La Palabra Entre Nosotros

Meditación diaria para hoy octubre 18, 2020

Meditación: Mateo 22, 15-21

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En este tiempo de dificultad, es posible que muchos de nosotros no podamos asistir a Misa.

La Palabra Entre Nosotros, con la ayuda de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos (USCCB), tiene el gusto de poner a su disposición y de manera gratuita las lecturas de la Misa diaria y todo el contenido de nuestro sitio web para ayudar a las personas a rezar desde su casa. Más información.

XXIX Domingo del Tiempo Ordinario

XXIX Domingo del Tiempo Ordinario

Antífona de entrada

Te invoco, Dios mío, porque tú me respondes; inclina tu oído y escucha mis palabras. Cuídame, Señor, como a la niña de tus ojos y cúbreme bajo la sombra de tus alas. Cfr. Sal 17 (16), 6. 8

Gloria

(Cuando se requiera, este himno puede recitarse o cantarse:)

Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres
que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria
te alabamos, te bendecimos,
te adoramos, te glorificamos,
te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.

Señor, Hijo único, Jesucristo.
Señor Dios, Cordero de Dios,
Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor,
sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo
en la gloria de Dios Padre.
Amén.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, haz que nuestra voluntad sea siempre dócil a la tuya y que te sirvamos con un corazón sincero. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Isaías 45, 1. 4-6

Así habló el Señor a Ciro, su ungido,
a quien ha tomado de la mano
para someter ante él a las naciones
y desbaratar la potencia de los reyes,
para abrir ante él los portones
y que no quede nada cerrado:
“Por amor a Jacob, mi siervo, y a Israel, mi escogido,
te llamé por tu nombre y te di un título de honor,
aunque tú no me conocieras.
Yo soy el Señor y no hay otro;
fuera de mí no hay Dios.
Te hago poderoso, aunque tú no me conoces,
para que todos sepan, de oriente a occidente,
que no hay otro Dios fuera de mí.
Yo soy el Señor y no hay otro”.

Salmo 95

R. Aclamad la gloria y poder del Señor.
Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R.
Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles son apariencia,
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R.
Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R.
Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda.
Decid a los pueblos: “El Señor es rey,
él gobierna a los pueblos rectamente.” R.

1 Tesalonicenses 1, 1-5

Pablo, Silvano y Timoteo deseamos la gracia y la paz a la comunidad cristiana de los tesalonicenses, congregada por Dios Padre y por Jesucristo, el Señor.

En todo momento damos gracias a Dios por ustedes y los tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar las obras que manifiestan la fe de ustedes, los trabajos fatigosos que han emprendido su amor y la perseverancia que les da su esperanza en Jesucristo, nuestro Señor.

Nunca perdemos de vista, hermanos muy amados de Dios, que él es quien los ha elegido. En efecto, nuestra predicación del Evangelio entre ustedes no se llevó a cabo sólo con palabras, sino también con la fuerza del Espíritu Santo, que produjo en ustedes abundantes frutos.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Iluminen al mundo con la luz del Evangelio reflejada en su vida. Flp 2, 15. 16
Aleluya, aleluya.

Mateo 22, 15-21

En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo.

Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: “Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?”

Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó: “Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo”. Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: “¿De quién es esta imagen y esta inscripción?” Le respondieron: “Del César”. Y Jesús concluyó: “Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.

Profesión de fe

Credo Niceno
Creo en un solo Dios,
Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato,
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia,
que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén.

Oración sobre las ofrendas

Concédenos, Señor, el don de poder servirte con libertad de espíritu, para que, por la acción purificadora de tu gracia los mismos misterios que celebramos nos limpien de toda culpa. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Antífona de la comunión

Los ojos del Señor están puestos en sus hijos, en los que esperan en su misericordia; para librarlos de la muerte, y reanimarlos en tiempo de hambre. Cfr. Sal 33 (32), 18-19
O bien:
El Hijo del hombre ha venido a dar su vida como rescate por la humanidad, dice el Señor. Mc 10, 45

Oración después de la comunión

Te rogamos, Señor, que la frecuente recepción de estos dones celestiales, produzca fruto en nosotros y nos ayude a aprovechar los bienes temporales y alcanzar con sabiduría los eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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Meditación: Mateo 22, 15-21

Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. (Mateo 22, 21)

¿Puedes identificar la trampa que le estaban tendiendo los fariseos al Señor Jesús cuando le preguntaron si era lícito pagar el tributo al César? Si decía que el impuesto no debía pagarse, lo acusarían de revolucionario y de ser una amenaza para los romanos, si por el contrario decía que pagar el tributo era lícito, lo acusarían de ser colaborador del régimen opresivo del imperio romano.

Pero, el Señor Jesús vio claramente la trampa (Mateo 22, 18) y en vez de caer en ella, les dio una respuesta simple pero profunda, una respuesta que todavía nos cuestiona a nosotros sobre cuál es nuestra postura.

Lo que “es de Dios” es toda su creación: las plantas y los animales, las estrellas del cielo, el mar y todo lo que hay en él; y desde luego los seres humanos, todos nosotros. Las estrellas y la luna que brillan, las aves que cantan y los árboles que florecen, todos están dando gloria y alabanza a Dios. Entonces, ¿cuánto más los humanos, que somos la corona de la creación, debemos darle gloria y honor? Así es como le damos “a Dios lo que es de Dios”: alabándolo, cumpliendo sus mandamientos y cuidando de sus hijos amados.

¿Entonces cómo damos “al César lo que es del César”? ¿Significa esto que debemos pagar impuestos para que la policía mantenga la paz, los autobuses escolares presten servicio y los ayuntamientos cuiden de los más necesitados a través de programas sociales? Pues sí, así es y también implica mucho más que esto. Y eso se debe a que aquello que damos a Dios debe impactar la forma en que “damos al César”. Debe animarnos a trabajar en pos de la transformación de los pueblos y las ciudades, a cuidar de los demás y no limitarnos simplemente a pagar impuestos.

Te pregunto, hermano, entonces, ¿qué puedes hacer hoy por el “César”?

“Aquí estoy, Señor, enséñame a cambiar mi esquina del mundo.”

Isaías 45, 1. 4-6
Salmo 96 (95), 1. 3. 4-5. 7-8. 9-10ac
1 Tesalonicenses 1, 1-5

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