Catholic Meditations

Meditación: Juan 11, 19-27

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Santa Marta

Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro (Juan 11, 20)

Sin duda todos recordamos que Marta se preocupaba mucho de los quehaceres de la casa y hasta se molestaba con su hermana María porque ésta no le ayudaba. Si esto es todo lo que recordamos de Marta, la estamos subestimando. Más que nada, hay que recordar que Marta hizo una audaz profesión de fe (Juan 11, 27). ¡Una declaración como ésa exige decisión y coraje! Lázaro, su hermano, había muerto hacía cuatro días y su cuerpo ya se empezaba a descomponer; pero Marta creyó, sin siquiera entender lo que Jesús iba a hacer. Pese a que sus sentidos naturales le decían lo contrario, se dejó llevar por la fe para comprender lo sobrenatural. Es cierto que pudo haber tenido momentos de debilidad, pero ¡era una gran creyente!

El ejemplo de Marta demuestra que aquellas personas que tienen ocasiones de baja emocional o desánimo son capaces de hacer grandes actos de fe; ella nos enseña a no menospreciar la fe ni la gracia que todos recibimos en el Bautismo; es decir, nunca debemos darnos por vencidos, como el que razona: “Yo no soy San Pedro ni la Virgen María, así que es mejor que me limite a ir a Misa y me conforme con eso.”

Todos podemos tener una fe firme y audaz, que actúa por encima del razonamiento típico. A veces esta fe nace en casos de crisis, como el fallecimiento de un ser querido, porque nos lleva a sacar a la luz aquello de lo que realmente estamos convencidos. Pero también puede surgir en ocasiones ordinarias, en el quehacer cotidiano, porque siempre podemos actuar con fe y obediencia; hasta lo más pequeño, si lo hacemos con fe, es valioso para el Señor.

En efecto, no hay nada que no puedan hacer los fieles cuando ejercen su fe. Abre tu corazón y tu mente para recibir la gracia de Dios; dale la oportunidad de mostrarte su bondad y no creas que el Señor no puede hacer grandes cosas en ti y a través de ti. Cristo puede hacer que tú seas una columna firme y estable de fe.

“Sí, Señor, creo en ti y en tus promesas; por eso decido vivir para ti hoy y todos los días de mi vida. Concédeme la gracia, Señor, de caminar en la luz y experimentar muchos momentos luminosos de fe en el día de hoy.”

Jeremías 14, 17-22; Salmo 78, 8-9. 11. 13

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