El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos. R.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Velen y oren, para que puedan presentarse sin temor ante el Hijo del hombre. Lc 21, 36
Aleluya, aleluya.

Lucas 12, 35-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos”.

Oración sobre las ofrendas

Mira, Dios todopoderoso, las ofrendas que te presentamos en la conmemoración de san Pablo, y concédenos expresar en la vida los misterios de la pasión del Señor, que ahora celebramos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Antífona de la comunión

Nosotros predicamos a Cristo crucificado: a Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Cfr. 1 Cor 1, 23-24

Oración después de la comunión

Señor Dios, que en san Pablo manifestaste de modo admirable el misterio de la cruz, concede, benigno, que, fortalecidos por este sacrificio, permanezcamos fielmente adheridos a Cristo y trabajemos en la Iglesia por la salvación de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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Meditación para hoy: Lucas 12, 35-38

Piensa que fuiste invitado a una cena oficial en la capital del país: un lujoso comedor, cubiertos de plata y copas de cristal, meseros uniformados de pie preparados para servir a los comensales. A los sones de una banda militar hace su entrada el primer ministro con traje de gala, pero en lugar de ocupar su lugar de honor, se quita el chaqué, se ajusta un delantal y les dice a los sorprendidos meseros que se sienten a la mesa. Luego, lenta y cuidadosamente, comienza a servir la cena. Parece una locura, ¿verdad?

Lo asombroso es que la realidad de nuestra fe trasciende incluso esta ilustración. Jesucristo, el eterno Hijo de Dios, entregó su vida para salvarnos del pecado y este no fue un simple acto heroico; ¡es parte de su naturaleza! En el Evangelio de hoy, el Señor les dice a sus discípulos que cuando él regrese, servirá de nuevo a aquellos que lo estén esperando.

Pero, ¿qué efecto tiene hoy esta verdad de Dios sobre ti? Ciertamente, nos llena de asombro y gratitud. Como dijo San Pablo, “Dios prueba que nos ama, en que, cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5, 7-8). Pero ¿qué significa esto en tus relaciones con otras personas? El corazón de Dios es servicial y debe hacernos humildes y animarnos a servir también.

El Señor nos dice que el amor se expresa más plenamente entregando la vida por los amigos. Cuando permites que esta clase de amor servicial sea la motivación de tus relaciones en lugar de los intereses egoístas, todo cambia, pues descubres que puedes tener más intimidad con tu esposo o esposa y tus hijos, y una mejor amistad con tus amigos y compañeros de trabajo. Las motivaciones egoístas empiezan a disiparse y eres más consciente de las necesidades de quienes te rodean. En resumen, le otorgas al amor de Dios un lugar importante en tu vida.

¿Cómo puedes entregar tu vida hoy? Examina las veinticuatro horas que tienes por delante y anticipa las oportunidades que Dios te vaya a dar para imitarlo a través de actos de servicio. Luego, cuando estas oportunidades se presenten, acéptalas con alegría. Recuerda que al convertirte en servidor, algo santo está sucediendo: estás representando a Cristo frente a otra persona.

“Señor, enséñame a servir con humildad como tú lo haces.”

Efesios 2, 12-22
Salmo 85 (84), 9ab-10. 11-12. 13-14

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