La Palabra Entre Nosotros

Adviento de 2019 Edición

Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros

Una madre que nos cuida a todos

Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros: Una madre que nos cuida a todos

En el hogar de mi infancia había un icono de la Virgen María, cuyos ojos parecían seguirme dondequiera que yo fuera. Mi abuela me decía en broma que la Virgen siempre me estaba mirando, así que era mejor que me portara bien.

En la escuela católica, las maestras insistían en que María era perfecta en todo sentido porque fue concebida sin pecado, pero al contemplar su estatua en la escuela, en la que lucía su hermoso vestido blanco y celeste, yo pensaba: “Es tan santa y perfecta que nunca podría comprenderme.” Más tarde, al hacerme adulta, analicé la relación que yo tenía con Jesús. Él era alguien que comprendía la pérdida de un ser querido, el dolor, la alegría y el enojo. Jesús podía entenderme con todos mis errores y faltas. Pero ¿María? No, ella no.

Un amigo que confió en María. El matrimonio y la crianza de los hijos trajeron nuevas exigencias y necesidades a mi vida. Mi marido estaba en la Marina y salía en misiones navales durante meses a la vez. Mientras tanto, nuestros dos hijos pequeños tenían problemas médicos y a nuestra hijita recién nacida le diagnosticaron problemas digestivos. Ella quería comer lo mismo que comían sus hermanos, pero ya tenía un año y medio y lo único que podía soportar era leche materna. Yo estaba casi desesperada y no sabía qué hacer, cuando un día me encontré con José, un amigo de la familia, en la oficina local de Niños Exploradores (Boy Scouts).

José me preguntó por qué me veía tan cansada, así que le conté cuál era la causa y él me aseguró que iba a rezar por mí. La próxima vez que fui a la misma oficina, mis hijos corrieron hacia él, pues solía tener regalitos para ellos. Pero ese día también tenía algo para mí: Una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. Yo sabía que esa imagen era un recordatorio para pedirle oraciones a la Virgen María, pero nada más.

José me dijo que mi hijita estaría bien porque él la había puesto al cuidado de Nuestra Señora. Así fue que, un año más tarde, mi pequeña había respondido bien al tratamiento. Yo no creí realmente que la sanación se debiera a la intercesión de María, pero sí me acordé de darle gracias a Jesús, su Hijo.

María también lo ha sentido. Pasaron ocho años y yo aún tenía la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe en una muralla de la casa; pero para entonces yo había leído un poco acerca de la interesante historia de la imagen.

Mientras tanto mi hija estaba en la escuela primaria y se le había producido una inflamación en el pie. Pensamos que era una lesión de baloncesto, pero cuando el tratamiento no daba buen resultado, nos mandaron a un cirujano, que le programó una cirugía en el tendón afectado.

Cuando el doctor terminó la operación, vino a hablar con nosotros, y lo que nos dijo no era lo que queríamos oír: nuestra pequeña tenía una rara forma de cáncer, que se le había extendido desde el pie hasta los ganglios linfáticos de la ingle. ¿¡Qué!? De repente, el mundo se nos vino abajo. ¡Quedamos azorados! Luego, el médico nos dio más malas noticias: El tratamiento sería doloroso y el pronóstico no era bueno. Toda la familia quedó devastada.

Los tratamientos comenzaron casi inmediatamente. Un día, después de ver que mi hija padecía en otro procedimiento doloroso, fui al baño y me eché a llorar, sintiéndome desamparada y sola. De pronto y sin saber cómo, la imagen de La Pietá, en la que María tiene a su Hijo muerto en el regazo se me vino a la mente. “Sí —dije sollozando— tú, Virgen María, comprendes lo que estoy sintiendo. No sé qué hacer, pero por favor auxilia a mi hijita.” Las lágrimas me brotaban copiosamente, pero a los pocos minutos empecé a sentir una presencia de amor. Sí, Santa María, la Madre de Jesús, sabía exactamente lo que me estaba acongojando, pues ella se había sentido de la misma manera.

Un mensaje de Nuestra Señora. Pocos días más tarde, una amiga y compañera de trabajo de la parroquia católica en la que yo trabajaba vino a visitarnos en el hospital. Acababa de regresar de un viaje a Ciudad de México, donde había visitado la Basílica de Guadalupe, y me dijo que me había traído algo, dándome una medalla de Nuestra Señora y diciéndome que tenía una historia que decirme de lo sucedido con ella.

En su visita, mi amiga había recorrido toda la basílica y también bajó a la pequeña capilla situada debajo de la iglesia principal, una capilla que fue construida justo en el lugar donde San Juan Diego vio las apariciones de Nuestra Señora. Me contó que se arrodilló a rezar y vio allí cerca una canasta con medallas. Al mismo tiempo, percibió en su mente y corazón que debía traerle una de esas medallas a nuestra hijita con un mensaje especial. Mi amiga estaba un poco nerviosa de darnos el mensaje, por temor a que yo pensara que estaba loca: Nuestra Señora le dijo que le diera la medalla a nuestra hija para que la llevara siempre consigo y que me hiciera recordar que ella siempre la había estado cuidando.

Era otra persona la que me decía que la Virgen estaba cuidando a mi hija. Mirando a mi amiga, yo creí que el mensaje de Nuestra Señora era cierto. Luego, le puse la medalla a mi hija alrededor del cuello, y la ha tenido siempre desde entonces.

Curada y cuidada. Nuestra hija sobrevivió milagrosamente a su enfermedad, aunque varios otros pacientes que tuvieron el mismo tratamiento lamentablemente no lo lograron. Ella ha sufrido otros problemas de salud y emocionales como resultado del tratamiento, pero la Virgen María la ha cuidado fielmente en todas esas ocasiones. Mi hija es ahora enfermera pediátrica y tiene una profunda devoción a Nuestra Señora de Guadalupe.

Mi marido y yo seguimos llamando “Madre María” a nuestra Señora en nuestras oraciones diarias y ella ha pasado a ser un punto de contacto con otros católicos. Cuando otros feligreses ven la medalla de Nuestra Señora que yo llevo al cuello comparten conmigo acerca de sus luchas y nos piden oraciones. En resumen, he visto personalmente que la Virgen María puede comprender cualquier tipo de dificultad y preocupación, especialmente las de las familias, que a ella misma le tocó sufrir. María es verdaderamente “nuestra” Madre, una madre que se preocupa de todos nosotros más de lo que podemos darnos cuenta.

Eileen Morgan vive en Oak Harbor, Estado de Washington.

Comentarios