La Palabra Entre Nosotros

Enero de 2020 Edición

Fue mi aborto también

La dolorosa perspectiva de un padre

By: Reg Platt

Fue mi aborto también: La dolorosa perspectiva de un padre by Reg Platt

Por lo general la gente piensa que a los hombres no les afecta el aborto; sin embargo, por mi experiencia personal, yo sé que esto no es verdad. Yo perdí a mi único hijo por causa del aborto, y aunque me llevó mucho tiempo entenderlo, este trágico suceso prácticamente destrozó mi vida. No fue sino hasta que pude afrontar los efectos del aborto que impactaron mi vida en el pasado que comencé a sanarme.

“Por favor no lo hagas.” El primer aborto en el que me vi involucrado sucedió en la primavera de 1976, cuando tenía diecinueve años. Trabajaba en un teatro y estaba enamorado de una hermosa actriz. A pocas semanas después de casarnos, descubrimos que ella estaba embarazada, y yo quedé encantado con la noticia. Pero ella no estaba lista para tener una familia, por lo que me dijo, con la mayor naturalidad, que se iba a practicar un aborto. En mi interior grité: “¡Por favor, no lo hagas!” Pero en vez de expresarlo en voz alta, le dije: “Es tu cuerpo. Te apoyaré en lo que decidas.” Fue una actitud totalmente cobarde de mi parte, pero yo sabía en el fondo que si la contradecía en esto, nuestro matrimonio no sobreviviría. Traté de convencerme a mí mismo de que habíamos hecho lo correcto.

Ese verano entré en depresión. Mi esposa y yo empezamos a criticarnos uno al otro por las cosas más insignificantes y triviales, pero nunca hablamos del aborto que ella tuvo. En cuestión de meses, la relación se había deteriorado tanto que nos separamos. Después de eso, ella quedó embarazada de otro hombre, y con indiferencia ante la situación, yo mismo la llevé a la clínica para un segundo aborto.

De la negación a la realidad. Pasé quince años reprimiendo mis sentimientos y preguntándome por qué mi vida era tan miserable. Me sentía culpable, pero no sabía cuál era la razón. Estaba enojado con mi ex, conmigo mismo, con Dios e incluso con mi familia y amigos. Por mucho tiempo fui incapaz de mantenerme en un trabajo por más de seis meses, y traté de aliviar la tristeza y el dolor con drogas y alcohol.

Recurrí a encuentros sexuales banales y traté de ignorar lo que sucedía en mi alma. Entonces llegó el día en que mientras me duchaba empecé a pensar en cómo era mi vida en 1976. Me di cuenta de que, si no hubiéramos escogido el aborto, mi hijo habría cumplido dieciséis años. Entonces entendí que mi hijo no estaba allí presente, cumpliendo dieciséis años, porque yo me había rendido. Solamente dejé pasar a mi esposa para practicarse un aborto, y ¡no hice nada para salvar a mi hijo! Lloré al entender todo esto. Y lloré porque nunca voy a conocer a ese hijo ni tendré ningún otro.

Había llegado a un punto en el que tenía que dar un giro en mi vida: Reconocí que yo mismo había abandonado a ese hijo a quien debí haber protegido, y sentí que había sufrido una gran pérdida y me sentí sumamente desarmado.

El dolor que experimenté después de participar en “mi aborto” era diferente al dolor de una mujer, pero era igualmente desgarrador. Y digo mi aborto, porque todo lo que persigue el aborto es eliminar a un niño de la vida de alguien. Mi hijo fue eliminado, con mi consentimiento, aunque en contra de mi voluntad. Así que también fue mi aborto. Tenía un hueco en mi vida del tamaño y la forma de un niño, al que nunca pude estrechar en mis brazos, nunca besé y nunca conocí. Esta situación siguió siendo dolorosa y persiguiéndome por un tiempo, pero ya había dado el primer paso para aceptar lo que había hecho. Ahora podía empezar mi proceso de sanación.

No más escaparse. Empecé a buscar relaciones sanas y dejé las drogas. Regresé a la Iglesia, y mi nueva esposa, Susana, se convirtió al Señor también. Luego, juntos nos involucramos con el movimiento provida. Para entonces, yo estaba seguro de que mis problemáticas experiencias con el aborto habían terminado, así que no me entusiasmaba la idea de asistir a un retiro para “después del aborto”. Temía que las mujeres del Viñedo de Raquel, el apostolado que ayuda a las víctimas del aborto, no me aceptaran. Pero en realidad, ellas se alegraron de saber que, para un hombre, la experiencia del aborto va más allá de simplemente sentirse aliviado. Una vez que vi que no me rechazaban, me involucré completamente en el retiro.

