La Palabra Entre Nosotros

Octubre 2012 Edición

El Año de la Fe:¿Qué signifi ca y qué puedes hacer tú al respecto?

Por Alejandro Bermúdez

El Año de la Fe:¿Qué signifi ca y qué puedes hacer tú al respecto?: Por Alejandro Bermúdez

Como conductor del pro­grama “Cara a Cara” en EWTN, y de otro programa diario de apologética en EWTN Radio llamado “Criterios”, recibo constantemente las más increíbles preguntas desde los más aparta­dos rincones donde se habla el español.

Las preguntas más usuales son las que tratan de responder al desafío que frecuentemente plantean a nuestra fe nuestros her­manos evangélicos, con su clásico “¿Dónde dice la Biblia que…?”

Pero, más recientemente, las dudas vienen de los que suelo llamar “cris­tianófobos”, es decir, los que buscan cualquier excusa para hablar en con­tra de nuestra fe y de nuestra Iglesia: “¿Y los millones del Vaticano? ¿Y los curas pedófilos? ¿Y la Inquisición? ¿Y la moral sexual ‘anticuada’?”

Pese a que mi programa “Criterios” se transmite diariamente, siempre tengo una larga lista de respuestas pendientes, porque recibo más pre­guntas y dudas de las que puedo responder. Esta experiencia y la posibilidad de visitar muchas comu­nidades católicas en América Latina y entre los hispanos en Estados Unidos, me han llevado a la convicción de que a los católicos no nos falta ni devo­ción ni amor por nuestra fe ni por el Señor Jesús, la Santísima Virgen María o nuestra Iglesia.

El problema es distinto y dramá­tico: la ignorancia de nuestra fe es alarmante. En otras palabras, no tene­mos idea de lo que la Iglesia enseña en ámbitos específicos y, como conse­cuencia de ello, somos cristianos que tenemos una gran devoción en casa o en el templo, pero en la vida pública, desde la familia hasta el mundo laboral, actuamos como ateos, simple­mente porque no conocemos nuestra fe. El católico que no conoce su fe es simplemente un agnóstico que va a Misa.

El Año de la Fe. Pero, gracias a Dios, el Papa Benedicto XVI nos ha traído una gran propuesta para que comencemos a resolver en serio este problema y vivamos plenamente como católicos auténticos: un período especial de un año, que comienza en octubre de 2012 y que lleva el nombre de “El Año de la Fe”.

¿Qué es el Año de la Fe? Es un año especial convocado por el Santo Padre que continúa una larga tradición dentro de la Iglesia. Como ejemplo tenemos los años convocados por el ahora Beato Juan Pablo II, que pro­clamó el Año Mariano (de junio 1987 a agosto 1988), el Año del Rosario (de octubre 2002 a octubre 2003) y el Año de la Eucaristía (de octubre 2004 a octubre 2005).

Luego de asumir el timón de la Iglesia, el Papa Benedicto XVI ha continuado con esta tradición convo­cando al Año Paulino (de junio 2008 a junio 2009), el Año Sacerdotal (de junio 2009 a junio 2010) y ahora el Año de la Fe, que empieza de 11 de octubre de 2012 y culminará el 24 de noviembre de 2013, Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo.

¿Por qué el Papa Benedicto XVI eligió estas fechas? Porque el 11 de octubre de 2012 se cumplen 50 años de la inauguración del Concilio Vaticano II y 20 años de la publi­cación del Catecismo de la Iglesia Católica, documento que, tal como señala el Santo Padre en su Carta Apostólica Porta Fidei (“La Puerta de la Fe”), es un “auténtico fruto” del Concilio e instrumento al servicio de la evangelización.

Recordemos que el Concilio Vaticano II es uno de los eventos más importantes en la historia de la Iglesia. Se realizó entre 1962 y 1965 y con­gregó a obispos de todo el mundo. La compilación del Catecismo produjo un cuerpo doctrinal que busca pro-mover la fe católica, renovar la vida de los fieles, adaptar la liturgia y alentar la presencia de los laicos.

Sin embargo, hubo una interpreta­ción equivocada de este documento por parte de ciertos sectores de la Iglesia, que ha conducido a la con­fusión de no pocos fieles. El Papa Benedicto, que participó en el Concilio como joven presbítero, y que a lo largo de su vida sacerdotal, de obispo, de cardenal y de Papa, ha visto los problemas crecientes de la mala aplicación del Concilio, está planteando un remedio claro, práctico y eficaz.

Objetivos. Este deseo del Santo Padre de mantener a los católicos uni­dos en torno a la verdadera doctrina no es nuevo: durante el Pontificado de Juan Pablo II, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger se desempeñó como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cargo desde el cual veló por la integridad de la doc­trina católica, corrigiendo los errores que aparecían en diversas partes del mundo.

Ahora, como Sucesor de Pedro, puede y quiere hacer aún más para que los católicos salgamos de la con­fusión y la ignorancia, y lo ha hecho convocando a este Año de la Fe.

El Papa mismo explica el objetivo de este periodo especial en la Carta Apostólica Porta Fidei: “Deseo que este año especial suscite en todo cre­yente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza…, inten­sificar la celebración de la fe en la liturgia, y de modo particular en la Eucaristía”, para que “el testimonio de vida de los creyentes sea cada vez más creíble.”

En el mismo documento, el Santo Padre nos recuerda que los católi­cos no podemos dejar de ser faros que irradien la fe alrededor; por­que “muchas personas en nuestro contexto cultural… buscan con sinceridad el sentido último y la ver­dad definitiva de su existencia y del mundo. Esta búsqueda es un autén­tico ‘preámbulo’ de la fe, porque lleva a las personas por el camino que con­duce al misterio de Dios.”

