La Palabra Entre Nosotros (en-US)

Adviento 2020 Edición

Atención solidaria, una fuente de esperanza

El ministerio de los Women’s Care Centers

Por: Hallie Riedel

Atención solidaria, una fuente de esperanza: El ministerio de los Women’s Care Centers by Hallie Riedel

Parecía que en todo le iba bien a Sara. Había crecido en una familia muy unida y dedicada al trabajo honrado. Fue muy aplicada en el estudio y obtenía las más altas calificaciones, aparte de ser la jugadora estrella en el equipo de fútbol de su escuela secundaria. Este arduo trabajo la hizo merecedora de una beca completa para jugar fútbol en la universidad, tanto así que su futuro parecía muy prometedor y ella pensaba que las posibilidades que tenía para su vida eran ilimitadas.

Pero, Sara encontró un tropiezo. Se enteró de que estaba embarazada, y le pareció que su mundo se iba a desmoronar. ¿Cómo iba a terminar la universidad? ¿Cómo iba pasar los exámenes finales con náuseas matinales? ¿Cómo iba seguir jugando fútbol? Pero lo más importante era… ¿perdería su beca? Le parecía como si se estuviera ahogando en un mar de imposibilidades que se arremolinaban a su alrededor. No sabía qué hacer ni a dónde ir y le pareció que su única opción era terminar el embarazo. Fue entonces cuando una amiga le habló del Women’s Care Center (Centro de Atención de la Mujer) que había cerca de la universidad y le aconsejó ver el sitio web. Nerviosa y sin saber qué esperar, Sara fue a hacerse una prueba gratis de embarazo para confirmar la condición, sabiendo que el resultado le cambiaría la vida.

La atención solidaria. El primer Centro de Atención de la Mujer de los Estados Unidos abrió sus puertas en 1984. La Dra. Janet Smith, profesora de la Universidad de Notre Dame, compró una casa en South Bend, Indiana, junto a la clínica local de abortos, porque se sentía llamada a atender a las mujeres en crisis de embarazo. Una colecta por teléfono le permitió recaudar $30,000, por lo que la Dra. Smith decidió usar esos fondos no para comprar suministros ni equipos, sino para contratar a una consejera capacitada para trabajar con las jóvenes que llegaban en busca de auxilio. Ella sabía que para cuidarlas sería esencial establecer un contacto personal con ellas.

Ese primer año, hubo 300 jóvenes que acudieron a la casita azul en South Bend pidiendo orientación. En 2019, 35 años más tarde, las mujeres que hoy atienden los 32 Centros de Atención de la Mujer en todo el país superan las 30.000.

Dos de esos clientes fueron José y Katia. Recién casados, ambos estaban en el ejército y se preparaban para ser destinados a Japón en pocos días. Cuando una prueba de embarazo en casa mostró un resultado positivo, no sabían qué hacer. Buscando ayuda en Internet, José encontró el Centro de Atención de la Mujer. Cuando fueron, iban dispuestos a hablar del “gran A”, como llamaban al aborto. Después de compartir sus temores con una consejera, Katia se hizo una ecografía o ultrasonido gratuito. El bebé era pequeñito, pero lo que vieron en la pantalla les sorprendió y supieron de inmediato que querían tener a su hijito. Dos días más tarde, fueron enviados a su destinación militar. Al cabo de varios meses, se recibió en el Centro de Atención una nota de agradecimiento de la feliz nueva familia con una foto de su pequeño bebé.

El Centro de Atención de la Mujer estaba allí cuando José y Katia lo necesitaron, porque es un ministerio que funciona como una empresa. Las clínicas están abiertas un mínimo de 40 horas por semana y están disponibles cuando las mujeres las necesitan. Las consejeras son profesionales con más de 160 horas de formación. Todo su personal es pagado. Allí toman pruebas gratuitas de embarazo y ultrasonido, y lo más importante es que ofrecen consejería individual durante y después del embarazo.

Ayudarles a superar los obstáculos. Eso fue lo que le pasó a Julia. Trabajaba como bibliotecaria a tiempo completo y era madre soltera de cuatro hijos pequeños. Le encantaba su trabajo y amaba a sus hijos, pero cuando descubrió que estaba embarazada de nuevo, se sintió abrumada y un poco desesperada. Llamó a la clínica abortista local, pero no podían atenderla sino varios días más tarde. El Centro de Atención de la Mujer podía atenderla el mismo día. Cuando llegó para confirmar su embarazo, la consejera escuchó los temores y dificultades que tenía. Amablemente le ayudó a reconocer los obstáculos que ya había superado y lo buena madre que ya era para sus hijos. El poder compartir su historia, ser escuchada y entendida fue un gran alivio.

Cuando vio el ultrasonido, Julia ya sabía que quería a este niño, y el aborto ya no era una opción. Así que regresó al Centro una y otra vez para recibir apoyo continuo durante su embarazo y después para las clases de crianza y obtener ayuda para cuidar a su nuevo hijito, así como a sus otros pequeños. En el Centro, Julia encontró ayuda para optar por la vida, y acompañamiento a cada paso en los años siguientes.

