La Palabra Entre Nosotros

Noviembre de 2019 Edición

La intercesión es poderosa

Una oración que transforma la vida

La intercesión es poderosa: Una oración que transforma la vida

Preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle y denle gracias también. (Filipenses 4, 6)

La intercesión eficaz no depende de la santidad ni de la madurez de la persona. Estos elementos contribuyen, pero no son garantía. Más importantes son las virtudes, como la sinceridad, la humildad y la persistencia, que todos podemos cultivar. Como ya se dijo, Dios quiere que acudamos a él sin reserva alguna. Sea que tengamos una fe madura o inmadura, que estemos recién convertidos o llevemos años avanzando por el camino del Señor, Dios nos promete a todos: “Me buscarán y me encontrarán, porque me buscarán de todo corazón” (Jeremías 29, 13-14). Esta es la clase de sinceridad y de persistencia que nos lleva a la presencia de Dios, y que obtiene una efusión de su gracia con abundancia en nuestra vida y en la vida de aquellos por quienes estemos rezando.

Cuando a Miguel le diagnosticaron cáncer de colon, él le pidió a su párroco y a otros hermanos del grupo de oración que intercedieran por él para su curación. Después de seis sesiones de oración de diez minutos cada una, además de un día de ayuno por semana, Miguel regresó al hospital para realizarse más exámenes. Para su propia sorpresa, los niveles de cáncer se habían reducido a cero.

Por supuesto, al mismo tiempo que oraban por Miguel, él recibía quimioterapia. Asimismo, cambió toda su dieta bajo supervisión médica, por lo que nunca sabremos con certeza qué fue lo que causó ese giro tan dramático; pero el médico estaba muy emocionado y sorprendido por los resultados de los exámenes y declaró que era muy raro ver un cambio tan drástico. Ahora, trece años después, Miguel está convencido de que su curación se debió al poder de Dios y comparte con entusiasmo su experiencia con cualquier enfermo de cáncer.

Ayuno e intercesión. En la Sagrada Escritura y durante toda la historia de la Iglesia, el ayuno y la intercesión han estado íntimamente ligados. Una y otra vez hubo quienes recurrieron al ayuno cuando necesitaban la ayuda de Dios. Por ejemplo, Ana ayunó mientras le suplicaba a Dios que le diera un hijo (1 Samuel 1, 7-8). Nehemías ayunó por la restauración de Jerusalén (Nehemías 1, 4). La ciudad de Nínive ayunó en respuesta a la exhortación profética al arrepentimiento (Jonás 3, 5). Daniel ayunó para implorar el don de conocimiento (Daniel 9, 3). Josafat proclamó un ayuno antes de una batalla (2 Crónicas 20, 3). San Pablo ayunó después de su conversión (Hechos 9, 8-9). Los responsables de la iglesia de Antioquía ayunaron y oraron por Pablo y Bernabé cuando éstos se embarcaron en su primer viaje misionero (Hechos 13, 1-2). Incluso Jesús ayunó antes de iniciar su ministerio público (Mateo 4, 1-2).

En términos de lógica, no vemos ninguna razón para que el ayuno provoque un derramamiento de la gracia divina, pero así sucede. Sabemos que Dios reconoce y bendice los esfuerzos que hacemos para amarnos unos a otros, y el ayuno es uno de esos esfuerzos. Por eso, Jesús prometió: “Tú, cuando ayunes… lo notará tu Padre… que ve en lo oculto [y] te dará tu recompensa” (Mateo 6, 17-18). El Señor dice así que Dios retribuye el ayuno que hacemos prodigando sus bendiciones sobre las personas por quienes hacemos intercesión.

Esta verdad no debería sorprendernos. Piensa en lo impresionado o conmovido que te sientes cuando ves que alguien hace un gran sacrificio por otra persona. ¿No te provoca ser generoso tú también? Algo parecido sucede con Dios, pero aún más. Cuando nos ve ayunando por otra persona, es como si dijera: “Estoy tan complacido de que hagas este sacrificio; ¿cómo no voy a bendecirte a ti y a aquel por quien estás intercediendo?”