Por muchos años estuve enojado conmigo mismo por ser cobarde. Finalmente, en este punto, decidí que iba a ofrecer el enojo y la vergüenza a Dios y a pedirle perdón formalmente y no solo para salir del paso. Decidí hacerlo en el Sacramento de la Confesión y en la adoración. Cuando lo hice, mi alma se sintió aliviada y estuve dispuesto a creer que yo era digno de ser amado.

El siguiente gran paso en mi proceso de sanación sucedió a través del Proyecto José, un apostolado provida que ayuda confidencialmente a varones a encontrar el perdón de Dios. Todos los hombres que conocí en el siguiente retiro habían experimentado dolor y culpa similares a mí. Ellos me ayudaron a abrir el corazón para compartir lo muy impotente y humillado que aún me sentía. Con su ayuda y la de Dios, finalmente entendí que el amor del Padre me restaura completamente. Finalmente me despojé de la carga que estaba llevando.

Un hombre nuevo en busca de Jesús. En cada uno de los sesenta millones de abortos que han ocurrido en los Estados Unidos desde 1973 al menos hay un hombre que ha estado involucrado. Esta es la razón por la cual ahora me dedico a ayudar a aquellos varones que piensan que están luchando solos con el dolor y el remordimiento a consecuencia del aborto. Cristo quiere que todos regresemos a su lado perdonados y en paz.

Mi experiencia me ha enseñado que debemos ayudarnos unos a otros, porque si no lo hacemos, nadie más lo hará. En algún momento, cada cual toma conciencia de sus errores, y el sentido de culpa que conlleva este proceso nos hace separarnos los unos de los otros, y como consecuencia es más fácil caer en pecado. Pero una vez que admitimos que cada persona es parte de un mundo lleno de pecadores que buscan a Jesús, podremos entender que no estamos solos.

Cuando acepté el perdón y la gracia del Señor en mi vida, fue surgiendo en mí el “hombre nuevo” que soy ahora: alguien que ha aprendido de sus errores y los ha aceptado, se ha arrepentido y se ha vuelto hacia Dios. El hombre viejo —aquel que forzó, sugirió, pagó o condujo hasta la clínica de abortos; o el que luchó y perdió o ese que se rindió y se hizo a un lado— ese hombre ya no existe. En Cristo, todo se ha transformado y Cristo ha hecho nuevas todas las cosas (2 Corintios 5, 17).

Reg Platt es el facilitador del Proyecto José en Dallas, Texas. Para información sobre el Proyecto José puedes visitar http://www.projectjosephdallas.org También puedes llamar al 469-416-2101 para hacer una consulta totalmente confidencial.



Ayuda para hombres y mujeres tras un aborto

Reg Platt pudo recuperarse después de participar en un aborto mediante un proceso de varias etapas. Una de las más profundas fue rezar y hablar con Dios sobre lo sucedido. Gracias a nuestro ministerio de Compañeros, La Palabra Entre Nosotros ofrece recursos de oración y sanación a hombres y mujeres que han vivido la experiencia del aborto.

Uno de esos recursos es Después del aborto: Un libro de oración para hombres, un folleto que contiene reflexiones y ejercicios que ayudan al lector a ponerse en contacto con el Padre misericordioso que ofrece perdón y sanación. Hasta la fecha se han distribuido más de diez mil copias del folleto y cien mil copias de su equivalente para mujeres. Ambos pueden descargarse gratis en el sitio wau.partners.org.

Por favor ayúdanos a proveer más recursos espirituales a los hombres y mujeres que sufren las consecuencias del aborto haciendo una donación al apostolado de Compañeros, que actualmente atiende a cinco mil centros de ayuda para mujeres embarazadas y ministerios de sanación. Con $25 se les puede enviar a ellos dos suscripciones de La Palabra Entre Nosotros durante un año. ¿Quieres ayudarnos a llegar a más personas?

Por favor, considera ser un Compañero. Puedes hacer una donación deducible de impuestos en waupartners.org o llamando al teléfono 1-800-638-8539. Los cheques pueden enviarse a La Palabra Entre Nosotros a la siguiente dirección: 7115 Guilford Drive, Suite 100, Frederick, MD 21704.

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