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Lecturas de la Misa, 14 de agosto de 2022 Encuentre Meditación por Fecha

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XX Domingo del Tiempo Ordinario

Antífona de entrada

Dios, protector nuestro, mira el rostro de tu Ungido. Un solo día en tu casa es más valioso, que mil días en cualquier otra parte. Sal 84 (83), 10-11

Gloria

(Cuando se requiera, este himno puede recitarse o cantarse:)

Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz...

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Daily Meditación: Lucas 12, 49-53

¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? (Lucas 12, 51)

¿No anunció el profeta Isaías al “Príncipe de la paz” (Isaías 9, 5)? ¿No cantaron los ángeles “paz en la tierra” en la noche en que Jesús nació (Lucas 2, 14)? ¡Desde luego que él vino a traer paz a la tierra!

Eso puede ser verdad, pero al mismo tiempo, el anciano Simeón profetizó que Jesús sería “una señal que muchos rechazarán” (Lucas 2, 34). Es más, toda la vida pública de Jesús parecía estar marcada por la división y la controversia. Los fariseos y los saduceos discutían por su causa. El sanedrín no podía llegar a un acuerdo, incluso uno de sus seguidores más cercanos lo traicionó.

Entonces, ¿Jesús es una fuente de paz o de división?

Jesús sabe que no todos aceptarán su mensaje y la paz que conlleva. También sabe que las divisiones surgirán a causa de esto. A gran escala, hemos visto esto en conflictos religiosos alrededor del mundo. Y en una escala más íntima, lo vemos en muchas familias. Por un lado están aquellos que han aceptado a Jesús y las bendiciones de su salvación. Por otro, están aquellos que aún no aceptan la salvación y la esperanza que Jesús ofrece. A veces, las diferencias pueden ser tan fuertes como para provocar conflicto y separación.

Las divisiones pueden ser inevitables, pero no tienen que ser permanentes. Y esto te concierne a ti. ¿Cómo vas a reaccionar cuando estas divisiones se manifiesten en tu casa? ¿Con compasión, oración y comprensión? ¿O a la defensiva, con discusiones y condena?

Jesús es el Príncipe de la paz debido a que vino a traer paz a nuestro corazón dividido. Y mientras nuestro propio corazón se cura, aprendemos a amar como él ama y a perdonar como él perdona. Solamente el amor y la misericordia de Jesús pueden producir unidad.

Tú puedes hacer la diferencia. Al permanecer cerca de Jesús, que es tu paz, puedes ser una fuerza de reconciliación. ¡Nunca subestimes el impacto que tú puedes tener en las demás personas!

“Señor, hazme un instrumento de tu paz.”

Jeremías 38, 4-6. 8-10
Salmo 40 (39), 2. 3. 4. 18
Hebreos 12, 1-4

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