De Campesina emigrante a modelo de virtud

Santa Narcisa de Jesús, la tercera santa ecuatoriana

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La canonización de Narcisa de Jesús Martillo Morán, conocida popularmente como la "Violeta de Nobol", la convierte en la tercera santa del Ecuador, junto a Santa Mariana de Jesús y a San Miguel Febres Cordero, conocido popularmente como "el Hermano Miguel", personajes religiosos que viven en el corazón de miles de personas.

Esta joven laica es presentada hoy por la Iglesia como un modelo de virtud, especialmente para tantas mujeres de América Latina que, como ella, tienen que emigrar en busca de trabajo y sustento. Sólo vivió 37 años entre continuas mortificaciones y duras penitencias, aplicando la sabiduría de la cruz en cada circunstancia de su vida. Narcisa de Jesús quiso siempre pasar desapercibida; rechazó las oportunidades de ocupar cargos destacados y vivió en la más profunda humildad y pobreza, ofreciendo al Señor sus penitencias por la salvación de los hombres. Cuando su fama de mujer virtuosa se propagaba entre los vecinos, se incomodada y buscaba otro hospedaje. Rechazaba las habitaciones principales que le ofrecían y prefería vivir debajo de una escalera u ocupar un desván o altillo que servía de bodega.

Si bien se pueden destacar varios aspectos de la vida de Santa Narcisa, entre ellos los dones de milagros y de profecía, conviene hacer resaltar su espíritu de penitencia y de oración y su fidelidad a la dirección espiritual.

Los primeros años. Narcisa de Jesús nació en la hacienda San José, cerca de la localidad de Nobol (Ecuador) en 1832. Los santorales antiguos señalaban el 29 de octubre como la festividad de San Narciso, mártir romano del siglo II. Aunque no se ha podido encontrar su acta de nacimiento, se puede afirmar sin temor a equivocación que nació el 29 de octubre.

Perteneció a una familia campesina muy tradicional y cristiana. Su padre fue don Pedro Martillo Mosquera, quien contrajo matrimonio a los 28 años de edad con doña Josefa Morán y juntos procrearon nueve hijos. Don Pedro, analfabeto como la mayoría de los campesinos de su época pero dotado de inteligencia y de espíritu de trabajo, logró amasar una apreciable fortuna, ya que supo ?desempeñarse con agilidad e ingenio en los negocios.

Narcisa contaba siete años cuando recibió el Sacramento de la Confirmación, durante las fiestas patronales del Señor de los Milagros. A los 15 años aprendió el oficio de costurera, que ejerció a domicilio y entre las familias vecinas. Desde muy joven recibió, como don del Espíritu Santo, un gran amor por la oración: se privaba a menudo de los juegos y de los amigos para retirarse a su habitación o junto a un árbol en la hacienda familiar para dedicarse a orar. Su primer templo fue la naturaleza. Pasó sus primeros años en familia, dedicada a las tareas domésticas y a la costura, creando una atmósfera de caridad, alegría y paz entre sus cuatro hermanos y cuatro hermanas, y conociendo las necesidades y penurias de los campesinos pobres.

Consciente de la necesidad de muchos pobladores de Nobol, salía a pedir alimentos o ropa en Guayaquil para luego repartirlos entre los pobres. Tenía una gran afición a tocar la guitarra, especialmente para los niños y durante la Navidad.

Siendo muy pequeña perdió a su madre y tuvo que encargarse de la crianza y la educación de sus hermanos menores. Parece que la muerte prematura de su madre reforzó su naturaleza de recogimiento y espiritualidad. En esos años conoció la vida de Santa Marianita de Jesús, canonizada poco tiempo antes, a quien imitaría toda su vida, hasta tal punto que uno de sus directores espirituales escribió: “Basta leer la vida de Santa Marianita para conocer las virtudes de Narcisa”. De esa época de su vida se recuerda su caridad, su alegría, su gran amor por la oración y la gran importancia que tenía para ella la dirección espiritual.

