Catholic Meditations

Meditación: Mateo 22, 1-14

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San Pio X, papa

La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. (Mateo 22, 8)

Por su gran misericordia, Dios ha invitado a todos los pueblos al banquete divino de las bodas de su Hijo con la Iglesia, pero como en todo banquete, hay que estar bien preparado. ¿Qué significa prepararse para la fiesta de bodas que habrá al final de los tiempos? ¿Qué tipo de “traje de bodas” hemos de llevar cuando llegue el Reino de Dios en toda su plenitud?

Antes que nada, tenemos que responder positivamente a la invitación de Jesús. No te equivoques, querido hermano: ¡Tu Padre celestial te ama sin medida y quiere que seas su invitado especial en el banquete final! Dios anhela que todos se salven y lleguen al conocimiento salvífico de su Hijo (1 Timoteo 2,4). Cuando el Espíritu Santo se mueva en tu corazón, especialmente al comienzo de tu caminar con Cristo, ¡dale la bienvenida! No permitas que ninguna distracción ni atractivo del mundo te impida responder a la gracia de la llamada de Dios. ¡Deja de lado cualquier cosa que te pida atención y entra al banquete de inmediato!

Pero cerciórate de estar bien vestido para la ocasión. No seas como el hombre que respondió a la invitación, pero no llevaba una vestimenta adecuada, es decir, no se dedicó a seguir a Jesús día tras día. Mantente revestido de la sangre del Cordero; acércate a Jesús cada día en la oración y en la meditación de su Palabra y pídele al Espíritu Santo que te ayude a examinar tus pensamientos y acciones en tu oración diaria.

El Espíritu Santo te está esperando todos los días para llenarte de su amor y su gracia hasta el día final, cuando tomes tu lugar en la mesa del banquete con Jesús. Cada día, el Padre te está invitando a que acudas al banquete de bodas de su Hijo. ¡Ahora mismo, ya hay santos que están con él en el banquete, y allí hay un lugar especial reservado para ti! ¡Qué espléndido festín va a ser ése! Ese día, verás al Señor tal como es y estarás con él para siempre en un agasajo glorioso. ¡Responde ahora mismo! ¡Y no te olvides de vestirte adecuadamente para el banquete!

“Ven, Señor Jesús; ven y lleva a tu flamante esposa al banquete celestial de bodas. Espíritu Santo, haznos puros e irreprochables delante de Dios. ¡Ayúdanos, Señor, a estar bien preparados para el banquete!”

Ezequiel 36, 23-28; Salmo 50, 12-15. 18-19

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