La Palabra Entre Nosotros

Febrero 2017 Edición

Maridos, amen a sus esposas

Cinco prácticas que dicen “Te amo”

By: Randall Cirner

Maridos, amen a sus esposas: Cinco prácticas que dicen “Te amo” by Randall Cirner

Algo que mucho les importa a nuestras esposas es saber cuánto las amamos, cuánto las apreciamos y cómo nos preocupamos de atender a sus necesidades.

La Sagrada Escritura es sumamente exigente: “Esposos, amen a sus esposas como Cristo amó a la iglesia y dio su vida por ella” (Efesios 5, 25). En esencia, esto significa que hemos de demostrar cuanto amamos a nuestra esposa adoptando la actitud de servicio desinteresado que vemos en Jesús; es decir, preocuparnos tanto por nuestras esposas como nos preocupamos por nosotros mismos, tanto así que estemos dispuestos a renunciar a nuestras propias necesidades y deseos por el bien de nuestras esposas.

¿Difícil? Claro que sí. ¿Imposible? Bueno, tal vez lo sería si no fuera por la gracia de Dios que es capaz de transformar la mente y el corazón. Pero si le pedimos ayuda al Señor para abandonar las actitudes y hábitos egoístas que tenemos, él lo hará a través del poder del Espíritu Santo. Más aún, nos habilitará para expresar ese amor de una forma concreta, o sea, en acciones, como las cinco prácticas que proponemos a continuación.

¿Qué haces para demostrar que la amas?

Orar por ella. Creo que lo más importante que un marido puede hacer por su esposa es rezar por ella regularmente, porque la oración es poderosa y cambia las situaciones. La oración nos lleva justo a la fuente de la gracia y la sabiduría: Dios mismo.

Yo he adoptado la costumbre de orar por mi esposa, Teresa, día tras día. Le pido a Dios que le conceda toda clase de buenos dones y la acerque más a su lado. Le pido que atienda a sus necesidades, la proteja y la fortalezca en las pruebas o dificultades. También le pido que me dé sabiduría a mí para amarla más y atenderla mejor.

Un día durante mi oración, me pareció sentir que el Espíritu Santo me decía que los dos, Teresa y yo, deberíamos hablar de cómo les estaba yendo a nuestros hijos mayores. Cuando a la mañana siguiente se lo dije, ella dio un suspiro de alivio: eso era algo de lo cual ella había querido hablar conmigo, pero los dos habíamos estado tan ocupados que ni siquiera lo había mencionado. La conversación fue muy productiva y nos hizo bien a los dos. Este es un sencillo ejemplo de cómo suele intervenir Dios en la vida de sus hijos cuando somos fieles al tiempo de oración diaria.

Conversar. Conozco a una pareja que, tratando de mejorar la relación, se habían puesto de acuerdo para dedicar un tiempo semanal nada más que para conversar sobre aspectos prácticos de su vida conyugal. Después de unas semanas, el marido perdió su entusiasmo y los repetidos intentos de la esposa de recordarle tal convenio comenzó a fastidiarle y finalmente murió la idea.

No es extraño que esto suceda. La mayoría de los maridos tienen la tendencia natural a dejar que la comunicación vaya cayendo al nivel más bajo que pueda tolerar la esposa. Por eso, si queremos demostrarles amor, es preciso que los maridos nos preocupemos de crear las condiciones para que haya una comunicación regular, y además tomar la iniciativa de plantear los temas de conversación, en lugar de dejar que sea ella la que siempre los defina. ¿De qué se puede conversar? De los horarios de cada uno en la familia, temas relacionados con los hijos, los diversos quehaceres y mandados, las finanzas, las relaciones familiares y la oración personal son algunos de los asuntos que siempre van cambiando y que convendría tener como temas de conversación.

Y ya que están hablando de estas cosas, pregúntale a tu mujer si quiere que le ayudes a preparar un horario de quehaceres que se ajuste a sus necesidades, y que incluya, por ejemplo, cosas como oración personal, ejercicios, descansos y también las responsabilidades familiares. Todos necesitamos ayuda y sugerencias sobre las cosas o actividades a las que damos prioridad y cómo organizarnos de manera que realmente hagamos lo que tenemos que hacer. La ayuda que tú le puedas dar es imprescindible, especialmente si a ella le toca lidiar con circunstancias exigentes o extenuantes (por ejemplo, atender a hijos pequeños o trabajar fuera de casa).

