Catholic Meditations

Meditación: Mateo 20, 20-28

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Santiago, Apóstol

El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el que los sirva (Mateo 20, 26)

El Apóstol Santiago, cuya fiesta celebramos hoy, fue hermano de Juan e hijo de Zebedeo. Cuando remendaba redes a orillas del Mar de Galilea, Jesús lo llamó y él respondió siguiéndolo. Santiago tuvo el privilegio de estar presente con Pedro y Juan cuando Jesús resucitó a la hija de Jairo (Marcos 5, 37-43), cuando se transfiguró (Mateo 17, 1-8), y cuando padeció en Getsemaní (Mateo 26, 37).

La madre de Santiago y Juan le pidió al Señor que situara a sus hijos en lugares muy elevados en su Reino (Mateo 20, 21), porque ella, al igual que sus hijos y los demás apóstoles, seguían considerando a Jesús como un rey terrenal y entendían que su promesa de que ellos se sentarían en “doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel” se refería a un reino del mundo. Ella quería lo mejor para sus hijos y, a pesar de que se equivocaba en lo que pedía, en algún momento seguramente había entendido la verdad de la misión de Jesús, ya que ella fue una de las santas mujeres que llegaron al pie de la cruz (Mateo 27, 55-56).

Quizás juzgamos duramente esta falta de comprensión de la misión de Cristo y el egoísmo de lo que le pidieron (con lo cual seguramente Santiago y su hermano estaban de acuerdo). ¿No habían oído acaso la advertencia de Jesús, de que: “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos” (Marcos 9, 35)? Pero, ¿comprendemos nosotros mismos la esencia de la misión de Cristo?

Seguir a Jesús significa adoptar una vida de completa dedicación a él y de servicio a su Cuerpo, la Iglesia. Por el poder del Espíritu Santo que vive en nosotros, podemos entender el costo que significa ser discípulos de Jesús: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir” (Mateo 20, 28). Quizás no se nos pida el martirio, pero sí que le entreguemos al Señor nuestras ambiciones personales y sueños mundanos, a fin de edificar su Reino. ¿Estás dispuesto a darle tu vida a Cristo para cumplir su voluntad?

“Señor Jesús, dame un corazón de servidor y enséñame, por la acción del Espíritu Santo, lo que significa servirte a ti. Aumenta, te ruego, mi deseo y mi capacidad para seguir tu ejemplo de servicio desinteresado para la edificación del Reino de Dios.”

2 Corintios 4, 7-15; Salmo 125, 1-6

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