Esa es una de las mayores fortalezas del Centro de Atención de la Mujer: el apoyo práctico. La gran mayoría de sus clientas deben afrontar situaciones difíciles en extremo, porque la realidad del embarazo imprevisto puede ser devastadora. Pero el hecho de establecer un contacto de confianza con una consejera ayuda a la madre a reconocer su dignidad y su valía; le ayuda a recordar que su propia bondad y fortaleza la socorrieron en otras ocasiones difíciles. De repente renace la esperanza en la madre y comienza a creer que puede ser más fuerte de lo que pensaba. En ese ambiente de esperanza y posibilidad, puede ver a su bebé en una ecografía, escuchar los latidos del corazoncito y sentirse libre de amar a su bebé.

Naturalmente, los obstáculos no desaparecen por arte de magia. La futura madre regresa al mismo entorno en el que se sentía desesperada. Por eso el Centro promete apoyarla desde la prueba de embarazo hasta que su hijo o hija vaya al kindergarten. En las sesiones que ofrece el Centro, las madres pueden fijarse metas para poder hacer frente a los problemas que toda mujer enfrenta, clases de crianza en grupo sobre disciplina positiva y cómo criar niños con carácter, y muchas otras formas prácticas de asistencia.

Comunidades de atención. De cada 10 de mujeres que reciben atención en el Centro, casi todas deciden no abortar a su bebé. Además, en promedio, estas madres regresan cinco veces durante ese primer año para obtener servicios y apoyo de su consejera y del personal del Centro.

Cada uno de los Centros que hay en todo el país fue fruto de comunidades que buscaban una manera de atender a mujeres en crisis de embarazo. Las jóvenes que llegan al Centro reciben apoyo de la comunidad y del personal, un modelo de servicio que convence a cada mujer de que ella y su bebé son valiosos y eso marca la diferencia.

El amor en acción. El Centro de Atención de la Mujer se encuadra en los principios de la doctrina social católica y en la idea de una hospitalidad completa. Allí no rezan con las clientas ni tratan de convertirlas, pero les ofrecen un refugio seguro de amor incondicional de modo que las clientas pueden afrontar honestamente sus problemas y obstáculos, para dar a luz y criar a su hijo.

Por eso, no es extraño que algunas de las mujeres atendidas en el Centro deseen devolver el favor. Una joven se tituló de enfermera y vino a trabajar en el Centro. Otra le dijo a su consejera que pensaba ir a la universidad y estudiar para también ser consejera. Estas mujeres pasaron de sentirse aplastadas por las circunstancias a tener confianza en sus propias virtudes y en el apoyo de su comunidad. No solo se convirtieron en madres; sino que desarrollaron su autosuficiencia para alcanzar sus metas.

Historias de éxito. Pero ¿qué pasó con Sara, la estudiante futbolista? Su consejera le ayudó a lidiar con sus temores y con la fuerte presión que sentía para salir airosa del trance. Le ayudó a organizar las situaciones “imposibles” en tareas pequeñas y manejables. En una semana, habló con su asesor académico para reorganizar su horario de clases; a la semana siguiente, consideró las opciones que tenía para continuar con el fútbol después del nacimiento de su bebé y, además, descubrió que no perdería su beca.

Después de su primera visita al Centro de Atención de la Mujer, Sara sabía que en realidad no quería un aborto. Pensó que no tenía otra opción, pero luego vio que eso no era cierto. Siete meses después, dio a luz un niño hermoso y saludable. Ahora, Sara y su novio están casados. Con una sonrisa, dice que, después de todo, su vida no se desmoronó cuando tuvo a su bebé; de hecho, consiguió más de lo que esperaba, porque ahora había alguien que dependía de ella, tenían alguien por quien luchar. Sara terminó la universidad y llegó a ser capitana de su equipo de fútbol. Ahora entrena a su propio hijo en… ¿qué otra cosa? ¡fútbol!

Una experimentada consejera dice que atender a mujeres en crisis de embarazo realmente es una labor de alegría. Sí, la mayor parte del tiempo tienen que afrontar luchas desgarradoras; pero ve que las jóvenes asumen estas situaciones tan difíciles con gran valentía y observa con gratitud que ellas llegan a ser autosuficientes y aceptan con alegría sus singulares dones. Al final, todo tiene que ver con la vida; con la alegría y la esperanza de ver que una joven se convierte en madre. Esto es lo que motiva la acción de los Centros de Atención de la Mujer.

En este artículo se han cambiado los nombres de las personas para proteger sus identidades. Hallie Riedel es redactora de La Palabra Entre Nosotros. Para obtener más información, visite Women’s Care Centers en español.


Dios transforma la vida de las personas en los centros de embarazo

Cada día muchas son las mujeres como Sara que descubren que están embarazadas sin haberlo planeado y buscan ayuda. En los centros de embarazo reciben pruebas gratuitas, ultrasonido y una alternativa amable al aborto. Y allí encuentran La Palabra Ente Nosotros.

Nuestro apostolado Compañeros de La Palabra Entre Nosotros ofrece a estas mujeres la esperanza que Jesucristo nuestro Señor quiere darles en los días traumáticos que están viviendo. La donación que usted haga a Compañeros ayuda a más de 20.000 futuras madres a acercarse a Dios por medio de nuestra revista, La Palabra Entre Nosotros. Su generosidad les da la posibilidad de recibir aliento y bendición para optar por la vida.

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