Catholic Meditations

Meditación: Lucas 21, 5-11

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Santa Catalina de Alejandría

Cuídense de que nadie los engañe. (Lucas 21, 8)

La vida en las grandes ciudades es sumamente ajetreada. Pareciera que todo el mundo anda de prisa, como corriendo de un lado a otro, y casi no queda tiempo para reflexionar sobre el futuro de la vida.

¿Cuántas veces pensamos en los tiempos del fin? ¿Deseamos que Jesús venga de nuevo a completar el plan del Padre? En realidad, es fácil perder de vista el panorama completo del plan de Dios. Son tantas las ocupaciones diarias, el trabajo y la familia, que solemos olvidar que un día Jesús regresará con demostración de su esplendorosa gloria celestial. ¡Esperemos, pues, con entusiasmo y alegría el retorno del Señor siendo fieles a él cada día!

La predicción de los tiempos finales que leemos hoy tiene por lo menos dos niveles de significado. En el primero, Cristo profetizaba que los romanos destruirían Jerusalén y el templo, cosa que ocurrió en el año 70 d.C. Es una profecía similar a la de Jeremías, que anunciaba la destrucción del templo de Salomón por la infidelidad del pueblo (Jeremías 7), hecho que sucedió en el año 586 a.C.

En otro nivel, el Señor hablaba del fin del mundo: “Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”. Cristo no respondió a la pregunta de cuándo sucedería el fin, pero dijo que primero habría guerras y catástrofes. Tampoco nadie sabe el tiempo ni la hora, ni se pueden evitar los acontecimientos que ocurrirán antes, porque son parte de los planes de Dios.

Lo que sí podemos hacer es permanecer fieles a Jesús. Si mantenemos una fe inquebrantable, las palabras del Señor están llenas de esperanza. Es así porque sabemos que el regreso de Cristo y los hechos que lo precederán son parte de los eternos designios de Dios. Los que acepten a Jesús y crean en él experimentarán la vida eterna, una vida de plenitud y gozo, muy superior a todo lo que podamos experimentar o imaginar en esta existencia terrenal. Para los infieles, lamentablemente, estas palabras son augurio de juicio y dolores.

“Padre celestial, confiamos que Jesús vendrá de nuevo en toda su gloria. Derrama tu gracia sobre todo el mundo, para que toda persona esté preparada para darle la bienvenida a nuestro Rey cuando regrese en gloria. ¡Ven, Señor Jesús!”

Apocalipsis 14, 14-19; Salmo 95, 10-13

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