Catholic Meditations

Meditación: Hechos 3, 1-10

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En el nombre de Jesucristo nazareno, levántate y camina. (Hechos 3, 6)

El Señor curó a cuantos tenían enfermedades físicas y espirituales, obra que fue continuada por la Iglesia primitiva. Los apóstoles anunciaban el Evangelio y muchos enfermos se curaban. Seguramente el lisiado de nacimiento, de la primera lectura de hoy, jamás había pensado que podría sanar y se limitaba a pedir limosna. Pero Pedro, confiando en el poder del nombre de Jesús, le dijo: “No tengo ni oro ni plata, pero te voy a dar lo que tengo: En el nombre de Jesucristo nazareno, levántate y camina” (Hechos 3, 6). El lisiado no sólo se puso de pie y caminó, sino que entró en el templo, con Pedro y Juan, ¡caminando, saltando y alabando a Dios!

Cuando le pidieron explicaciones a Pedro, éste valientemente anunció que fue “el nombre de Jesús y la fe en él… lo que ha robustecido los miembros de este hombre al que están viendo y todos conocen” (Hechos 3, 16).

Hoy necesitamos un resurgimiento de la fe y la confianza de que pueden suceder curaciones cuando los cristianos oramos con fe en el nombre de Jesús. En efecto, a veces el Señor altera el curso de la naturaleza de manera soberana y misteriosa para curar enfermedades, algunas muy graves, sin que los médicos puedan explicar lo sucedido. No son tan frecuentes, pero sí suceden, especialmente cuando se hacen oraciones colectivas, como sucede en las llamadas “misas de sanación”.

No todas las curaciones tienen que ser milagrosas, porque la oración hecha con fe y confianza también contribuye al proceso curativo normal y el enfermo se recupera antes y mejor de lo previsto por los médicos. Así, pues, si tú estás enfermo, o hay un enfermo en tu familia, pídele la curación al Señor orando con fe y dejando que él te use como instrumento suyo. Si rezas confiado en que Jesús está allí escuchando tu oración y que estira su mano para tocar al paciente y comunicarle la salud completa, es muy posible que el enfermo sane. Si no lo has hecho hasta ahora, inténtalo con insistencia y los resultados te sorprenderán.

“Señor, Dios todopoderoso, por tu gran misericordia, quédate con nosotros ahora, para que sanemos de las enfermedades y recobremos el vigor y la salud, para gloria de tu nombre. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.”

Salmo 104, 1-4. 6-9; Lucas 24, 13-35

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