Catholic Meditations

Meditación: Mateo 20, 1-16

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XXV Domingo del tiempo Ordinario

¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? (Mateo 20, 13)

Trabajar todo el día y ganar lo mismo que otro que trabajó sólo una hora sería una clara injusticia. Si entendemos esta parábola desde el punto de vista humano, sin duda solidarizamos con los que trabajaron más, pues eso sería lo justo y correcto. Los primeros comenzaron a trabajar cerca de las 6 de la mañana y durante casi doce horas laboraron bajo el sol ardiente para ganar el jornal de todo un día, mientras los últimos trabajaron apenas una hora y recibieron el mismo salario.

Pero la aparente injusticia de esta parábola no es tal, puesto que en realidad no se refiere a horas y salarios, sino a la generosidad de nuestro Padre Dios. Ninguno de nosotros merece nada de Dios, ni jamás podría exigirle nada. Todo lo que tenemos, incluso la vida misma, es un don gratuito e inmerecido que hemos recibido por la pura gracia de Dios. ¡Trabajar en la viña del Señor no es una carga sino un gran privilegio, porque la paga (o el premio) que recibimos es mucho más de lo que le damos! Si le hemos respondido al Señor temprano en la vida, no es que seamos víctimas sino más bien beneficiarios, y si le respondemos al atardecer (es decir, en edad avanzada), ¡también somos favorecidos!

Santa Teresa de Ávila lo expresó de este modo: “Hemos de olvidar el número de años que le hemos servido porque la suma total de todo lo que podamos hacer no tiene absolutamente ningún valor si lo comparamos con una sola gota de la sangre que el Señor derramó por nosotros… Mientras más le servimos, más nos endeudamos con él” (Libro de la Vida, 39).

Jesús contó la parábola de los viñadores cuando se dirigía a Jerusalén, donde sería crucificado, moriría y resucitaría para traer la salvación y transformar el mundo. Si seguimos fielmente a Jesús, también tendremos el privilegio de servirle sin reservas en su viña.

“Jesús, Señor nuestro, inflama nuestro corazón con el deseo de servirte devotamente en tu viña, y líbranos del error de compararnos con otros que tú también has llamado.”

Isaías 55, 6-9
Salmo 145(144), 2-3. 8-9. 17-18
Filipenses 1, 20-24. 27

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