La Palabra Entre Nosotros (en-US)

Octubre 2013 Edición

Cómo ser un héroe de la fe

La puerta de la fe Fortalece tu fe y tu vida cambiará

Cómo ser un héroe de la fe: La puerta de la fe Fortalece tu fe y tu vida cambiará

Aun cuando el Año de la Fe está a punto de terminar a fines del próximo mes de noviembre, siempre conviene detenerse a reflexionar cómo ha ido creciendo nuestra fe en Cristo y qué podemos hacer para fortalecer cada día más la fe que tenemos, cómo vamos avanzando por el camino de la santificación y cómo podemos profundizar nuestra relación con el Señor.

En su carta apostólica Porta Fidei, con la cual convocó el Año de la Fe, el Papa Emérito Benedicto XVI reveló la inquietud que lo movía de que el pueblo católico tomara conciencia más abierta y profunda del valor y la necesidad de la fe cristiana práctica y vivida, porque la corriente del mundo se va llevando a muchos católicos que no han construido la “casa” de su vida sobre la “roca” de Jesucristo, nuestro Señor.

La fe es indudablemente imprescindible para seguir a Cristo y cumplir la misión que Dios nos dio de vivir, promover y defender los valores del Evangelio, porque la fe nos lleva a iniciar la vida nueva que Jesús hizo posible para todos y “gracias a la fe, esta vida nueva plasma toda la existencia humana en la novedad radical de la resurrección. En la medida de su disponibilidad libre, los pensamientos y los afectos, la mentalidad y el comportamiento del hombre se purifican y transforman lentamente, en un proceso que no termina de cumplirse totalmente en esta vida.” (PF 6).

En este artículo queremos reflexionar sobre la clase de actitud que nos ayudará a todos a crecer en la fe y comunicarla a nuestros familiares, amigos y conocidos.

Antepasados heroicos. Hacia el final de su carta, el Santo Padre nos instó a ser héroes de la fe y tener “la mirada fija en Jesucristo, ‘que inició y completa nuestra fe’” (PF 13), luego de lo cual nos ofrece lo que podríamos considerar una especie de “apéndice” al capítulo 11 de la carta a los Hebreos.

El capítulo 11 de Hebreos comienza con una definición de todo lo que es la fe; luego hace una descripción de los numerosos héroes y heroínas de la historia de Israel: Abel, Enoc, Noé, Abraham, Sara, Jacob, José, Moisés y Rajab, para luego añadir los nombres de Gedeón, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas. Todos estos hombres y mujeres hicieron grandes cosas para Dios y su pueblo debido a la fe que tenían.

En su carta Porta Fidei, el Santo Padre prosigue esta tradición haciéndonos elevar la mirada hacia las muchas otras personas del Nuevo Testamento que también hicieron grandes cosas para Dios. Para esto, comienza con la Santísima Virgen María, Madre de Jesús, que creyó lo que el ángel le dijo y aceptó la invitación de Dios a concebir y dar a luz al Mesías. Luego, prosigue con los apóstoles que, por la fe “dejaron todo para seguir al Maestro” y a continuación amplía su horizonte para comentar cómo la Iglesia primitiva se fue formando por la fe de sus miembros.

El Santo Padre pasa más allá de la Sagrada Escritura para entrar en los siglos de la historia de la Iglesia y menciona a muchos mártires que dieron la vida por el Evangelio; hombres y mujeres cuya fe los movió a hacer votos de obediencia, pobreza y castidad, y se refiere a los “muchos cristianos” que han dedicado toda su vida a trabajar por la justicia y liberar a muchos de la opresión. Y termina señalando que “también nosotros vivimos por la fe: para el reconocimiento vivo del Señor Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia” (PF 13).

La disposición de un héroe. Todos reconocemos el modo en que los héroes de Antiguo Testamento vivieron su fe y nos alegramos por eso, y ciertamente admiramos profundamente la valiente decisión de la Virgen María de declararse la esclava del Señor. A todos nos llegan al corazón los testimonios de los apóstoles y los santos, ¡con mucha razón! porque todas estas son historias muy inspiradoras.

