Catholic Meditations

Meditación: Mateo 18, 1-5. 10

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Los Santos Ángeles Custodios

Sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre. (Mateo 18, 10)

Hoy honramos a nuestros ángeles custodios, o de la guarda, aquellos seres espirituales que constantemente contemplan al Señor en adoración y se mantienen vigilantes para cuidarnos.

En una meditación sobre los ángeles guardianes, San Juan XXIII escribió: “Nuestro Padre en el cielo ha ordenado a sus ángeles que nos socorran durante nuestro viaje terrenal… de modo que, protegidos y amparados por los ángeles, evitemos las trampas que haya por el camino, dominemos nuestras pasiones y… sigamos siempre el camino directo y seguro que lleva al Paraíso.” ¡Qué hermosa descripción de la misión de estos ángeles!

Cuando hablamos de los ángeles de la guarda, comúnmente pensamos en los cuentos infantiles a la hora de dormir; pero en realidad esta enseñanza es realmente impresionante: ¡Dios nos ama tanto a cada uno de nosotros, niños y adultos, que nos ha dado nuestro propio ángel para cuidarnos día y noche! Día a día, sea lo que sea que hagamos, nuestro ángel está allí rezando por nosotros, comunicándonos mensajes de esperanza y ánimo e instándonos a permanecer cerca del Señor. Incluso en los peores momentos o de pecado más grave, nuestro ángel de la guarda nunca nos abandona. ¡Y tampoco debemos hacerlo nosotros!

Por eso es bueno recordar las bendiciones que el Señor nos ha dado —como la de nuestro ángel custodio— porque todas ellas actúan en conjunto para hacernos confiar más en Dios y no dudar cuando algo no resulte como esperamos; así podemos vivir “como los niños” (Mateo 18, 3), es decir, confiando en la protección del Señor, buscando su voluntad y dándole gracias por su misericordia.

En su oración de hoy, recuerde las innumerables bendiciones que Dios le ha dado en su vida y aquellas ocasiones concretas en las que sin duda usted ha experimentado la protección y la ayuda del Señor. Pero también tenga presente, quizá haciendo una lista, las verdades de nuestra fe que describen claramente el gran amor que Dios les tiene a todos sus hijos, ¡incluido usted! Luego, eleve su mente y su corazón hacia el cielo en oración, alabe al Señor por su majestad y adórelo en su interior.

“Gracias, Padre, por enviar a un ángel guardián a protegerme y guiarme, y para que me ayude a unir mi voz a la de todos los ángeles que siempre cantan tus alabanzas.”

Job 19, 21-27; Salmo 27, 7-9. 13-14

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