La Palabra Entre Nosotros

Enero/Febrero 2015 Edición

La vida hay que defenderla

La Marcha por la Vida en los Estados Unidos

La vida hay que defenderla: La Marcha por la Vida en los Estados Unidos

En septiembre de 2005 fui enviado a peregrinar a la Casa del Padre en los Estados Unidos. Comencé a celebrar Misa los domingos y confesar en la parroquia Reina de las Américas, en Washington, DC.

Pronto llegó el mes de octubre y con él la Campaña de Respeto a la Vida que anualmente convocan los obispos de los Estados Unidos. En apoyo de dicha campaña, se pide a los sacerdotes que prediquen el Evangelio de la vida, para ayudar a tomar conciencia de la realidad del aborto.

Fue así como recibí unas estadísticas sobre el aborto en los Estados Unidos para preparar la homilía y, mientras leía los datos, mi vida fue cambiando en pocos minutos, para nunca volver a ser la misma.

¿Cuáles fueron esos números que me cambiaron la vida? El primer dato que me impactó fue el siguiente: Los soldados muertos en las guerras en las cuales Estados Unidos ha estado involucrado, incluida la Guerra de la Independencia, han sido unos 750.000. Comparemos este dato con el de que anualmente en los Estados Unidos se abortan 1.350.000 seres humanos no nacidos. Esto significa que cada día mueren unos 3.300 bebés, es decir, un aborto cada 26 segundos.

Otra cifra que fue y es un llamado urgente de Dios a mi conciencia a actuar a favor de la vida, fue el número total de abortos acumulado desde 1973, año en el cual fue despenalizado el aborto a nivel federal. Al día de hoy van más de 55 millones de bebés no nacidos que han sido abortados. No necesitamos mucha más información para entender que estamos frente a una trágica realidad que clama por nuestra acción. ¡Son vidas humanas!

Y ahora, ¿qué hago? “Bueno, yo no sé, ¿qué quiere el Señor Jesús hacer conmigo en esta realidad?”, me pregunté. Conversé con quienes tenían el servicio de gobierno en mi comunidad, previo discernimiento con mi director espiritual, y comencé a colaborar con la oficina del Proyecto Raquel de la Arquidiócesis de Washington. También fui invitado a participar en un retiro de sanación de “El Viñedo de Raquel”, que son unos retiros para sanar las heridas que causa el aborto, especialmente en las madres y los padres de los hijos abortados. Al participar de estos retiros pude experimentar de cerca el daño espiritual y el trauma profundo y permanente que deja el aborto.

Como sacerdote, en mi experiencia pastoral, nunca había experimentado un dolor tan agudo como el de la madre y del padre que caen en la cuenta y asumen, con todas sus consecuencias, que colaboraron en el proceso de dar muerte a su propio hijo. Estar en contacto con esta realidad me mostró, desde la experiencia, las otras víctimas del aborto, que ya no eran solamente los seres humanos no nacidos, sino también sus progenitores, y sus otros familiares: hermanos, abuelos, tíos,… y, por extensión, todos los que nos consideramos hermanos de éstos nuestros “projimitos” más pequeños.

Hay una publicación anual que, basada en el estudio detallado de la situación legal de los estados de la Unión, produce una clasificación de los 10 estados más “pro vida” y de los 10 más “pro muerte”. Uno de los primeros impactos emocionales que recibí al estudiar la clasificación, fue ver que entre los primeros cinco estados pro muerte figuraban California, Nuevo México y Nueva York, donde la población hispana es significativa. ¿Y cómo es posible esto? Una respuesta breve sería decir que los latinos necesitamos participar más en la política, comenzando por estar registrados para votar. La responsabilidad política de los cristianos es fundamental para proteger la vida de nuestros hermanitos no nacidos.

Dios me ha regalado trabajar con muchas personas y grupos organizados pro vida, como el de Sacerdotes por la Vida y colaborar en los medios de comunicación social, como el canal católico EWTN (para muchos conocido como el canal de la Madre Angélica) y Radio María en español. También estamos presentes en las redes.

La Marcha por la Vida. Con la despenalización del aborto a nivel federal, ocurrida el 22 de enero de 1973, por fallo de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, una católica, la señora Nelly Gray, se dijo para sí: “Esta es una ley injusta. Tenemos que protestar y alzar nuestra voz por quienes no la tienen. Y si esto ayuda a que se salve la vida de un bebé no nacido de ser abortado, habrá merecido todo el esfuerzo.”

