Catholic Meditations

Meditación: Marcos 6, 30-34

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Santos Pablo Miki y compañeros

Jesús vino al mundo principalmente a librar a los humanos de la ignorancia y el pecado. Durante todo su ministerio terrenal, se vio rodeado de multitudes pero, con gran compasión y comprensión, se dio el tiempo necesario para “enseñarles muchas cosas” (Marcos 6, 34). En efecto, no fue sino hasta que les había dado alimento para el corazón y la mente, es decir, el mensaje del Evangelio, que empezó a preocuparse de sus necesidades físicas y les dio de comer pan y pescado; pero incluso éste fue un momento de enseñanza, porque el pan era una prefiguración del banquete de la Sagrada Eucaristía.  

En la Santa Misa vemos que la Liturgia de la Palabra viene antes de la Liturgia de la Eucaristía, porque no hemos de aproximarnos a la mesa del Señor sino hasta tener el corazón y la mente llenos de su verdad. ¡Qué importante es poner atención a la proclamación de la Palabra de Dios y reflexionar detenidamente en lo que nos dicen las Sagradas Escrituras! Naturalmente experimentar el amor de Dios es algo vital, pero es nada más que una parte de la ecuación. Los humanos tenemos intelecto, emociones y voluntad, y si no nos preocupamos de alimentar el alma, no seremos capaces de doblegar eficazmente la naturaleza caída propia de la condición humana, porque no sabremos percibir la acción de Dios en nuestro corazón y en el mundo. De manera que no basta saber que el Señor está allí, también es preciso saber cómo actúa y someter nuestra vida a sus enseñanzas.  

¿Deseas recibir la paz de Cristo? ¿Quieres verte libre de los pecados que te mantienen atrapado? Sumérgete de lleno en la Palabra de Dios para conocer la sabiduría divina; pídele al Espíritu Santo que te abra la mente cada vez que vas a Misa, y no te olvides de colocar la Biblia en un lugar visible de tu casa, para recordar que cada día debes alimentar tu espíritu. Sé ocurrente, creativo y mantente alerta; haz lo que sea necesario para leer el texto sagrado todos los días y aplicarlo en tu vida práctica. Recuerda que todos los días el Maestro está esperando a que le abras la puerta de tu corazón.  

“Señor y Dios mío, te pido que me llenes cada día más de tu divina sabiduría y no permitas que me desvíe siguiendo sendas torcidas y pecaminosas.”

1 Reyes 3, 4-13
Salmo 119(118), 9-14

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