Busca una victoria. Cuando un niño finalmente entiende un concepto de matemática, la maestra le dirá que tuvo una victoria. Cuando un científico descubre una nueva terapia para el cáncer tras años de investigación, eso es una victoria. Y cuando nos pasamos meses y meses rezando por alguien y finalmente esa persona cambia completamente, eso también es una victoria. Por eso, nunca debemos perder la esperanza, pues las victorias son siempre posibles.

Cuando ayunamos, es como decirle a Cristo: “Estoy decidido a hacer lo que sea para lograr una victoria en esta situación, Señor, pero necesito tu ayuda.” El ayuno no obligará a Dios a hacer algo, pero es una manera de dar el primer paso y pedirle a Dios que actúe de forma milagrosa.

Así que, si tienes una necesidad específica o una decisión importante que tomar, considera acudir al Señor con ayuno y oración. Si eres relativamente nuevo en esta disciplina, empieza poco a poco. Procura hacerlo una vez por semana, y luego, lentamente podrás hacer un ayuno más riguroso. Pero siempre asegúrate de cuidar tu salud y tu energía.

El misterio de la voluntad de Dios. Pero todavía queda una pregunta pendiente cuando consideramos el llamado a la oración de intercesión: ¿Qué pasa con las plegarias que al parecer nunca son contestadas? Otra pregunta relacionada con ésta y que incluso aparece en algunas partes de la Biblia es: ¿Por qué existe tanto sufrimiento en el mundo, especialmente entre aquellos que tratan de seguir al Señor? ¿Por qué permite Dios que la gente buena muera joven? ¿Por qué no interviene y pone fin al aborto, la guerra o el genocidio? En algunos pasajes, como el Salmo 13 y Habacuc 1, 1-3, encontramos ejemplos de cómo, aún las personas más santas como los profetas y los salmistas, se quedaron desconcertados ante estas preguntas.

Lo que sí podemos decir es que no hay una respuesta sencilla. Si la hubiera, nadie seguiría planteándoselas. Pero aun cuando admitamos que existe este misterio, no debemos concluir que la oración de intercesión sea inútil o, peor aún, que Dios no se interesa por los humanos. Si fuera así, ¡no habría enviado a su Hijo a sufrir y morir por nosotros!

El testimonio de incontables santos y héroes bíblicos nos enseña que siempre debemos rezar cuando nos encontramos en una situación difícil; pero nos dice también que no debemos limitarnos a pedirle a Dios que haga desaparecer el problema o exigirle la solución que nosotros consideramos la mejor. Lo que realmente hemos de pedirle al Señor es que nos conceda su gracia para aceptar su voluntad y reconocer que él está actuando en nosotros.

Así que, cuando tengas un dilema o una situación difícil, querido hermano, reza para encontrar una solución; pero también pídele a Dios que ilumine tu mente para entender las causas de la situación y te dé la gracia de aceptar su designio perfecto. Mantente dispuesto a aceptar la voluntad del Señor. Estudia las Escrituras para fortalecer tu fe y repite en voz alta las palabras del salmista: “Señor, yo confío en tu amor” (Salmo 13, 6).

No limitemos nunca a Dios, ni tengamos la osadía de decirle lo que tiene que hacer. Por supuesto, podemos confesarle libre y honestamente cómo nos sentimos respecto a una situación en particular, e incluso lo que quisiéramos que él hiciera por nosotros; pero siempre con la humildad de un niño, reconociendo que tenemos la vista ensombrecida y que nuestro conocimiento es limitado. Solo cuando estemos con el Señor en el cielo veremos el panorama completo y entenderemos exactamente que “Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman” (Romanos 8, 28). Entre tanto, nuestra mejor respuesta es rezar fervientemente, tratar de seguir al Señor lo mejor que podamos y vivir en su amor.

La oración es transformadora. Querido lector, teniendo en cuenta todo lo anterior, aparta un tiempo cada día para elevar una oración de intercesión. Reza por aquello que te preocupa o te causa inseguridad y no temas decirle: “Señor, infunde tu gracia en esta situación”. Y no permitas que el desánimo te impida seguir pidiendo con persistencia. Más bien, acata la exhortación de San Pablo: “Preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también” (Filipenses 4, 6).

Cuando oramos intercediendo por otros, nuestro Padre hará su obra poderosa entre nosotros. Aunque parezca incomprensible, las oraciones que hagamos con fe pueden cambiar la vida de las personas. Que Dios te bendiga, hermano.

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