La Palabra Entre Nosotros

Meditación diaria para hoy octubre 21, 2019

Meditación: Lucas 12, 13-21

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XXIX Semana del Tiempo Ordinario

La vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea. (Lucas 12, 15)

Jesús acaba de hablar sobre las riquezas espirituales que esperan a cuantos creen en él y acaba de aconsejar a sus oyentes que no se preocupen por el futuro, porque Dios siempre los cuidará. Pero de repente, alguien lo interrumpe con una súplica: “Dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia.” Es sorprendente que Jesús no se quejara de pura frustración; pues además de ser impertinente, la interrupción revela el tipo de distracciones que mantiene a muchos en la pobreza.

El Señor enseñó que no es la falta de bienes materiales la que nos hace pobres; sino la preocupación de qué y cuánto tenemos y qué podemos hacer para obtener más. ¿Por qué? Porque nos hace desviar la atención de los tesoros que Dios nos tiene reservados; nos lleva a dejar de pensar en el servicio que le debemos a nuestro Creador y nos hace valorar más las cosas creadas, que naturalmente son pasajeras. Jesús no dice que las posesiones materiales sean malas o que no tengan valor; pero deja en claro que “la vida del hombre no depende de los bienes” (Lucas 12, 15).

¿Cuáles son las cosas que “valen ante Dios”? Primero, el hecho de saber que él nos ama personalmente a cada uno de nosotros, pues nos creó por amor y nos ama siempre. Segundo, que le importamos tanto que podemos confiar en que siempre nos protegerá. Tercero, que Jesús murió y resucitó para que podamos experimentar la gracia transformadora de Dios en nuestra vida. Y finalmente, que confiemos en su amor misericordioso y nos dediquemos a amar y servir a cuantos nos rodean, especialmente aquellos que se encuentran en necesidad, tanto en nuestra propia familia, en la parroquia o en el vecindario.

Estas son las riquezas en las cuales podemos deleitarnos, sin importar que seamos materialmente ricos o pobres. Cada vez que rezamos, podemos decirle a Dios cuánto lo amamos y, mejor aún, podemos escuchar cuando él nos dice cuánto nos ama. Cada pasaje de la Escritura puede ser una señal del amor de Dios y mostrarnos cómo podemos profundizar nuestra experiencia de ese amor. Leer sobre las vidas de los santos, libros espirituales o asistir a Misa diariamente, son prácticas que nos ayudan a acumular los bienes y tesoros espirituales que sí importan.

“Padre celestial, enséñame a acumular las riquezas celestiales que de ti provienen. Confío en que tú proveerás para mí.”

Romanos 4, 19-25
(Salmo) Lucas 1, 69-75

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