Catholic Meditations

Meditación: Lucas 24, 35-48

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Tercer Domingo de Pascua

Todo lo que había sucedido era extraordinario. El Maestro, a quien los discípulos habían seguido durante tres años, con quien habían recorrido toda Palestina y a quien habían visto morir en la cruz, se presentaba ahora ante ellos y les decía que Dios lo había resucitado de entre los muertos. ¡Era como para que la vida les cambiara por completo! ¿Acaso se quedaría indiferente usted si hubiera presenciado lo mismo?

Para que los discípulos estuvieran seguros de que su muerte no había sido accidental, Jesús les abrió el entendimiento para que comprendieran que en él se cumplía todo lo que decían las escrituras hebreas sobre el Mesías. En efecto, de principio a fin, Jesucristo es el cumplimiento de todo lo que Dios anunció y prometió. Durante toda la historia, el Todopoderoso fue preparando meticulosamente el momento en que su Hijo vendría a la tierra a merecernos el perdón de nuestros pecados. Cada suceso, cada promesa profética, cada oración y cada comentario de sabiduría que aparece en la Escritura es parte de un hermoso mosaico que revela otro aspecto de Jesús y del gran amor que le tiene a su pueblo.

Además, Cristo no sólo ascendió al cielo para permanecer oculto a nuestros ojos hasta su Segunda Venida; hoy está resucitado en gloria para compartir con sus fieles la esperanza y el gozo de su resurrección. En efecto, el Señor desea que todos recibamos su vida divina y experimentemos la victoria sobre el pecado y la muerte.

Así como el Señor abrió la mente de los discípulos para que lo reconocieran en la Escritura, también desea hacer lo mismo con nosotros, porque leyendo sus palabras y meditándolas en el corazón podemos efectivamente experimentar su amor y su presencia. Dios quiere que sepamos que siempre tuvo el deseo de entregar a su Hijo único para que nos reconciliásemos con el Padre y tuviésemos parte en su vida divina.

“Padre celestial, llena mi corazón de gratitud por la vida nueva que me ofreces y abre mis ojos para ver lo maravilloso que es el plan que tienes para tus fieles, ese plan que nos has revelado en las palabras de la Sagrada Escritura.”

Hechos 3, 13-15. 17-19; Salmo 4, 2. 4. 7-9; 1 Juan 2, 1-5

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