La Palabra Entre Nosotros

Feb/Mar 2010 Edición

Hacedores de la paz

Examen de conciencia para la Cuaresma

En casi todos los ámbitos de la vida (familias, vecindarios, lugares de trabajo, aulas e incluso iglesias) se observa que el mundo se debate en divisiones causadas por las diversas ideologías, tendencias y facciones.

Se ve claramente que se necesita la paz de Dios. La buena noticia es que Jesús nos ha reconciliado con Dios y con los demás "haciendo la paz mediante la sangre que Cristo derramó en la cruz" (Colosenses 1,20). Ahora, por el sacrificio de su cruz, Cristo nos ofrece a todos el poder necesario para llegar a ser hacedores de la paz en este mundo.

¿Cómo se puede acatar esta noble llamada y hacerla realidad? Como sucede con casi todo lo demás en la vida cristiana, la paz comienza teniendo la experiencia en el interior de nosotros mismos, una paz que proviene del hecho de haberse reconciliado con Cristo.

Al prepararse para el Sacramento de la Reconciliación en esta Cuaresma, trata de rezar con la célebre Oración de San Francisco de Asís, y cuando te hagas el examen de conciencia, pídele al Señor que te ayude a ver de qué manera has sido, o no has sido, un instrumento de su paz. Lo puedes hacer contestando preguntas como éstas: "¿He perdonado a quienes me han ofendido? ¿Ha sido mi actitud como una luz en medio de la oscuridad? ¿He buscado que me acepten y me sirvan más de lo que he tratado yo de aceptar y servir a los demás?" En la Confesión, deja que el propio Jesús sea el instrumento de su paz para ti. Luego, pon atención para ver cómo la paz del Señor y la reconciliación llegan a tu corazón y se proyectan hacia los que te rodean, sean familiares, amigos, compañeros de trabajo o desconocidos.

Oración de San Francisco

Señor, hazme un instrumento de tu paz. Donde haya odio siembre yo tu amor. Donde haya injuria, perdón.

Donde haya duda, fe. Donde haya desesperación, esperanza; Donde haya oscuridad, luz y donde haya tristeza, alegría.

Oh divino Maestro, concédeme que no busque ser consolado sino consolar; ser comprendido sino comprender; ser amado sino amar.

Porque es dando que recibimos; es perdonando que somos perdonados y es muriendo que nacemos a la vida eterna.

Amén.

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