Catholic Meditations

Meditación: Marcos 10,13-16

Lectura correspondiente

Herramientas

San Beda el Venerable

“Papá, se me rompió el trencito. ¡Arréglalo, por favor!” “Mamá, me caí de la bicicleta y me herí la rodilla.” Los niños entienden la vida de esta forma. Los padres son su seguridad, su tranquilidad y su consuelo. Esperan que los atiendan en sus necesidades y no dudan de moverse libre y confiadamente dentro del círculo de amor y protección que sus padres han creado en el hogar para ellos.

Recibir el Reino de Dios es algo similar a esto. Nuestro Padre celestial nos ha colocado en el mundo que Él creó con toda su bondad, y cuando invocamos su Nombre, nos escucha porque desea atender a nuestras necesidades. Esta es una de las verdades más importantes que nos enseñó Jesús. En efecto, todo lo que hizo Cristo fue una lección acerca del amor de Dios. Más que nada, quería que supiéramos que podemos tener una seguridad total cuando estamos bajo el cuidado de nuestro Padre. En la breve lectura de hoy, sobre la bendición de los niños, el Señor nos enseña cómo hemos de acercarnos al Reino de Dios para aceptar su amor: “como niños pequeños”.

Los discípulos aún no lo entendían y trataban de impedir que la gente trajera a sus pequeños a Jesús. Posiblemente querían ahorrarle tiempo y energía al Señor para lo que consideraban más importante, como curar a los enfermos, enfrentar a los fariseos o pasar más tiempo con ellos mismos. ¡A veces nosotros, igual que los discípulos, tampoco entendemos qué es lo importante para Dios! Por eso es esencial rezar constantemente y pedirle al Señor que renueve nuestra forma de pensar y nos ayude a entender sus palabras y seguir su ejemplo.

Jesús quiere tener una comunión personal con cada uno de sus fieles. No hay nadie que sea demasiado pequeño o insignificante para Él, y en realidad a todos nos quiere enseñar a reconocer el amor de su Padre. Este es el sentido del Reino. Los discípulos creían que los niños les estorbaban para realizar cosas mayores; pero Jesús los corrigió diciéndoles: “Dejen que los niños vengan a mí.” Hermano, acude libremente hoy a la presencia de tu Padre, en la oración, confiado en que te recibirá con alegría; si lo haces, pronto llegarás a ser tan compasivo con los demás como Él lo es contigo.

“Padre celestial, te amo de todo corazón y quiero acercarme más a Ti cada día. Guárdame en el refugio de tu presencia y enséñame a ser como un niño pequeño en tu Reino.”

Eclesiástico 17,1-15; Salmo 103,13-18

Comentarios