La Palabra Entre Nosotros (en-US)

Lecturas de la Misa, 11 de mayo de 2021 Encuentre Meditación por Fecha

Durante los últimos 9 meses, la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos (USCCB) gentilmente nos permitió proveer el acceso a las lecturas de la Misa diaria sin ningún costo. Desafortunadamente ya no se nos permite publicar más las lecturas de la Misa diaria sin una suscripción. Las lecturas están disponibles en el sitio web usccb.org

VI Semana de Pascua

Antífona de entrada

Alegrémonos, regocijémonos y demos gracias, porque el Señor, nuestro Dios omnipotente, ha empezado a reinar. Aleluya. Ap 19, 7. 6

Oración colecta

Dios omnipotente y misericordioso, concédenos poder alcanzar una verdadera participación en la resurrección de Jesucristo, tu Hijo. Él,...

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Daily Meditation: Hechos 16, 22-34

De pronto sobrevino un temblor... violento. (Hechos 16, 26)

Cuando sobrevino el temblor y sus cadenas se soltaron, Pablo y Silas estaban cantando y alabando a Dios. ¿Por qué, después de haber sido desnudados y golpeados, elevarían sus voces en alabanza? Porque sabían que él merecía ser alabado sin importar la situación en la que ellos se encontraran.

Pareciera que el terremoto fue un efecto de la alabanza que Pablo y Silas elevaron a Dios, y tal vez sí lo fue. Pero sus rezos e himnos tenían efectos más profundos y trascendentales para ellos mismos y para los que estaban a su alrededor. Para Pablo y Silas, entonar himnos los ayudaba a mantenerse concentrados en Dios y en su bondad. Les recordaba todas las bendiciones que habían recibido de su mano y la gratitud que se cultivaba en su corazón les ayudaba a ver su difícil situación a través de los ojos de la fe. Pero los efectos iban todavía más allá.

Al escuchar estas palabras de alabanza y acción de gracias de dos hombres maltratados y golpeados, el carcelero y otros prisioneros fueron capaces de ver la bondad de Dios en acción. Se les conmovió el corazón y decidieron buscar a Dios ellos mismos. Estaban sorprendidos por la forma en que su fe los sostenía en medio de aquel terrorífico terremoto y cómo eso les impidió escaparse de inmediato una vez que las cadenas se rompieron y las puertas de la prisión se abrieron. El carcelero se impactó tan profundamente que no solo pidió ser bautizado, sino que cuidó de los prisioneros curando sus heridas y ofreciéndoles una comida en el medio de la noche.

Esto demuestra que siempre es el momento adecuado para alabar a Dios. A veces, al igual que San Pablo y Silas, vemos los efectos prácticos de nuestra oración. Mientras vamos desarrollando el hábito de alabar a Dios independientemente de nuestras circunstancias, nuestros pensamientos se unen con los suyos. Así aprenderemos a mantenernos centrados en lo que es verdad respecto a Dios, y no solo en lo que nos está sucediendo en ese momento de la vida. También puede impactar a otras personas a nuestro alrededor y abrir nuestros ojos a la realidad del amor y la provisión de Dios.

Por esta razón, siempre es una buena idea alabar a Dios en todas las circunstancias.

“Señor Jesús, tú eres digno de toda alabanza. Te ruego que me ayudes a alabarte en todo momento."

Salmo 138 (137), 1-3. 7-8
Juan 16, 5-11

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