La Palabra Entre Nosotros

Julio/Agosto 2012 Edición

Carta del Editor - Julio/Agosto 2012

Carta del Editor - Julio/Agosto 2012

Queridos hermanos en el Señor:

La presente es una edición doble de la revista, vale decir, cubre dos meses de meditaciones diarias, julio y agosto. Ya se ha hecho una tradición en La Palabra Entre Nosotros que una de sus edicio­nes esté dedicada a la Madre de Dios, y qué mejor que hacerlo en la edición en que recordamos la Asunción de la Santísima Virgen María, el 15 de agosto.

En la actualidad, cuando la mujer sigue siendo postergada en muchos sistemas políticos y económicos, es hora de que la comunidad cristiana haga resaltar la dignidad que tiene la mujer en el plan de Dios. También conviene dejar en claro cuál es el ver­dadero papel de la mujer en la familia y la sociedad, especialmente en esta época en que un porcentaje suma­mente alto de la población femenina participa en la fuerza laboral de todos los países. De estos temas tratan los dos primeros artículos.

El Santo Rosario. Cuando habla­mos de la Virgen María no podemos evitar el pensar en esta forma de ora­ción que ella misma enseñó y que es tan apreciada por los católicos latinoamericanos, en la que los fie­les meditamos en los misterios de la vida de Cristo, pidiendo repetida­mente la intercesión de la Madre de Dios y Madre nuestra. Pero también conviene volver a reflexionar sobre las adiciones que el ahora Beato Juan Pablo II le hizo al Rosario tradicio­nal en 2002: Los misterios de luz o misterios luminosos, que se rezan los días jueves.

También incluimos una breve reseña de lo que experimentaron los niños de Fátima, especialmente Francisco y Jacinta Marto, durante y después de las apariciones de la Santísima Virgen María en esa loca­lidad de Portugal. Murieron siendo todavía pequeños, víctimas de la gripe española, y poco es lo que se habla de ellos, mucho menos que de Lucía dos Santos, la mayor de los tres niños que se hizo religiosa car­melita y que vivió hasta los 97 años de edad.

Una vida ejemplar. Finalmente, concluimos con una semblanza de la vida de San Juan María Vianney, el cura de Ars. Si alguien ha pensado

alguna vez que por no tener estudios especializados, ni medios suficientes, ni pertenecer a una gran parroquia no va a poder servir bien al Señor, la vida del cura de Ars es una demostra­ción palpable de que tal pensamiento es incorrecto, como el mismo Señor le dijo a San Pablo, “Mi amor es todo lo que necesitas; pues mi poder se muestra plenamente en la debilidad” (2 Corintios 12,9).

Que el Señor los bendiga y la Virgen María los guarde bajo su manto.

Luis E. Quezada

Director Editorial editor@la-palabra.com

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