La Palabra Entre Nosotros (en-US)

Feb/Mar 2011 Edición

Carta del Editor

Edición Febrero/Marzo 2011

Carta del Editor: Edición Febrero/Marzo 2011

Queridos hermanos en Cristo:

Mi Mesposa y yo conversábamos ayer con un sacerdote de nuestra parroquia sobre el tema de la libertad cristiana, tema por cierto complejo, pero muy esencial para entender que cada uno finalmente tendrá que responder ante Dios de sus actos y decisiones.

Lamentablemente, la sociedad actual, arrastrada por el espíritu del mundo, ha retorcido y tergiversado el significadodelapalabralibertad,como también la palabra “amor”, al punto de que ahora se usa para expresar ideas diversas y hasta contradictorias, llegando incluso a fomentarse el libertinaje y la inmoralidad.

¿Qué es la libertad? El Catecismo de la Iglesia Católica dice: “La libertad implica la posibilidad de elegir entre el bien y el mal, y por tanto, de crecer en perfección o de flaquear y pecar. No hay verdadera libertad sino en el servicio del bien y de la justicia.

La elección de la desobediencia y del mal es un abuso de la libertad y conduce a la ‘esclavitud del pecado’” (1732, 1733).

Los cristianos estamos, pues, llamados a ejercer la libertad para orientar nuestra vida hacia Dios, hacia la salvación y hacia la santificación de nuestra alma; por eso, la Iglesia sabiamente nos llama, especialmente en Cuaresma, a tomar la decisión libre de profundizar la conversión y la renovación de nuestra fe.

La Cuaresma y el ayuno. Pensando en esto, hemos querido centrar la atención en la antigua práctica del ayuno, como fórmula para fortalecer el espíritu y tratar de dominar los impulsos naturales del cuerpo.

Para esto tomamos la primera lectura de la Misa del Miércoles de Ceniza, en la cual el Señor nos llama a proclamar penitencia y sacrificio, especialmente ayuno, oración y limosna. ¿Con qué objetivo? Con el de preparar el corazón y la mente para renovar nuestra vida espiritual, volvernos a encontrar con Cristo en el Triduo Pascual y renovar la alianza con Dios que Jesús hizo posible mediante su muerte y su resurrección para todo el que quiera aceptarla.

Al comenzar la temporada de Cuaresma queremos instar a nuestros lectores a que también “proclamen ayuno” en sus hogares (tal vez de alimento, televisión, alcohol, internet, crítica, mal genio o cualquiera otra forma de ayuno que decidan hacer), y no dejen de hacerlo junto con la oración, el arrepentimiento y la Sagrada Eucaristía. Hagan lo posible por vivir auténticamente su ayuno, y dejen el resto en manos del Señor. Jesús ve lo que hacemos

cuando ayunamos, sabe lo mucho que queremos unirnos a Él y ve los obstáculos que encontramos. Él nos ayudará. Que Dios los bendiga y que todos tengan una Cuaresma fructífera y llena de bendiciones.

Luis Quesada, Editor | Escriba una correo al Editor

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