Catholic Meditations

Meditación: Lucas 12, 35-38

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Sabiendo que pronto regresaría el patrón de su fiesta de bodas, los servidores se vistieron adecuadamente, prepararon la cena, limpiaron la residencia y encendieron las lámparas para que el dueño de casa y su flamante esposa llegaran fácilmente a la entrada, y se dispusieron a atenderlos.

Se hacía muy tarde y estaban agotados, pero ninguno de ellos se durmió ni dejó de cumplir su deber. ¡Finalmente escucharon los golpes en la puerta! Deseosos de atenderlos, abrieron de inmediato la puerta y les dieron la bienvenida. ¡Qué sorpresa se habrán llevado cuando vieron que su patrón, en lugar de exigirles servicio, los invitaba a sentarse a la mesa y él mismo se puso a servirles a ellos!

Qué privilegiados se habrán sentido estos servidores, porque su señor los trataba con amor y bondad. ¿No es acaso esta parábola una descripción de nuestra propia vida como servidores de nuestro Señor, Jesús? Él nos invita a servirle mientras nos preparamos para celebrar el día en que él se una en matrimonio con su flamante esposa, la Iglesia. Ese día participaremos de su gloriosa alegría.

Ahora bien, siendo siervos del Señor, ¿vamos a despreocuparnos de nuestro deber y dedicarnos a divertirnos en ausencia de nuestro Patrón, o vamos a velar con diligencia, listos a cumplir sus órdenes? Jesús está deseoso de premiar a los que hayan trabajado en su ausencia y estén despiertos y preparados cuando él regrese. Cristo es un Redentor bondadoso y un Protector como no hay otro. Siendo Rey, Jesús realizó el acto supremo de servicio a sus seguidores: entregó su vida en la cruz para que pudiéramos vivir unidos a él para siempre.

El día del regreso de nuestro Dueño y Señor será glorioso para cuantos creen en él y lo han buscado en la oración y en las Escrituras. En ese día, él reconocerá la dedicación con que hayamos trabajado para él y nos colmará de su amor. Allí abrazará a sus servidores fieles y les dirá: “Vengan a alegrarse conmigo, participen en mi banquete nupcial y compartan mi gozo. Siéntense y les lavaré los pies del polvo de las pruebas terrenales, del sufrimiento y de las dificultades; los ungiré con óleo fino y los vestiré con vestiduras celestiales.”

“Señor, ayúdanos a servirte fielmente para que en el último día recibamos el más excelente de los premios: el gozo supremo de tu presencia divina y majestuosa.”

Efesios 2, 12-22; Salmo 85, 9-14

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