La Palabra Entre Nosotros

Meditación diaria para hoy diciembre 6, 2019

Meditación: Mateo 9, 27-31

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San Nicolás, Obispo (Memoria opcional)

Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. (Salmo 27, 13)

Siglos antes de la venida de Cristo, el profeta Isaías había dicho que en los tiempos mesiánicos se verían por todas partes los prodigios del Señor: “Los ojos de los ciegos verán sin tinieblas ni oscuridad” (Isaías 29, 18). La curación de los ciegos sería sin duda una obra divina, no humana; aunque para ser realidad, todos tendrían que creer y estar dispuestos a aceptar esa acción.

Por eso Jesús atendió a los ciegos que a viva voz le pedían piedad al “Hijo de David”, título mesiánico que señalaba en él la presencia de Dios. Antes de actuar, Cristo les preguntó: “¿Creen que puedo hacerlo?” porque era preciso que tuvieran fe para poder ver, ya que su vista dependía de la firmeza de su fe: “Que se haga en ustedes conforme a su fe” (Mateo 9, 28-29). ¡Qué hecho tan impresionante y asombroso!

Sin embargo, es probable que nosotros nos sintamos tocados porque los ciegos recuperaron la vista, pero ¿nos sentimos también movidos a imitar su fe en Cristo? El Catecismo de la Iglesia Católica dice que “La fe es un don gratuito que Dios hace al hombre”, pero que podemos perderla, por eso “debemos alimentarla con la Palabra de Dios” (CIC 162). Jesús ha inaugurado el Reino de Dios y los milagros y maravillas que vemos en los relatos de los Evangelios y los demás escritos del Nuevo Testamento son pruebas de que el Reino está entre nosotros.

Pero no siempre esperamos que el Señor actúe en nuestra vida. Las experiencias tenidas en la vida, muchas de ellas buenas, pero otras no tanto, han condicionado nuestro entendimiento y nuestras actitudes al punto de que muchas veces tendemos más a la incredulidad que a la fe. Vamos a Misa y hacemos oraciones, pero lo hacemos muchas veces en forma rutinaria y mecánica, sin realmente ver la dimensión espiritual en lo que estamos haciendo.

Pero el Señor vino a salvarnos y quiere completar su obra en todos sus fieles. Presentémosle hoy nuestro corazón abierto y dejemos que el Reino de Dios eche raíces en nosotros. Reconozcamos su poder leyendo en la Escritura las maravillas que realizó el Señor en la tierra y aceptemos lo que la Iglesia nos ha enseñado a través de los siglos. Luego, actuemos por fe.

“Señor Jesús, tú que eres la luz del mundo, ilumina nuestra oscuridad y fortalece nuestra fe, te lo rogamos.”

Isaías 29, 17-24
Salmo 27 (26), 1. 4. 13-14

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