Catholic Meditations

Meditación: Mateo 10, 26-33

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XII Domingo del Tiempo Ordinario

La verdad suele provocar oposición y hostilidad. Si bien sabemos que no hemos de sorprendernos por tales reacciones, nos cuesta enfrentar esas reacciones. ¡Nadie quiere ser objeto de ridículo o rechazo! Pero Cristo prometió que él siempre estaría con nosotros y nos daría el valor y la fortaleza necesarias.

En el profeta Jeremías vemos un claro ejemplo de este conflicto. Era tímido y se sintió totalmente incapaz de cumplir la importante misión que Dios le encomendaba. Sin embargo, pese a sus reiteradas evasivas, finalmente aceptó el llamamiento de Dios, llegando a ser un extraordinario profeta.

En algunos países, los fieles cristianos son objeto de rechazo y discriminación; en otros incluso sufren persecución, tortura y muerte, o se ven obligados a abandonar su patria. Sin embargo, la promesa del Señor es inquebrantable y él auxiliará a cuantos le sirven: “Pero tú, Señor, estás conmigo como un guerrero invencible; los que me persiguen caerán, y no podrán vencerme” (Jeremías 20, 11).

Si queremos dar buen testimonio de nuestra fe, debemos llevar en el corazón el temor de Dios, no el miedo a las personas. ¿Qué es el temor de Dios? Es la conciencia clara de la majestad suprema de Dios, su santidad absoluta y su infinito poder. También es el amor de Dios, que al derramarse en nuestro corazón echa fuera todo temor; es reconocer que somos tan valiosos para él que todos los cabellos de nuestra cabeza están contados y que estamos siempre bajo su protección (Mateo 10, 30-31). Quien teme al Señor ansía servirlo y amarlo por sobre todas las cosas.

A medida que estas realidades de fe echan raíces profundas en nuestra conciencia, no tenemos por qué temer a los que hacen daño físico, pero que no pueden siquiera tocar la parte más recóndita de nuestro ser: allí donde tenemos comunión con Dios. Actuemos, pues, con confianza y valentía en cualquier circunstancia que debamos enfrentar cada día.

“Amado Señor y Salvador mío, infunde en mí tu espíritu de fortaleza para que yo no flaquee cuando me toque enfrentar la persecución o el ridículo por mi fe.”

Jeremías 20, 10-13
Salmo 69(68), 8-10. 14. 17. 33-35
Romanos 5, 12-15

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