La Palabra Entre Nosotros

Oct/Nov 2009 Edición

¿Por qué esperar?

“No tengan miedo” . . . de guardar la relación sexual para el matrimonio

By: el Padre Alfredo Hernández

¿Por qué esperar?: “No tengan miedo” . . . de guardar la relación sexual para el matrimonio by el Padre Alfredo Hernández

Juan e Isabel (los nombres han sido cambiados) estaban comprometidos para casarse y vivían juntos cuando me pidieron que celebrara su boda. Era una pareja de jóvenes muy sinceros que querían entender mejor su fe católica y recibir ayuda para vivirla en la práctica. De hecho, cuando Juan habló conmigo por primera vez, me dijo que quería recibir la Confirmación antes del casamiento.

Al mismo tiempo, tanto Juan como Isabel habían tenido algunas experiencias negativas con sacerdotes y con catequistas de sus parroquias y, como lo dijo Isabel, se sentía decepcionada porque la mayoría de las veces toda la respuesta que habían recibido a sus preguntas e inquietudes había sido “háganlo así porque yo se los digo.”

Un mejor camino. La frase “porque yo te lo digo” describe para muchos la manera en que ven la enseñanza de la Iglesia Católica sobre la sexualidad. Esta forma de ver la situación se fija, al parecer, en lo que es pecaminoso con respecto a la relación sexual prematrimonial (fornicación) y extramatrimonial (adulterio). Supone que la autoridad de la Iglesia es suficiente para explicar por qué estas formas de conducta son erróneas y dañinas.

Sí, es cierto que hay muchas “prohibiciones” en la enseñanza de la Iglesia acerca de la sexualidad humana, y también es cierto que, tal como la Iglesia entiende su misión, el Papa y los Obispos no tienen que convencernos de cada una de las enseñanzas en particular, porque la autoridad para enseñar que han recibido de Dios debe ser suficiente para los fieles. Entonces, ¿por qué no sucede esto siempre?

En palabras sencillas, la experiencia me indica que los mandamientos sin explicación no funcionan. Si quiero enseñar a los jóvenes de manera convincente que es mejor esperar hasta el matrimonio para tener relaciones sexuales, me parece que mi deber es hacerles ver por qué ese es el mejor camino. Además, estoy persuadido de que la mejor manera de explicarlo es exponer las razones por las cuales el punto de vista de la Iglesia sobre el matrimonio es el único camino auténtico hacia la felicidad.

El significado del matrimonio cristiano. Precisamente, esto fue lo que hice con Juan e Isabel. En las reuniones que tuvimos, empecé a hablarles acerca de la importancia del matrimonio cristiano y a explicarles que el significado más profundo de este sacramento se arraiga en el amor de Cristo por la Iglesia, es decir, el amor expresado en la cruz (Efesios 5).

El amor entre el esposo y la esposa ha de representar el amor de Cristo por la Iglesia y de este amor hay que destacar algunas características como las siguientes:

Es para siempre: El amor permanente entre los esposos cristianos representa el compromiso eterno de Cristo con sus fieles.

Es fiel: La fidelidad mutua entre los esposos es un testimonio del amor de Cristo, que jamás abandonará a su pueblo.

Es fructífero: Este aspecto del amor de Cristo se expresa en la buena disposición de la pareja para engendrar hijos.

Es sacrificado: Cristo se entregó como sacrificio total por la Iglesia; del mismo modo el esposo y la esposa se comprometen a entregarse por completo el uno al otro sin guardarse nada.

El sexo es fundamental. Juan e Isabel se sorprendieron mucho cuando les dije que su relación sexual tenía una función esencial en el significado sacramental de su matrimonio. Jamás habían oído aquello que el Papa Juan Pablo II llamó “el significado nupcial del cuerpo”. En realidad nunca se hubieran imaginado que el amor sexual representa tanto en el matrimonio: nada menos que el amor total y la generosa entrega de Dios por su pueblo y de Cristo por la Iglesia.

Mientras conversábamos pude percibir que Isabel y Juan se sentían inspirados y se daban cuenta de que esta nueva visión constituía un desafío para ellos. Era hora de ir al grano.

“Cuando ustedes se casen —les pregunté— ¿les gustaría que su relación sexual expresara esta entrega total y absoluta, es decir, el significado que se supone que tenga en el matrimonio cristiano?” La respuesta fue decididamente afirmativa. “Si es así —proseguí— entonces ¿qué es lo que se supone que debe suceder ahora antes de que se casen?

Fue maravilloso ver la reacción que tuvieron. Les brillaban los ojos, como si recién hubieran abierto las persianas y estuvieran vislumbrando algo nuevo y emocionante. Con todo, aún no sabían bien qué era lo que iba a suceder.

Decidieron cambiar. Varias semanas más tarde, Juan me llamó nuevamente para contarme una noticia fabulosa: él e Isabel se habían comprometido a llevar una vida de castidad hasta que se casaran. Por razones prácticas, siguieron viviendo en el mismo apartamento, pero ahora dormían en cuartos separados.

Poco después almorcé con ellos y los felicité por la decisión que habían tomado. Yo quería saber qué era lo que los había convencido. “Fue escuchar este concepto tan positivo acerca del matrimonio” respondió Juan. Habían escuchado a otras personas decirles que “esperar” no era bueno y nadie les había explicado jamás por qué esperar era no sólo el ejercicio de una virtud sino, además, mejor para ellos.

Esta joven pareja experimentó una verdadera conversión que les cambió drásticamente su forma de vivir. Me pareció fascinante que aun cuando hacían un sacrificio al parecer muy difícil, los dos se veían llenos de felicidad.

Por contraste, Isabel compartió que unos amigos les habían contado que ni siquiera habían dejado tiempo en su noche de bodas para consumar su intimidad conyugal; en cambio ella y Juan no sabían cómo era posible no tener una gran ilusión al esperar la noche en que consumarían su amor mutuo una vez intercambiados los votos conyugales. Ahora, gracias a su nuevo entendimiento y disciplina, su noche de bodas sería para los dos el comienzo de una alianza complemente nueva.

Aspira a lo mejor. ¿Por qué esperar? O bien, ¿por qué empezar a esperar si ya se han adelantado? Porque la intimidad sexual entre el esposo y su esposa es el corazón mismo del compromiso “fiel y perpetuo” del amor matrimonial. Además, la intimidad sexual implica que una persona se quita sus velos más privados y vulnerables; ¡ciertamente esto no debe hacerse en forma barata!

Esperar con expectación, o volver a la sala de espera, es una experiencia fantástica. Al esperar, ya te estás dando a tu futuro cónyuge, incluso aunque no lo hayas o la hayas conocido aún. Ya estás aprendiendo lo que significa ser como Cristo, ser “fiel para siempre” y “entregarse del todo”.

El matrimonio cristiano es una relación fascinante entre dos personas que en Cristo se aman con todo su ser. Entonces, ¡espera y prepárate bien y no te contentes con nada que sea inferior!

El Padre Alfredo Hernández es el párroco de la Iglesia de Santa Juliana en West Palm Beach, Florida.

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