Pero hay algo que va más allá de la simple inspiración cuando contemplamos a estos heroicos hombres y mujeres: El Espíritu Santo usa estas historias para realizar una obra de fe en nuestro interior y nos dice que nosotros también podemos ser como ellos; que podemos ser héroes y heroínas para Dios. Y nos dice lo mismo que el Señor les decía a todos cuando caminaba por los senderos de Israel: “No teman, basta que tengan fe” (Marcos 5,36).

Uno de los mejores modos de tener esta clase de la fe es desarrollar una actitud de apertura ante Dios. Nuestras actitudes son los principales medios por los cuales llevamos a la práctica nuestra vida y el Espíritu Santo quiere tomar estas actitudes y darles la forma correcta; quiere tomar cada actitud que tenemos y elevarla al cielo de modo que se asemeje a las de Jesús.

Si tenemos una actitud alegre, el Espíritu quiere comunicarnos la alegría del Señor; si somos obstinados, quiere que usemos esa energía para buscar la santidad; si somos temerosos, quiere que aprendamos a temer a Dios y a rechazar el pecado y todo lo que nos aparte del camino del Señor.En resumen, el Espíritu Santo quiere derramar su gracia sobre lo más profundo de nuestra personalidad, de modo que en todo tengamos la mirada fija en Cristo Jesús. Así es como nacen los héroes.

Los estudios han demostrado que la actitud que adoptamos cuando nos vemos afrontados a una enfermedad grave, como el cáncer, es de importancia crucial. Los que tienen una actitud positiva y esperanzada tienden a luchar con más éxito contra la enfermedad que aquellos que se dejan agobiar por el cáncer. Del mismo modo, es mucho más probable que una persona de actitud arraigada en la fe y apertura al Espíritu Santo pueda soportar las tormentas de la vida que una cuya actitud sea de duda o incredulidad.

Instintos de fe. Queridos hermanos, Dios quiere formar nuestra personalidad, de modo que desarrollemos la fe como un instinto espiritual que dirija nuestros pasos hacia él. Si le enseñamos a nuestra mente a permanecer concentrada en el Señor y buscar su amor y su voluntad, desarrollaremos instintos espirituales, y cuando surja una dificultad o adversidad, o bien una oportunidad, nuestra atención se enfocará en el Señor en forma casi instintiva, y sabremos que tenemos que pedirle su sabiduría, su ayuda y su fuerza.

Piensa en la Virgen María. Ella y José llevaban tres días buscando a Jesús hasta que lo encontraron en el Templo. Ella le preguntó: “¿Por qué te has portado así con nosotros?” (Lucas 2, 48). Cuando Jesús le contestó que él debía ocuparse de las cosas de su Padre, algo sucedió en el corazón de María. En lugar de encolerizarse, ella se dio cuenta de que este era un momento de gracia. Sus instintos espirituales la llevaron a reflexionar sobre este momento, en lugar de reaccionar de inmediato y casi sin pensarlo.

Piensa también en la mujer que venía sufriendo de hemorragias desde hacía doce años, en los hombres que bajaron a su amigo a través de un agujero en la azotea, o en el centurión cuyo criado estaba a punto de morir. Todos ellos creían y sus instintos, inspirados por la fe, les dijeron que el Señor podría curar sus enfermedades. Sus instintos los llevaron a actuar con decisión y fueron recompensados.

Los fieles de hoy también podemos parecernos a estos héroes y heroínas; podemos tomar nuestros propios momentos de gracia y reflexionar sobre ellos y atesorarlos. Si lo hacemos, nuestra actitud de fe crecerá, y como resultado nuestros instintos de fe serán más claros y más eficaces.

¡Entremos por la puerta! Durante este Año de la Fe, acatemos la llamada del Santo Padre y entremos por la puerta de la fe. Cualquiera sea la condición que tenga nuestra fe ahora mismo, hagamos lo necesario para que sea más firme día a día, mes a mes y año a año, y propongámonos como objetivo, cada uno a su propio modo, llegar a ser héroes y heroínas de la fe.

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