El Espíritu Santo, por medio de Nelly, animó al entonces joven sacerdote, padre Sean Patrick O’Malley, hoy nuestro querido Cardenal de Boston, a movilizar un primer grupo de católicos que participó de aquella primera edición de la Marcha por la Vida en los Estados Unidos, al primer año de haberse despenalizado el aborto. Así nació la Marcha por la Vida, que cada año reúne a cientos de miles de personas en Washington, DC. Hoy en día, se organizan marchas similares de costa a costa en esta gran nación, y esto ha sido una semilla para las marchas en otros países.

¿Por qué marchamos? Marchamos para apelar a la conciencia de los legisladores y lograr que se deroguen las leyes que actualmente permiten que se ejecute “legalmente” a los bebés no nacidos y de esa manera se cause un trauma de por vida en las madres. Es preciso que esas leyes sean sustituidas por otras que protejan y apoyen a las mujeres embarazadas.

Marchamos para que se cree conciencia en cuanto al genocidio del aborto que desde hace 42 años se está llevando a cabo en los Estados Unidos. Marchamos para animarnos los unos a los otros a seguir defendiendo, respetando y sirviendo a la Vida desde la concepción hasta la muerte natural.

Me alegra mucho informar que el número de latinos que participan en la Marcha por la Vida va creciendo año a año. Y necesitamos seguir creciendo.

Llamado a la participación política. Desde sus orígenes, esta Marcha por la Vida ha querido ser un llamado especial de atención a los políticos a proteger la vida. Recordemos que la manera de cambiar las leyes es llevar a los cargos públicos a políticos que apoyen efectivamente el respeto a la vida. Y esto es parte de dos mandamientos: “No mates” y “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, especialmente cuando lo que está en juego es la vida de seres humanos, como en el caso de la vida naciente y en el ocaso de la vida, cuando los seres humanos estamos en nuestras etapas de mayor vulnerabilidad y desamparo.

¿Cómo pueden ejercer su responsabilidad política los cristianos? Aquí presento algunas ideas prácticas que nos llevan a la acción:

  • Ayuda a registrar más votantes, por ejemplo, organizando un registro de votantes en tu parroquia o, como ciudadano privado, en tu sitio de trabajo o estudio (pidiendo los permisos correspondientes).

  • Escribe a los editores de los periódicos dando tu opinión en favor de los candidatos que defienden la vida.

  • Anima a tu párroco o pastor para que use los boletines y/o carteleras parroquiales para informar sobre la responsabilidad de los cristianos de elegir a candidatos pro vida.

  • Utiliza Internet para difundir datos sobre el aborto y la responsabilidad política de los cristianos.

  • Aprovecha las salas de chat, foros de discusión, tablones de anuncios, etc. para crear conciencia sobre el flagelo del aborto y sobre la necesidad de participar en las elecciones.

  • Forma tu propio grupo de Facebook para animar a las personas a votar en contra del aborto o difundir información sobre los candidatos pro vida.

Termino estas líneas con una cita de San Juan Pablo II, un profeta del Evangelio de la Vida de nuestros tiempos:

“Somos enviados como pueblo. El compromiso al servicio de la vida obliga a todos y cada uno. Es una responsabilidad propiamente ‘eclesial’, que exige la acción concertada y generosa de todos los miembros y de todas las estructuras de la comunidad cristiana. Sin embargo, la misión comunitaria no elimina ni disminuye la responsabilidad de cada persona, a la cual se dirige el mandato del Señor de ‘hacerse prójimo’ de cada hombre: ‘Vete y haz tú lo mismo’ (Lucas 10, 37). Todos juntos sentimos el deber de anunciar el Evangelio de la vida, de celebrarlo en la liturgia y en toda la existencia, de servirlo con las diversas iniciativas y estructuras de apoyo y promoción.” (Evangelio de la Vida, 79). ¢

El Padre Víctor Salomón es venezolano, miembro de la Hermandad de Sacerdotes Operarios del Sagrado Corazón de Jesús y director del apostolado hispano de Sacerdotes por la Vida.

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