Adolescencia y juventud. Cuando tenía 18 años, al morir su padre, Narcisa se consagra como virgen al servicio del Señor y el prójimo y emigra a Guayaquil. Allí trabajó como modista, se dedicó a obras de caridad apostólica y comenzó a recibir dirección espiritual. Dedicó mucho tiempo al apostolado, especialmente de los niños, a quienes les enseñaba catecismo. Visitaba a los enfermos y moribundos, y prodigó cuidados de enfermera durante varios meses a uno de sus directores espirituales hasta el día en que éste murió de tuberculosis. Enseñó costura a las jóvenes abandonadas que se albergaban en un hogar de niñas huérfanas conocido como la “Casa de las Recogidas”. Fue justamente allí que conoció a Mercedes de Jesús Molina, que también fue beatificada y quien compartió con ella su casa por largo tiempo, para ayudarse mutuamente en el camino de la caridad y practicar juntas la virtud, la oración y la penitencia.

En 1868 se trasladó a Lima (Perú) para continuar su vida virtuosa bajo la dirección espiritual del padre Pedro Gual, sacerdote franciscano. Al partir éste a Roma, empieza a dirigirla el padre Manuel Medina, de quien son la mayoría de los escritos que nos han llegado sobre Narcisa. Este sacerdote, previendo un posible proceso de beatificación, los hizo certificar por un notario público. Algunos de sus directores han destacado el amor que ella les tenía a Jesús en la Eucaristía y a la Santísima Virgen.

Narcisa se distinguió por su generosidad y su entrega sin límites a un ideal de amor. Fue solidaria y fervorosa con los suyos; modesta y sencilla mujer que llevó una vida pobre, llena de sacrificios. La espiritualidad de Narcisa de Jesús consistía en ocultarse de los ojos del mundo y ofrecer al Señor sus penitencias para la salvación de los hombres.

Enfermedad y muerte. En septiembre de 1869 sufre altas fiebres, producto de una enfermedad que terminó siendo fatal. En los últimos momentos de su vida, los dolores se le hicieron muy intensos, pero los soportaba heroicamente, abandonándose a la voluntad de Dios y ofreciéndose como víctima por la conversión de los pecadores. Falleció en Lima el 8 de diciembre de 1869, día de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, después de haber comulgado, dejando una extraña luminosidad y perfume en la habitación. A pesar del deceso, su cuerpo mantenía flexibilidad, según los religiosos que estuvieron con ella en sus últimos días. Llegada a Guayaquil la noticia, el pueblo se convulsiona y comienza la devoción y la leyenda.

Su cuerpo descansó en Lima durante 85 años, para ser luego trasladado a Ecuador el 30 de abril de 1955, donde permanece hasta la fecha. Sus restos reposan en una urna funeraria de bronce, bajo el altar del Santuario de Nobol. Una comisión integrada por cuatro médicos determinó, en 1983, que el cuerpo permanece incorrupto, por lo cual cientos de personas acuden hoy a visitar el santuario de esa localidad.

El cantón Nobol cuenta con tres obras en honor a Narcisa: un centro educativo para mejorar la educación de 1.650 niños y jóvenes noboleños, un santuario que lleva el nombre de la Sierva de Dios y un mural de oración en la hacienda San José, donde vivía Narcisa, ubicado cerca del santuario.

Beatificación y canonización. El Papa Juan Pablo II beatificó a Narcisa de Jesús el 25 de octubre de 1992 en Roma, después de que los médicos comprobaron el milagro de la sanación de Juan Pesántez Peñaranda, quien sufría de un cáncer incurable.

El segundo milagro, condición imprescindible para ser considerada santa, ocurrió el 26 de mayo de 1994 y fue reconocido y aprobado por la Santa Sede en febrero de 2006 por la curación de la niña Edelmira Arellano, que había nacido sin órganos genitales. Cuando Edelmira tenía ocho años, su madre la encomendó a la Beata Narcisa, y al llevarla al médico, éste declaró que, de repente y sin explicación médica, la niña estaba completamente normal.

El papa Benedicto XVI dio autorización para que Narcisa de Jesús Martillo Morán, la “Violeta de Nobol”, fuera canonizada el 12 de octubre de 2008 junto a otros tres beatos. El 9 de diciembre de cada año se celebra en Nobol la festividad de Narcisa, la tercera santa ecuatoriana.

María A. Cabezas es de nacionalidad ecuatoriana y reside en la ciudad de Washington, DC desde hace muchos años.

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