El Año de la Fe, también explica Benedicto XVI, es además “una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad”, porque “la fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutua­mente, de modo que una permite a la otra seguir su camino.”

¿Cómo celebrar el Año de la Fe?

Vivimos en un mundo práctico, en el cual la proclamación de bellas inten­ciones pero sin aplicación práctica, no es suficiente.

Gracias a Dios, el Papa pidió a la Congregación para la Doctrina de la Fe publicar una “Nota con indicacio­nes pastorales para el Año de la Fe”, para darnos medios concretos para vivir este tiempo sacándole mucho fruto.

La nota propone cuatro ámbitos para celebrar el Año de la Fe, a saber:

LA IGLESIA UNIVERSAL. En el ámbito de la Iglesia universal, el principal evento será la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que se celebrará en octubre de 2012 y abordará el tema de “La nueva evan­gelización para la transmisión de la fe cristiana.”

Otro evento central será la Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Río de Janeiro, en julio de 2013, que ofrecerá a los jóvenes una ocasión privilegiada para experimentar el gozo de la fe en Cristo y de la comu­nión con el Santo Padre.

La nota también invita a los fieles a peregrinar a Roma, a la Sede de Pedro y a Tierra Santa. Asimismo, invita a promover actividades que acrecienten la devoción a la Virgen María, como pueden ser las peregrinaciones a los principales santuarios marianos del mundo.

Igualmente propone organizar simposios y congresos internaciona­les sobre las enseñanzas del Concilio Vaticano II y el estudio del Catecismo de la Iglesia Católica. Y para que estas ideas no queden en el aire, el Papa ha pedido que el ministerio más joven del Vaticano, el Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, cree una Secretaría dedicada exclusiva­mente al Año de la Fe.

La nota indica que “al final de este año, en la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, tendrá lugar una Eucaristía celebrada por el Santo Padre, en la que se reno­vará solemnemente la profesión de la fe”, es decir, junto al Santo Padre, los católicos del mundo entero renovare­mos nuestra fe católica proclamando juntos el “Credo”.

LA IGLESIA EN CADA PAÍS. La nota invita a las Conferencias Episcopales de cada país a dedicar jornadas de estu­dio al tema de la fe, difundir la vida de los santos, los documentos del Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia, con ediciones económicas y a través de las nuevas tecnologías. Igualmente, se exhorta a los epis­copados a editar publicaciones de carácter apologético, para que los fie­les puedan “responder mejor a las preguntas que surgen en los distintos contextos culturales”, especialmente ante las sectas, el secularismo y el relativismo.

LAS DIÓCESIS. La Congregación para la Doctrina de la Fe pide luego a las diócesis preparar una celebración de inauguración y otra de conclusión para “confesar la fe en el Señor Resucitado en nuestras catedrales e iglesias de todo el mundo”. ¿No has oído aún algo en tu diócesis? ¡Pregunta y ayuda a organizar este evento! Además, cada obispo podrá dedicar una Carta pas­toral al tema de la fe, recordando la importancia del Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica.

A nivel diocesano se pide también organizar eventos catequísticos para jóvenes y para quienes buscan encon­trar el sentido de la vida. La nota indica que la Cuaresma (del 2013) es una buena oportunidad para poner “énfasis especial en pedir perdón a Dios por los pecados cometidos con­tra la fe.”

Igualmente, se pide a las escuelas católicas impulsar iniciativas, pues ellas son “lugares privilegiados para ofrecer a los alumnos un testimonio vivo del Señor y promover entre ellos el cultivo de la fe.”

PARROQUIAS, MOVIMIENTOS Y NUEVOS CARISMAS. En cuanto a las parroquias y nuevas comuni­dades eclesiales, la Congregación para la Doctrina de la Fe llama a los sacerdotes a dedicar mayor atención “al estudio de los documentos del Concilio Vaticano II y del Catecismo de la Iglesia Católica, recogiendo sus frutos para la pastoral parroquial (catequesis, predicación, preparación a los sacramentos, etc.) y propo­niendo ciclos de homilías sobre la fe o algunos de sus aspectos específicos.”

El objetivo es que las parroquias difundan el Catecismo y las ayudas necesarias para evangelizar a las fami­lias, así como misiones populares, a fin de ayudar a otros a “redescubrir el don de la fe bautismal y la responsa­bilidad de su testimonio.”

Si no eres tú, no es nadie. Es verdad que el Papa Benedicto está presentando un programa rico en propuestas y actividades concretas, todas ellas encaminadas a la conse­cución de tres grandes objetivos:

  • Conocer bien nuestra fe

  • Vivirla mediante la celebración y la caridad

  • Anunciarla a quienes buscan a Dios.

Son iniciativas buenas, concretas y prácticas que prometen muchos frutos, pero no basta saber que exis­ten. Los obispos o los sacerdotes no pueden emprender la tarea de llevar adelante todas estas actividades sin nuestra ayuda, la ayuda de los laicos, de los fieles de a pie, que muchas veces solemos quejarnos de que “nadie hace nada…” Cuando ¡nosotros somos los primeros que deberíamos estar haciendo algo! El éxito del Año de la Fe, por tanto, no depende del Papa, ni de los cardenales, los obispos o los sacerdotes: depende de nosotros.

Pongamos, pues, los medios para que en cada una de nuestras comu­nidades surjan ideas, iniciativas y actividades de promoción de la fe que nos lleven a celebrar un año tan especial, que Dios mismo se sienta orgulloso de tenernos como hijos, y nos merezca ser tratados como sus predilectos en esta vida y en el día del Juicio.

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