La Palabra Entre Nosotros

Meditación diaria para hoy junio 23, 2018

Meditación: Mateo 6, 24-34

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Pongan toda su atención en el Reino de los cielos. (Mateo 6, 33)

Este es un mandamiento muy importante para nosotros, pero en general no le damos mucha atención. ¿Por qué? Porque las prioridades que nos fijamos no siempre van de acuerdo con la voluntad de Dios.

En efecto, le dedicamos tiempo y atención a las muchas obligaciones, exigencias y responsabilidades que tenemos, y también a las amistades e incluso a las diversiones, y, por lo general, hacemos todo esto sin “buscar primero el Reino de Dios”. Es allí, en el trabajo diario, en la cena familiar, en las diversiones, donde debemos buscar el Reino de Dios, y no creer que sólo bastará con rezar una breve oración. Eso de poner toda la atención en el Reino de Dios no es para beneficio del Señor. ¡Es para beneficio nuestro! Dios no necesita nada, ¡nosotros sí necesitamos mucho!

Precisamente para esto es que Dios nos ha dado su Espíritu Santo, para que nos anime, nos guíe, nos ayude, nos enseñe y jamás nos abandone. ¿Cuántas veces al día le pedimos consejo, fortaleza o perdón? Recuerda, hermano, que el poder de Dios se muestra mejor en la debilidad (v. 2 Corintios 12, 9). Todos los bautizados tenemos al Espíritu Santo en el corazón, y él nos da fuerzas cada día para entregarnos más a Dios.

Pero todo esto no sucede por arte de magia. Hay que buscarlo conscientemente. Por ejemplo, hacer oración personal al comenzar el día, unos diez minutos al menos, y leer la Sagrada Escritura, donde aprendemos a apreciar lo que Jesús piensa, siente y espera de nosotros. Luego hay que cumplir las obligaciones diarias, sabiendo que Dios conoce todo lo que uno experimenta, y todo esto lo toma en cuenta en el plan perfecto y generoso que tiene para nuestra salvación. Al final, al llegar la noche, conviene recordar lo sucedido en el día y darle gracias a Dios por las bendiciones recibidas. Si hemos faltado a la voluntad de Dios, hay que arrepentirse, pedirle perdón y proponerse mejorar al día siguiente. Así uno puede comenzar el próximo día con la conciencia tranquila.

Y cuando uno tiene la conciencia tranquila, todo se ve más alegre, más luminoso y más prometedor, y eso nos lleva a ser más amables, más pacientes y, en una palabra, actuar más como Jesús lo haría.

“Jesús, Señor y Dios mío, me entrego por entero en tus manos. Por el poder de tu Espíritu Santo, quita de mí, Señor, todo lo que pretenda usurpar tu lugar en mi vida.”

2 Crónicas 24, 17-25
Salmo 89(88), 4-5. 29-34

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