La Palabra Entre Nosotros

Enero 2012 Edición

Personas ordinarias,  obras extraordinarias:  Cómo llevar a Jesús a mujeres en extrema necesidad

Por Emily Nelson

Personas ordinarias,  obras extraordinarias:  Cómo llevar a Jesús a mujeres en extrema necesidad: Por Emily Nelson

Cada lunes por la mañana me dirijo hacia una casa grande y antigua no lejos de donde vivo. Allí no hay grandes cosas, todo lo que hay, desde el sofá hasta las tazas de café, son donados, pero es un lugar alegre y agradable, tal como lo son los empleados y las volun­tarias con quienes trabajo allí.

Comenzamos el día haciendo ora­ción; pidiéndole a Dios que bendiga nuestra labor y que bendiga a cada una de las mujeres que llegarán en busca de nuestros servicios. Le pedimos al Señor que nos ayude a satisfacer las necesidades prácticas de estas perso­nas y que podamos llevarlas a Cristo. Luego abrimos las puertas.

Un descanso en la tormenta. Aquella gran casa es un centro cristiano de ayuda para mujeres embarazadas, como los hay por miles en numero­sas partes de los Estados Unidos y en muchos otros países del mundo. Pero no fue sino hasta que me hice volunta­ria, hace unos cuatro años, que empecé a darme cuenta de la tremenda impor­tancia que tiene el trabajo pro-vida que han venido realizando estos centros desde hace tiempo.

Las mujeres que vienen en busca de ayuda, orientación y consuelo por encontrarse embarazadas sin haberlo planeado llegan por lo general asusta­das y confundidas, sin saber qué hacer ni a dónde ir. Algunas se sienten soli­tarias y abandonadas; otras se sienten abrumadas de vergüenza, culpabili­dad y remordimiento. Algunas nunca se han dado cuenta de que hay otras opciones, como la adopción, y pien­san que el aborto es la única salida. Nosotras las alentamos a que tomen decisiones que más tarde no lamen­tarán. Sin tratar de imponerles nada, les hablamos del gran amor que Dios les tiene a ellas y a sus bebés en gesta­ción; les aseguramos que para Él y para nosotras ellas son especiales y tienen una dignidad personal que no deben perder.

Les ayudamos de varias mane­ras prácticas: pruebas de embarazo, sonogramas, información sobre salud, clases de crianza de los niños y de aptitudes para salir adelante en la vida. También les damos información sobre los programas municipales o estatales que hay de atención médica, vivienda y asistencia financiera. Algunas de las mujeres ya han tenido abortos, por lo que les ofrecemos atención postaborto, y les ayudamos a recuperarse del trauma emocional, psicológico y físico por el que están pasando.

Escoge la vida. Todos los que tra­bajamos en estos centros y clínicas (médicos, enfermeras, consejeros y voluntarios) rezamos y trabajamos para salvar vidas. Y por la gracia de Dios, tenemos muchas historias de éxito que contar. Una joven que vino a vernos no se realizó el aborto porque no pudo cumplir la cita, pero pensaba reprogra­marla. Sin embargo, habló con una de nuestras consejeras, se le hizo un sono­grama y finalmente decidió no abortar sino completar su embarazo hasta dar a luz.

El sonograma, que siempre es admi­nistrado por un profesional licenciado, ha ayudado a muchas mujeres a tomar la decisión de no abortar. El hecho de ver al bebito en la matriz, incluso con sus pequeños deditos, hace imposible negar que lo que estás viendo es una persona real. Además, ayuda mucho para que la mamá establezca un vínculo de unión muy fuerte con su criatura aún no nacida.

Da y toma. El trabajo que realizo en el centro es muy práctico y me encanta. Recibo con un saludo a todas las muje­res que llegan, reviso su archivo y luego reúno los elementos que va a necesitar: desde la ropa, los biberones y hasta la cuna para el bebé, hasta el asiento para el carro y la ropa maternal para ella. Es una oportunidad de compartir el amor de Dios no sólo con las madres, sino también con los niños que a veces las acompañan. Un saludo amistoso, una sonrisa, un abrazo y un jueguito senci­llo, todo ayuda para alegrarles un poco la visita.

Pero estas experiencias enriquecen mi propia vida también. Una mujer que me tocó de modo particular comenzó a venir buscando alimento y ropa para sus niños cuando su hijita menor era muy pequeña. La niña creció y tanto la madre como la hija se sentaban juntas, leían los libros que les ofrecíamos y escogían uno para llevarse a casa.

Un día le pregunté a la niña a qué escuela iba. Se sonrió y me dijo: “Yo estu­dio en casa, no voy a ninguna escuela.” Y luego abriendo los ojos añadió con gran entusiasmo: “¡Pero después iré a la universidad!” ¡Qué entusiasta esperanza y ternura maternal pude entrever en esa enfática afirmación!

Otra mujer, que había sido adicta a las drogas y el alcohol, me inspiró mucho por la valentía con que decidió cambiar. Dio a luz a una nenita, que tuvo que permanecer hospitalizada por un tiempo largo. “Tu pequeñita está luchando mucho por sobrevivir —le dije un día— sin duda Dios tiene un plan para ella.”

“Sí, es cierto”, me contestó. “No he tomado drogas ni alcohol desde que ella nació. Esta bebita fue un regalo que Dios me dio para reformarme por completo.”

El encuentro con Jesús. Como les sucede a todos los voluntarios que tra­bajamos en estos centros y clínicas, me siento privilegiada de que Dios me haya llamado a mí, sin tener nada especial, para hacer la obra extraordinaria de lle­var a personas que se encuentran en necesidades extremas a encontrarse con Jesús e iniciar una vida nueva. Es cierto que el trabajo es a veces difícil y com­plicado, pero no hay nada que pueda compararse con el gozo de presenciar la maravillosa transformación que sucede en la vida de estas personas.

Me acuerdo de una mujer que tuvo que huir hacia los Estados Unidos des­pués de ser abusada terriblemente por su marido en África. Embarazada, sin un peso en el bolsillo y completamente sola, de alguna manera logró llegar al centro. Los voluntarios la acogieron bajo su cuidado, le brindaron la ayuda que necesitaba para traer a su hijito al mundo e incluso le consiguieron un tra­bajo y un lugar para vivir. Esta mujer se sintió tan tocada por el amor de Dios que le demostraban estos voluntarios que no tardó en convertirse y hacerse cristiana.

Una y otra vez vemos que Dios interviene para rescatar a las personas de situaciones al parecer sin solución ni esperanza, y lo vemos con nuestros propios ojos; por eso, no nos queda más que exclamar con fe y entusiasmo: ¡Jesús está vivo! •

Emilia Nelson vive en Frederick, Maryland.


Compañeros de la Palabra Entre Nosotros distribuye gratuitamente el folleto titulado “Después del aborto. Dios ofrece perdón, sana­ción y esperanza” escrito especialmente para mujeres que han tenido un aborto y que por lo general sufren emocional, espiri­tual y físicamente. Se puede obtener gratuitamente llamando al 1-800-638-8539.

Comentarios