La Palabra Entre Nosotros

Meditación diaria para hoy agosto 2, 2020

Meditación: Mateo 14, 13-21

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XVIII Domingo del Tiempo Ordinario

XVIII Domingo del Tiempo Ordinario

Antífona de entrada

Dios mío, ven en mi ayuda; Señor, date prisa en socorrerme. Tú eres mi auxilio y mi liberación; Señor, no tardes. Sal 70 (69), 2. 6

Gloria

(Cuando se requiera, este himno puede recitarse o cantarse:)

Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres
que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria
te alabamos, te bendecimos,
te adoramos, te glorificamos,
te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor, Hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero de Dios,
Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor,
sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo
en la gloria de Dios Padre.

Amén.

Oración colecta

Ayuda, Señor, a tus siervos, que imploran tu continua benevolencia, y ya que se glorían de tenerte como su creador y su guía, renueva en ellos tu obra creadora y consérvales los dones de tu redención. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Isaías 55, 1-3

Esto dice el Señor:
“Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua;
y los que no tienen dinero,
vengan, tomen trigo y coman;
tomen vino y leche sin pagar.
¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan
y el salario, en lo que no alimenta?
Escúchenme atentos y comerán bien,
saborearán platillos sustanciosos.
Préstenme atención, vengan a mí,
escúchenme y vivirán.
Sellaré con ustedes una alianza perpetua,
cumpliré las promesas que hice a David”.

Salmo 144

R. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R.
Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das las comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente. R.
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R.

Romanos 8, 35. 37-39

Hermanos: ¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada?

Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado; pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este mundo, ni lo alto ni lo bajo, ni creatura alguna podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios. Mt 4, 4
Aleluya, aleluya.

Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.

Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer”. Pero Jesús les replicó: “No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer”. Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. Él les dijo: “Tráiganmelos”.

Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.

Profesión de fe

Credo Niceno
Creo en un solo Dios,
Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato,
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia,
que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén.

Oración sobre las ofrendas

Santifica, Señor, por tu piedad, estos dones y al recibir en oblación este sacrificio espiritual, conviértenos para ti en una perenne ofrenda. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Antífona de la comunión

Nos has enviado, Señor, pan del cielo, que encierra en sí toda delicia, y satisface todos los gustos. Sab 16, 20
O bien:
Yo soy el pan de vida, dice el Señor. Quien venga a mí no tendrá hambre, y quien crea en mí no tendrá sed. Jn 6, 35

Oración después de la comunión

Acompaña, Señor, con tu permanente auxilio, a quienes renuevas con el don celestial, y a quienes no dejas de proteger, concédeles ser cada vez más dignos de la eterna redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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Meditación: Mateo 14, 13-21

Vivimos bajo una magnífica economía: el plan de Dios.

Aun cuando los sistemas de mercado del mundo se disparan y se desploman, la economía de Dios permanece estable porque está fundada en su palabra. Su economía incluye la salvación de todos los que creen, el Espíritu Santo que mora en nosotros, el perdón de nuestros pecados y la esperanza del cielo, donde todo el dolor, sufrimiento y tristeza desaparecerán. Esta es una verdadera economía muy deseable.

El Evangelio de hoy demuestra que nuestro Padre celestial tiene posesiones ilimitadas, y está dispuesto a compartir sus riquezas con todos nosotros. Aquellos a quienes el Señor Jesús alimentó con cinco panes y dos peces eran gente ordinaria, sin privilegios. No eran reyes ni reinas, tampoco eran celebridades ni campeones deportivos. Posiblemente ni siquiera tenían buena educación. Pero eso no importaba. Dios estaba dispuesto a compartir con ellos sus mejores bendiciones, simplemente porque habían pasado tiempo con el Señor, haciendo lo mejor posible por comprender su mensaje de salvación. Ellos no hicieron nada para ganarse este milagro, y probablemente muchos se fueron ese día pensando más en la comida que recibieron que en las palabras del Señor; pero eso no importaba. El pueblo de Dios tenía una necesidad, y él les dio lo que necesitaban.

Saber que tenemos un Dios tan generoso nos hace más humildes, y es sorprendente que Dios, que es tan magnánimo, haya hecho con nosotros una alianza basada en promesas para el futuro (Hebreos 8, 10. 12), nos “enseñará y guiará, perdonará y proveerá” aquello que necesitamos. Como alimentó a la multitud en el Evangelio de hoy, el Padre proveerá para nuestras necesidades (Mateo 14, 20-21).

Todos hemos recibido grandes promesas de parte de Dios. ¿Las estás disfrutando o aún sigues esperando y esperando, pero sin recibir plenamente? En este día te invito a decirle al Señor que quieres vivir en la economía que él te ha concedido.

“Padre, ayúdame a confiar en tus promesas en todas las circunstancias que me toque enfrentar.”

Isaías 55, 1-3
Salmo 145 (144), 8-9. 15-18
Romanos 8, 35. 37-39

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