Catholic Meditations

Meditación: Marcos 11, 27-33

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“¿Con qué autoridad haces esto?” (Marcos 11, 33)

¿Cómo reaccionas tú cuando alguien te regaña o te llama la atención por algo incorrecto que hiciste? Lo más común es reaccionar con cólera, negarlo todo o tratar de disculparse de alguna manera. Pero la mejor respuesta es también la más difícil: es decir, aceptar la reprensión y reconocer el error; admitir que tenemos que cambiar o pedir perdón, lo cual no siempre es fácil.

Justo antes del pasaje del Evangelio de hoy, Jesús había volcado las mesas de los cambistas en el templo. Ahora algunos jefes religiosos vienen airados a cuestionar a Jesús, como diciéndole: “¿Quién te crees tú que eres?” Y cuando el Señor no se deja intimidar y más bien les echa en cara la hipocresía con que ellos trataron a Juan Bautista, no saben qué responder y se retiran.

En el caso nuestro, la gente critica nuestros errores por diversos motivos. Algunos quieren ayudarnos a mejorar y lo hacen por cariño; otros actúan por celos, falta de confianza en sí mismos o frustración. Para muchos, las razones son mezcladas. Pero cuando Jesús nos hace ver nuestras faltas, siempre lo hace con una sola motivación: el amor. Lo que más le interesa es nuestro crecimiento espiritual, nuestro bien y por eso nos interpela, nos pregunta y nos anima, a fin de fortalecer y consolidar nuestra amistad con él y también con nuestros semejantes. El Señor siempre quiere darnos la posibilidad de crecer.

Los jefes religiosos del templo se perdieron esa oportunidad. Se vieron enredados en un conflicto y una pugna de autoridad y no dejaron que las palabras de Cristo les hablaran al corazón. Y como ellos le rechazaron, Jesús no insistió, como tampoco lo hace con nosotros. El Señor nunca nos cambia sin buscar nuestra cooperación voluntaria.

Entonces, ¿qué podemos hacer para no perdernos las oportunidades de crecer? En primer lugar, estar atentos a la voz del Señor durante el día: en la oración, en las palabras de un amigo, en la propia conciencia, o en cualquier circunstancia. En segundo lugar, cuando lo que escuches sea difícil de aceptar o incluso ofensivo, no cierres los oídos ni la mente. Decide aprovechar todo para crecer y pídele ayuda al Señor.

“Señor Jesús, tú que me conoces mejor que yo, abre mi entendimiento y mi corazón para reconocer tus palabras sabias y amorosas, tanto las de ánimo como las de corrección. Gracias, Señor.”

Judas 17. 20-25
Salmo 63(62), 2-6

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