Catholic Meditations

Meditación: Mateo 5, 1-12

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Todos los Santos

Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos (Mateo 5, 3)

El Espíritu Santo está constantemente en acción para hacernos ver lo incapaces que somos de complacer a Dios con nuestros propios recursos. El Señor quiere enseñarnos que cada vez que nos damos cuenta de cuánto hemos pecado, de la dureza con que hemos actuado o de la forma como acomodamos nuestras reacciones y actitudes según nos convenga, todas estas son ocasiones en las que él nos invita a soltar las riendas de nuestra vida y pedirle al Señor que sea él quien dirija nuestros pasos. Esta es la valiosa lección que San Pablo aprendió en todas sus aflicciones: “Así como los sufrimientos de Cristo se desbordan sobre nosotros y nosotros sufrimos con él, así también por medio de Cristo se desborda nuestro consuelo” (2 Corintios 1, 5).En las Bienaventuranzas, Jesús enseñó lo que significa para el creyente vivir según el poder del Espíritu Santo. Por ejemplo, los pobres de espíritu saben que ellos no tienen lo que necesitan para hacer la voluntad de Dios en la tierra. Por eso claman al Señor pidiendo fortaleza. Los que lloran por el pecado que ven en su corazón anhelan recibir el perdón y el consuelo de Dios. Los que son de corazón limpio y sufren por hacer lo bueno y rechazar lo malo, podrán ver a Dios. Ninguna de estas actitudes se aprende en el aislamiento, sino en el ajetreo de la vida cotidiana, al encontrarse con el pecado que hay en el mundo y con la oscuridad de nuestro propio corazón.

Dios conoce nuestros sufrimientos mejor que nosotros mismos y nos pide que nos apoyemos en él. A su vez, nos promete darnos fortaleza y libertad, para que vayamos creciendo según el modelo de su propia imagen. No nos escudemos tras nuestras propias pruebas; confiemos más bien en Jesús de todo corazón para que también seamos de los bienaventurados de Dios. Cada vez que nos enfrentemos cara a cara con el pecado, corramos a refugiarnos en los brazos de nuestro Padre, que no sólo nos perdonará, sino que nos llenará de su poder y su gracia.

“Padre eterno, sé que hay millones de creyentes que están sufriendo hoy mismo por su fe en tu Hijo. Envía tu Espíritu Santo a consolarlos y darles fuerzas cuando te piden ayuda.”

Apocalipsis 7, 2-4. 9-14; Salmo 23, 1-6; 1 Juan 3, 1-3

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