La Palabra Entre Nosotros

Meditación diaria para hoy agosto 20, 2019

Meditación: Mateo 19, 23-30

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San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia

Yo les aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los cielos. (Mateo 19, 23)

Hoy, en su Evangelio, San Mateo nos presenta lo que el Señor enseñó luego de que el joven rico se alejó triste porque no estuvo dispuesto a aceptar la invitación de Jesús, cuando dijo que, según como se usen, las riquezas pueden constituir un verdadero obstáculo para el discipulado. Jesús terminó enseñando que mientras más grande sea la riqueza material, más difícil puede ser entrar en el Reino de Dios, porque éste es un don de Dios que no puede comprarse por ninguna cantidad de dinero.

Ciertamente las riquezas impiden ver el Reino de Dios, especialmente las adquiridas en forma poco ética. Además, cuando alguien adquiere riquezas, éstas pueden aislarlo del prójimo y hacerlo caer en la explotación y la opresión. El Catecismo de la Iglesia Católica nos hace ver el peligro que representa el ansia exagerada del dinero:

“Una teoría que hace del lucro la norma exclusiva y el fin último de la actividad económica es moralmente inaceptable. El desordenado afán de acumular dinero no deja de producir efectos perniciosos. Es una de las causas de los numerosos conflictos que perturban el orden social.

“Un sistema que ‘sacrifica los derechos fundamentales de la persona y de los grupos en aras de la organización colectiva de la producción’ es contrario a la dignidad del hombre. Toda práctica que reduce a las personas a no ser más que medios con vistas al lucro esclaviza al hombre, conduce a la idolatría del dinero y contribuye a difundir el ateísmo. ‘No podéis servir a Dios y al dinero’ (Mateo 6, 24; Lucas 16, 13).” (CIC 2424).

Cuando Jesús enseñó acerca de las riquezas, prometió a sus discípulos, que lo escuchaban con una mezcla de desaliento y sorpresa, que cuantos dejan familia y bienes materiales para seguirlo a él recibirían cien veces más en este mundo y heredarán la vida eterna. Al final, el Hijo del hombre se sentará en el trono de gloria (Mateo 19, 28-29) y todo quedará completo en él.

Los acontecimientos que hoy nos parecen desconcertantes, tendrán perfecto sentido en ese futuro, y esta esperanza nuestra es firme porque el Señor, por su muerte y su resurrección, nos ha dado el poder necesario para vivir como él nos enseña.

“Señor Jesús, concédeme la gracia de ver que las riquezas que realmente cuentan son las del amor, la fe y la compasión.”

Jueces 6, 11-24
Salmo 85 (84), 9. 11-14

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