La Palabra Entre Nosotros

Meditación diaria para hoy abril 4, 2020

Meditación: Juan 11, 45-56

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V Semana de Cuaresma

V Semana de Cuaresma

Antífona de entrada

Tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven aprisa a ayudarme; pues yo soy un gusano, no un hombre, despreciado por la gente y rechazado por el pueblo. Cfr. Sal 22 (21), 20. 7

Oración colecta

Señor Dios, que hiciste que todos los renacidos en Cristo vinieran a ser linaje escogido y sacerdocio real, concédenos querer y poder cumplir lo que mandas, para que tu pueblo, llamado a la vida eterna, tenga unidos sus corazones en una misma fe y actúe movido por el mismo amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Ezequiel 37, 21-28 (O bien: 2 Reyes 4, 18-21. 32-37)

Esto dice el Señor Dios: “Voy a recoger de las naciones a donde emigraron, a todos los israelitas; de todas partes los congregaré para llevarlos a su tierra. Haré de ellos un solo pueblo en mi tierra, en los montes de Israel; habrá un solo rey para todos ellos y nunca más volverán a ser dos naciones, ni a dividirse en dos reinos.

Ya no volverán a mancharse con sus ídolos, sus abominaciones y con todas sus iniquidades; yo los salvaré de las infidelidades que cometieron y los purificaré; ellos van a ser mi pueblo y yo voy a ser su Dios.

Mi siervo David será su rey y todos ellos no tendrán más que un pastor; cumplirán mis mandamientos y pondrán por obra mis preceptos. Habitarán en la tierra que di a mi siervo Jacob y en la que habitaron los padres de ustedes, y ahí vivirán para siempre ellos, sus hijos y sus nietos; mi siervo David será su rey para siempre.

Voy a hacer con ellos una alianza eterna de paz. Los asentaré, los haré crecer y pondré mi santuario entre ellos para siempre. En medio de ellos estará mi templo: yo voy a ser su Dios y ellos van a ser mi pueblo.

Las naciones sabrán que yo soy el Señor que santifica a Israel, cuando vean mi santuario en medio de ellos para siempre”.

Jeremías 31, 10-13 (O bien: Salmo 16)

R. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.
Escuchad, pueblos, la Palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
“El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño.” R.
Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sion,
afluirán hacia los bienes del Señor. R.
Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. R.

Aclamación antes del Evangelio

Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Purifíquense de todas sus iniquidades; renueven su corazón y su espíritu, dice el Señor. Ez 18, 31
O bien: Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor; el que cree en mí no morirá para siempre. Jn 11, 25. 26
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Juan 11, 45-56 (O bien: Juan 11, 1-45)

En aquel tiempo, muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver que Jesús había resucitado a Lázaro, creyeron en él. Pero algunos de entre ellos fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.

Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron al sanedrín y decían: “¿Qué será bueno hacer? Ese hombre está haciendo muchos prodigios. Si lo dejamos seguir así, todos van a creer en él, van a venir los romanos y destruirán nuestro templo y nuestra nación”.

Pero uno de ellos, llamado Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: “Ustedes no saben nada. No comprenden que conviene que un solo hombre muera por el pueblo y no que toda la nación perezca”. Sin embargo, esto no lo dijo por sí mismo, sino que, siendo sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación, y no sólo por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios, que estaban dispersos. Por lo tanto, desde aquel día tomaron la decisión de matarlo.

Por esta razón, Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la ciudad de Efraín, en la región contigua al desierto y allí se quedó con sus discípulos.

Se acercaba la Pascua de los judíos y muchos de las regiones circunvecinas llegaron a Jerusalén antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús en el templo y se decían unos a otros: “¿Qué pasará? ¿No irá a venir para la fiesta?”

Oración sobre las ofrendas

Que te sea aceptable, Señor, la ofrenda de nuestro ayuno, para que, purificados, nos haga dignos de tu gracia y nos lleve a participar de los bienes prometidos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Antífona de la comunión

Cristo fue entregado a la muerte, para congregar en la unidad a los hijos de Dios, que estaban dispersos. Cfr. Jn 11, 52

Oración después de la comunión

Señor, suplicamos a tu majestad que así como nos nutres con el sagrado alimento del Cuerpo y de la Sangre de tu Hijo, nos hagas participar de la naturaleza divina. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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Meditación para hoy: Juan 11, 45-56

Conviene que un solo hombre muera por el pueblo y no que toda la nación perezca. (Juan 11, 50)

El Consejo Supremo de los judíos, al enterarse de que Jesús había hecho revivir a Lázaro, tomó la decisión de darle muerte. ¡Qué paradoja! Mientras Cristo traía la vida, ellos buscaban la muerte. Así comenzaba el desenlace final del drama de la salvación.

Mientras conspiraban para arrestarlo, Jesús sabía que todo esto era parte del plan de Dios; y que pronto se cumplirían los designios del Padre. En poco tiempo más, Jesús iba a “congregar en la unidad a los hijos de Dios, que estaban dispersos” mediante su muerte en la cruz. Incluso Caifás, el sumo sacerdote judío, profetizó sin darse cuenta cuando dijo: “Conviene que un solo hombre muera por el pueblo.”

Al principio mismo de la historia humana, cuando nuestros primeros padres pecaron, el Señor dio el primer indicio de cuál sería su plan, anunciando que la descendencia de Eva aplastaría la cabeza de la serpiente (Génesis 3, 12-15). Más tarde, a medida que transcurría el tiempo, Dios habló por boca del profeta Isaías acerca de un “Ungido”, un misterioso Siervo Sufriente que sería “atormentado a causa de nuestras maldades” porque “el Señor cargó sobre él la maldad de todos nosotros” y “lo llevaron como cordero al matadero” (Isaías 53, 5. 7). Ahora había llegado el tiempo del cumplimiento de estas profecías, y los perseguidores de Jesús fueron los que pusieron en movimiento los acontecimientos que ahora vamos a revivir en la Semana Santa, que ya se avecina.

Ahora bien, cuando tú contemplas el crucifijo, ¿qué ves? ¿El desenlace de un plan que Dios inició desde hace muchísimos siglos? ¿La obra de un Padre amantísimo que ha hecho muchos sacrificios para que tú descubras y aceptes su amor y te entregues a él? ¿O ves nada más que un hombre bueno que fue ajusticiado injustamente?

Gracias a la cruz de Cristo, todo el género humano ha sido redimido y todos los hombres y mujeres son invitados a experimentar la unión íntima con Dios.

Fija tu mirada en la cruz de Cristo cada día de esta semana y pídele al Espíritu Santo que, a través de ella, eleve tu vista hacia la realidad del plano celestial.

“Padre eterno, te doy gracias por no abandonarnos en el pecado, y por enviar a tu Hijo a redimirnos en la cruz.”

Ezequiel 37, 21-28
(Salmo) Jeremías 31, 10-13

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