Catholic Meditations

Meditación: Marcos 4, 26-34

Lectura correspondiente

Herramientas

“La semilla germina y crece” (Marcos 4, 27)

Cuando nos enteramos de todos los problemas que hay actualmente en la sociedad, a veces nos preguntamos si Dios sigue controlando lo que sucede en el mundo. Estas dudas quedan disipadas cuando leemos la parábola de la semilla de mostaza, en la cual Jesús dice que la semilla brota y crece aunque el sembrador esté durmiendo. El Reino de Dios está escondido en medio del mundo; Dios lo produce de un modo misterioso e invisible; la mano de Dios trabaja y su Reino vendrá a ser un lugar de reposo y amor para muchos.

El labrador confía que después de preparar el terreno y sembrar, la semilla producirá una cosecha “sin que sepa cómo”. Se limita a hacer su parte y espera que la naturaleza haga el resto. Del mismo modo, podemos confiar que el Reino de Dios está creciendo en nuestro medio. Hacemos lo que podemos para prepararnos para él (Marcos 4, 14-19) y con el tiempo, Dios lo hará fructificar. Si somos obedientes, él nos usará como instrumentos para cumplir su obra. El Reino crece a medida que Dios lo hace crecer, tal como la semilla brota sin la ayuda del labrador.

Por eso hay que meditar sobre las parábolas de Jesús con la mente y con el corazón. La parábola del sembrador representa la vida de la Iglesia, porque al tratar de vivir santamente y difundir el Evangelio, estamos sembrando, regando y dando de comer. Dios mismo ve nuestro trabajo y bendice el esfuerzo que hacemos; así, tal como sucede con la semilla de mostaza, la fidelidad al Señor producirá abundante fruto, es decir que el Señor bendice la fe de su pueblo para que la Iglesia crezca hasta transformarse en un lugar al cual muchos vienen buscando descanso y consuelo del vacío y del pecado del mundo.

La Iglesia es un refugio para los necesitados: pobres, solitarios, enfermos, presos, oprimidos y todos los que proclaman la palabra de vida. La obra de Dios siempre se reconoce en la cosecha, pero también hay que reconocerla antes; no es el trabajo nuestro el que edifica la Iglesia, sino la obra impulsada y guiada por el Espíritu Santo. El Señor quiere hacer crecer la semilla de su Palabra en tu corazón. ¿Lo tienes bien preparado, como un terreno fértil, sin malezas ni piedras?

“Padre celestial, enséñanos a confiar en ti como Señor de la Iglesia. Danos la gracia de hacer tu voluntad, y confiar que tu amor perfecto establecerá el Reino prometido.”

Hebreos 10, 32-39
Salmo 36, 3-6. 23-24. 39-40

Comentarios