Catholic Meditations

Meditación: Lucas 9, 46-50

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Santos Cosme y Damián

El que reciba a este niño en mi nombre, me recibe a mí. (Lucas 9, 48)

¿Qué significa ser grande en el Reino de Dios? Los discípulos más allegados a Jesús creían ser importantes porque eran parte del círculo íntimo de sus seguidores. Además, el Señor les había dado poder sobre los demonios y las enfermedades y para predicar el Evangelio. Por eso les parecía natural deducir que merecían un favor y una dignidad especiales en el Reino de Dios, pero tal conclusión los llevó a discutir cuál de ellos era el más importante.

Al parecer, no habían logrado asimilar lo que Jesús les acababa de anunciar: que él iba a ser traicionado y entregado a los hombres, pero que no ejercería su poder ni su autoridad para salvarse. En realidad, se entregaría hasta la muerte y pedía a sus discípulos que hicieran lo mismo. Jesús trataba de hacerles ver que la grandeza en el Reino de Dios no es algo que pertenezca a un grupo exclusivo, ni que se vea en demostraciones de poder o autoridad.

Cristo sabía que los discípulos no entendían correctamente, así que aprovechó la oportunidad para enseñarles. Les presentó a un niño, que en la antigüedad era considerado insignificante y de poco valor, y les enseñó los valores del Reino de Dios: no buscar la gloria y el poder mundanos, sino abrazar la humildad y el servicio y aceptar a todos, hasta al más humilde.

Ante tal enseñanza, Juan no supo si habían tratado correctamente o no a un exorcista que no era de su grupo. El Señor le aclaró que no debían restringir la acción de nadie que actuara en su nombre; por el contrario, los exhortó a dejar de lado el orgullo personal y reconocer que el poder de Dios puede manifestarse a través de cualquier persona que no se ponga en su contra.

¡Ciertamente debemos reconocer que el mensaje del Evangelio es una buena noticia! La grandeza en el Reino de los cielos es un regalo que Dios concede a quienes le sirven con fe, sinceridad y humildad, y no se obtiene rodeándose de gente de influencia, como lo hacen los que son del mundo, sino aceptando y haciendo la voluntad de Dios.

“Señor Jesús, enséñanos a ser verdaderamente humildes. Ayúdanos, Señor, a no buscar grandeza ni importancia en este mundo, sino más bien a servir a todos con amor y humildad.”

Job 1, 6-22
Salmo 17(16), 1-3. 6-7

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