La Palabra Entre Nosotros

Meditación diaria para hoy junio 28, 2020

Meditación: 2 Reyes 4, 8-11. 14-16

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En este tiempo de dificultad, es posible que muchos de nosotros no podamos asistir a Misa.

La Palabra Entre Nosotros, con la ayuda de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos (USCCB), tiene el gusto de poner a su disposición y de manera gratuita las lecturas de la Misa diaria y todo el contenido de nuestro sitio web para ayudar a las personas a rezar desde su casa. Más información.

XIII Domingo del Tiempo Ordinario

XIII Domingo del Tiempo Ordinario

Antífona de entrada

Pueblos todos, aplaudan y aclamen a Dios con gritos de júbilo. Sal 47 (46), 2

Gloria

(Cuando se requiera, este himno puede recitarse o cantarse:)

Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres
que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria
te alabamos, te bendecimos,
te adoramos, te glorificamos,
te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor, Hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero de Dios,
Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor,
sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo
en la gloria de Dios Padre.

Amén.

Oración colecta

Señor Dios, que mediante la gracia de la adopción filial quisiste que fuéramos hijos de la luz, concédenos que no nos dejemos envolver en las tinieblas del error, sino que permanezcamos siempre vigilantes en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

2 Reyes 4, 8-11. 14-16

Un día pasaba Eliseo por la ciudad de Sunem y una mujer distinguida lo invitó con insistencia a comer en su casa. Desde entonces, siempre que Eliseo pasaba por ahí, iba a comer a su casa. En una ocasión, ella le dijo a su marido: “Yo sé que este hombre, que con tanta frecuencia nos visita, es un hombre de Dios. Vamos a construirle en los altos una pequeña habitación. Le pondremos allí una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que se quede allí, cuando venga a visitarnos”.

Así se hizo y cuando Eliseo regresó a Sunem, subió a la habitación y se recostó en la cama. Entonces le dijo a su criado: “¿Qué podemos hacer por esta mujer?” El criado le dijo: “Mira, no tiene hijos y su marido ya es un anciano”. Entonces dijo Eliseo: “Llámala”. El criado la llamó y ella, al llegar, se detuvo en la puerta. Eliseo le dijo: “El año que viene, por estas mismas fechas, tendrás un hijo en tus brazos”.

Salmo 88

R. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: “Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.” R.
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R.
Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el santo de Israel, nuestro rey. R.

Romanos 6, 3-4. 8-11

Hermanos: Todos los que hemos sido incorporados a Cristo Jesús por medio del bautismo, hemos sido incorporados a su muerte. En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva.

Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya nunca morirá. La muerte ya no tiene dominio sobre él, porque al morir, murió al pecado de una vez para siempre, y al resucitar vive ahora para Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Ustedes son linaje escogido, sacerdocio real, nación consagrada a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. 1 Pe 2, 9
Aleluya, aleluya.

Mateo 10, 37-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará.

Quien los recibe a ustedes me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.

El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo.

Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa”.

Profesión de fe

Credo Niceno
Creo en un solo Dios,
Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato,
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia,
que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén.

Oración sobre las ofrendas

Señor Dios, que bondadosamente realizas el fruto de tus sacramentos, concédenos que seamos capaces de servirte como corresponde a tan santos misterios. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Antífona de la comunión

Bendice, alma mía, al Señor; que todo mi ser bendiga su santo nombre. Cfr. Sal 103 (102), 1
O bien:
Padre, te ruego por ellos, para que sean uno en nosotros y el mundo pueda creer que tú me has enviado, dice el Señor. Jn 17, 20-21

Oración después de la comunión

Que la víctima divina que te hemos ofrecido y que acabamos de recibir, nos vivifique, Señor, para que, unidos a ti con perpetuo amor, demos frutos que permanezcan para siempre. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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Meditación: 2 Reyes 4, 8-11. 14-16

En su discurso de despedida al final de su viaje a los Estados Unidos en septiembre de 2015, el Papa Francisco se dirigió con estas palabras a las personas que se habían reunido en el aeropuerto internacional de la ciudad de Filadelfia: “Sus atenciones conmigo y su generosa acogida son signo de su amor y fidelidad a Jesús.”

Esa frase suena como algo que el profeta Eliseo podría haberle dicho a la mujer del relato de la primera lectura de hoy. Ella y su esposo le hicieron una invitación abierta a Eliseo para que fuera a su casa siempre que estuviera en el pueblo. Incluso le ofrecieron una habitación acondicionada donde pudiera hospedarse cada vez que pasara por ahí.

Dar generosamente sin esperar recibir nada a cambio parecía ser la consigna de esta familia. Y sin embargo, a pesar de que ellos no lo esperaban, esta pareja ya mayor recibió un premio. Eliseo, que estaba sumamente agradecido por su hospitalidad, rezó y Dios les concedió un hijo.

Ahora, la Escritura es muy clara al decir que solamente Jesús puede salvarnos, no nuestras acciones, pero también aclara que Dios se regocija cuando ponemos el tiempo, los medios económicos y los talentos que tenemos al servicio de su pueblo. Nuestros actos de generosidad conmueven su corazón, y él responde colmándonos de su gracia.

¿Significa esto que debemos tratar de ser generosos para que Dios nos recompense? No precisamente. Damos lo que podemos como agradecimiento por la generosidad de Dios y salimos a buscar a otras personas porque queremos llevarles el amor de Cristo. Esta es la razón por la cual el Papa Francisco nos sigue animando a dar, buscar y demostrar el amor de Dios.

Hermano, te invito a que en este día reflexiones en cómo puedes dar más a los pobres, cómo puedes servir más en tu parroquia o comunidad, o ser un testigo más amable y bondadoso para las personas con quienes conversas o trabajas. Recuerda que el Señor se regocija en lo que sea que tú hagas por él.

“Señor Jesús, muéstrame cómo ser un testigo de tu amor generoso.”

Salmo 89 (88), 2-3. 16-19
Romanos 6, 3-4. 8-11
Mateo 10, 37-42

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