Preocuparse de sus necesidades. Cuando los hombres queremos descansar o relajarnos, hacemos lo que sea necesario para buscar la hora y un lugar cómodo para reposar. Pero, ¿demostramos la misma diligencia cuando se trata de facilitar las condiciones para que ellas se sientan bien, o dejamos que ellas “se las arreglen” como puedan? En esto, también, el modelo que hemos de seguir es la relación de Cristo con la Iglesia: Él se preocupa de nosotros y nos cuida y nunca es indiferente a nuestras necesidades. Y ¿sabes qué? Los votos conyugales que hiciste al casarte te imponen las mismas obligaciones para con tu esposa. Por eso, hay tres necesidades importantes que nos conviene considerar:

Tiempo para Dios: Tú deberías preocuparte tanto de la vida espiritual de su esposa como te preocupas de la tuya. ¿Qué significa esto? Que tendrás que sacrificar algunos de tus propios deseos para que ella tenga tiempo suficiente para hacer su oración y lectura bíblica, cada día si es posible; si no, tres o cuatro veces por semana. También preocúpate de que ella pueda ir a Misa el domingo con toda tranquilidad, o ir a confesarse cuando lo desee. A lo mejor le gustaría ir a Misa durante la semana. Si ella quisiera, ¿podría hacerlo?

Tiempo con amigas: Nuestras esposas necesitan tener amigas con quienes compartir, otras esposas que las apoyen y las animen de un modo práctico, así como en su relación con el Señor. Pero no lo pueden hacer si no tienen el tiempo necesario para desarrollar amistades como éstas.

Descanso: Todos necesitamos descanso de vez en cuando. Dale a tu esposa la posibilidad de tener un tiempo para ella sola, tal vez buscando la manera de aliviarle el trabajo o invitándola a cenar en algún lado. A veces yo le digo a mi esposa que no se moleste en preparar una cena elaborada y que basta con unos sándwiches en platos de papel. Darle a la esposa lo que ella necesite sin duda requiere un cierto esfuerzo del marido, por ejemplo, tal vez él tenga que cuidar a los niños, hacer uno o dos mandados adicionales, renunciar a algo o planificar ciertas actividades a más largo plazo. Pero, claro, ¡tu matrimonio y tu vida familiar lo merecen!

Darle ánimo. ¿Cuándo fue la última vez que le diste un cumplido significativo a tu esposa? No un comentario distraído como “Ah sí, eso me gusta” ni “Oh, el guiso no está mal,” sino un elogio sincero y genuino, por ejemplo, decirle mirándola a los ojos: “Querida, la comida estaba sabrosísima; me gustó mucho” o bien, “¡Guau! Te ves realmente hermosa con ese vestido,” o “Amor, hiciste una presentación (o diste una charla) excelente en la reunión. ¡Te felicito de verdad!” ¿Le has dicho alguna vez a tu esposa que ella es una buena esposa o madre y le has dado las razones por las cuales piensas eso? ¿Cuándo fue la última vez que le trajiste un ramo de flores sin ninguna razón particular, salvo para demostrarle que la amas?

Dar un paseo juntos. En una conversación hace unos días mi amigo Ernesto, que ha estado casado tanto tiempo como yo he vivido, me dio un excelente consejo. Me dijo que de vez en cuando, él y su esposa se van fuera de la ciudad por el fin de semana. “Vamos a un motel donde haya una piscina y un buen restaurante,” explicó. “Lo hago de modo que sea muy agradable principalmente para que ella no tenga que cocinar, limpiar, atender a los niños ni contestar el teléfono. Tú deberías hacer algo parecido con Teresa.”

Acepté el consejo de Ernesto y nunca me he arrepentido. Aunque Teresa y yo solo podemos darnos un escape de fin de semana una vez al año, ha sido una manera excelente de pasar el tiempo juntos y librarnos de los quehaceres y obligaciones de la rutina habitual.

Pensando en algo más sencillo, les recomiendo adoptar la práctica de pasar unas tres o cuatro horas libres con su esposa cada semana. Una gran parte de la vida matrimonial consiste hacer cosas, porque hay muchísimos asuntos que atender o resolver. Sin embargo, para crecer en la relación de amor, los esposos necesitan pasar tiempo juntos sin preocuparse de problemas, trabajo, listas de quehaceres, niños y tareas hogareñas.

Estas “citas” con tu esposa pueden ser muy sencillas. Por ejemplo, salir a caminar en el parque; dar un paseo en carro por fuera de la ciudad; ir a un concierto, una obra teatral o una película; ir a jugar a los bolos o a patinar. Vayan a una buena heladería o una galería de arte; jueguen a las cartas, al dominó o armen un rompecabezas de 1000 piezas o más; vean un álbum de fotos de cuando se casaron y recuerden las ocasiones felices o divertidas. La idea es que los dos se relajen, se distraigan de la rutina diaria y hagan algo que les guste a los dos y así los dos disfrutan el uno del otro.

Entonces, ¿qué hacer? Decídete a poner en práctica por lo menos uno de estos modos prácticos de amar a tu esposa y así estarás reforzando tu matrimonio y enriqueciendo la vida que comparten. Y encomiéndate a Jesucristo, porque él es el Señor de tu matrimonio. Confía en el poder del Espíritu Santo, que está actuando en ti. Con su ayuda, no tengas duda de que podrás iniciar una vida de amor cada vez más profunda, sincera y fructífera.

Randall Cirner es autor de varios libros sobre el matrimonio. Él y su esposa Teresa tienen cinco hijos y un nieto.

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