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Febrero 2014 Edición

Carta del Editor - Febrero 2014

Carta del Editor - Febrero 2014

En la vida, la gente hace muchos contratos: contratos de compraventa, de arrendamiento, de trabajo, de sociedades, etc.

Y todos sabemos lo que implica un contrato: adquirir libremente compromisos de aportar algo (dinero, conocimientos, talentos, etc.) y cumplir ciertas obligaciones con la expectativa de recibir los beneficios pactados.

Pero cuando una de las partes deja de cumplir alguna o todas las obligaciones contraídas, hay consecuencias para la parte incumplidora: multa, juicio, sentencia, y a veces hasta la cárcel.

El Dios de la Alianza. Una “alianza” significa un “contrato”. Y esto es precisamente lo que Dios siempre ha hecho desde el principio: alianzas. Y se ha comprometido a cumplir las promesas expresadas en sus alianzas libremente establecidas con su pueblo: bendecirlo, protegerlo, defenderlo y guiarlo. A su vez, el pueblo de Dios se ha comprometido repetidamente a cumplir sus obligaciones contraídas conforme a las alianzas: obedecer todos los mandamientos de Dios, principalmente los de amarlo a él y amar al prójimo como a sí mismo.

Es obvio que los únicos beneficiados hemos sido los humanos, pero es casi increíble que seamos nosotros, los únicos beneficiarios, los que dejamos de cumplir una y otra vez nuestra parte del contrato. Lo hacemos cuando preferimos nuestros propios razonamientos; cuando no hacemos caso de los mandamientos de Dios, por arrogancia o egoísmo; cuando todo lo que buscamos en la vida es el bienestar material y la satisfacción pasajera, cueste lo que cueste. El hecho de no cumplir los mandamientos de Dios es lo que se llama “pecado” y las consecuencias son nefastas, tanto en esta vida como en la próxima.

El Señor está noche y día esperando que regresemos a su redil, como esperaba el padre al hijo pródigo, y tratando de decirnos que nada de lo que hay en este mundo podremos llevarlo a la vida del mundo futuro. Sólo nos llevaremos las obras buenas o malas que hayamos hecho.

En esta edición de la revista reflexionamos sobre estas verdades, porque lo menos que podemos hacer los fieles de Dios es vivir y actuar como tales.

La Jornada Mundial de la Juventud. Nos alegramos de incluir un artículo escrito por el Padre Juan Puigbó sobre lo que el Papa Francisco les dijo a los jóvenes en la XII Jornada Mundial de la Juventud y algunos testimonios de jóvenes que viajaron a Brasil con este motivo. ¡Ojalá haya muchos jóvenes más que se enamoren de Cristo y participen con ese mismo entusiasmo en las actividades que se realizan en las parroquias para la juventud!

Reciban nuestros mejores deseos de paz y abundantes bendiciones del Señor.

Luis Quezada, Editor | Escriba una correo al Editor

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