La Palabra Entre Nosotros

Septiembre 2012 Edición

Piensen en las cosas de arriba

Un método sencillo para leer los evangelios

Piensen en las cosas de arriba: Un método sencillo para leer los evangelios

1. Elimine las distracciones.

Busque un lugar y un momento ade­cuados para hacer oración cada día, sin interrupciones ni distraccio­nes, por lo menos por unos 15 o 20 minutos. Para algunas personas es más fructífero hacerlo temprano en la mañana.

2. Entre en la presencia del Señor

Antes de empezar a leer, tranqui­lice sus pensamientos y relájese para entrar en la presencia del Señor; a veces es útil rezar, por ejemplo, el Padre Nuestro o repetir una y otra vez el nombre de Jesús. En ambos casos, trate de imaginarse que el Señor está allí con usted y ofrézcale expresiones espontáneas de amor, gratitud, ala­banza y adoración.

3. Lea un pasaje del Evangelio

Una vez concentrado en la pre­sencia del Señor, lea el pasaje del Evangelio que haya seleccionado, tal vez el de la Misa del día o cual­quier otro que quiera entender mejor. Hágase un cuadro men­tal de lo que se narra e imagínese que usted está allí participando en las acciones y conversaciones.

Siga orando, consciente de que el Espíritu Santo está actuando en su imaginación, y observe la escena. Actúe de modo espontáneo y pídale al Señor que le ayude a entender y aplicar en la vida diaria lo que Él le esté diciendo.

4. Reciba la inspiración del Espíritu Santo

¿Qué es lo que le dice el Señor? Tal vez puede escribir algunas de las palabras que crea oír de labios de Jesús. ¿Cree que tienen alguna rela­ción con las situaciones por las que usted está atravesando en la vida? ¿Recibe respuesta para algunas de las interrogantes que ha tenido acerca del Señor y de la fe práctica? ¿Cree que esta experiencia ha sido fructí­fera para usted?

ACLARACIÓN. No siempre sabe­mos si los pensamientos que nos llegan provienen de Dios o de nues­tra propia mente, pero no descarte la posibilidad de que sean de Dios, especialmente si le parece que le expresan amor y compasión, o le cau­san alegría o paz. Estos son frutos del Espíritu Santo y es evidencia de que el Señor está actuando en su vida.

Comentarios