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Lecturas de la Misa, 20 de febrero de 2024 Encuentre Meditación por Fecha

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I Semana de Cuaresma

Antífona de entrada

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Desde siempre y para siempre tú eres Dios. Cfr. Sal 90 (89), 1-2

Oración colecta

Mira, Señor, a tu familia y concede que mientras afligimos nuestro cuerpo con la penitencia, nuestro espíritu se vea iluminado por el deseo...

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Meditación: Mateo 6, 7-15

Ustedes, pues, oren así. (Mateo 6, 9)

¿Alguna vez te has preguntado si estás rezando “correctamente”? Por ejemplo, podrías no estar seguro de por cuánto tiempo deberías orar o cómo dejar de lado las distracciones. Quizá te gustaría saber cuál es la mejor forma de comenzar y terminar tu oración. Pero en lugar de ofrecernos un conjunto específico de instrucciones, Jesús nos enseñó una forma de rezar que además de mostrarnos el corazón de Dios nos invita a sintonizar nuestro corazón con el suyo (Mateo 6, 7-15).

Al principio del Padre Nuestro, reconocemos quién es Dios: Un Padre que nos ama más de lo que un padre terrenal podría hacerlo. ¡Cuánto se deleita al escucharnos, a sus hijos amados, decirle Abbá o papá!

Cuando oramos y decimos “venga tu Reino, hágase tu voluntad” (Mateo 6, 10), estamos alineando nuestro corazón con el de Dios porque su mayor deseo es ver su reino florecer en la tierra. Y mientras que edificar su reino es principalmente su obra, nos invita a cooperar con él haciendo lo que él nos pide.

Luego, debido a que él conoce la compasión de su Padre y cuida de nosotros, Jesús nos invita a pedirle a Dios que nos dé “nuestro pan de cada día” (Mateo 6, 11). El Señor quiere que confiemos en que Dios nos dará el pan que nutre nuestro cuerpo así como el pan del cielo que fortalece nuestro espíritu.

Jesús también conoce la profundidad de la misericordia de Dios por nosotros, así que nos invita a arrepentirnos de nuestros pecados cada vez que rezamos. Y cuando perdonamos a otros, estamos haciendo lo que Dios ya ha hecho por nosotros. No solo eso, sino que nos apropiamos del corazón misericordioso de nuestro Padre celestial (Mateo 6, 12).

Finalmente, cuando le pedimos a Dios que nos libre del mal (Mateo 6, 13), estamos reconociendo su grandeza, poder y victoria sobre el pecado. Cuanto más comprendamos su verdad, más confiaremos en él cuando nos enfrentemos a la tentación.

Hoy, reza el Padre Nuestro despacio. Con cada petición, piensa en la forma en que se manifiesta el corazón de Dios. No te preocupes por si estás rezando “correctamente”. Solamente alaba a Dios con todo tu corazón por su amor eterno, su compasión y su misericordia.

“Señor Jesús, que mi oración de hoy me conduzca al corazón del Padre, te lo ruego.”

Isaías 55, 10-11
Salmo 34 (33), 4-5. 6-7. 16-17. 18-19

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