Catholic Meditations

Meditación: Juan 21, 15-19

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Santa Rita de Casia, religiosa

¿Me amas más que éstos?… Apacienta mis corderos. (Juan 21, 15)

¿Por qué le hizo Jesús esta pregunta a Pedro y luego le dijo que cuidara a sus seguidores? ¿Qué tiene que ver lo uno con lo otro? Jesús ya había muerto y resucitado; ya se había revelado a sus apóstoles y había soplado el Espíritu Santo sobre ellos. ¿Qué más podían pedir? Ahora había llegado la hora de poner en práctica el amor de Cristo, pero ¿cómo? Lo harían obedeciendo los mandamientos del Señor y propagando por el mundo la buena noticia de su amor. En realidad, lo que Jesús le estaba diciendo a Pedro era: “Si me amas, harás lo que te he pedido que hagas; si me amas, tu amor se demostrará en tus obras.”

Cada día, todos enfrentamos el mismo desafío que Jesús le planteó al apóstol a orillas del Mar de Galilea. El amor que Jesús le pedía —y que nos pide a todos— no es esforzarse por sentir una emoción determinada, sino por realizar un acto de la voluntad. Este amor es desinteresado, más atento a las necesidades de los demás y lleno de confianza y esperanza. Así es como Jesús ama a sus fieles.

Es cierto que el amor se expresa con obras, pero obras que se hagan, no para sentirse uno satisfecho, sino para beneficiar al prójimo, sobre todo en casa, y especialmente en situaciones de dolor, necesidad o desorientación.

Si tú reconoces que no estás dando este fruto de amor en tu vida, no te preocupes; no te sientas inepto para aceptar la gran llamada a compartir el amor y el mensaje de Cristo. Vuelve a Jesús y pídele que te llene más. Tal vez tengas necesidad de un mayor arrepentimiento o renovación de tu compromiso de orar y recibir los sacramentos, pero siempre puedes creer que cuando te presentes humildemente ante el Señor y le confíes tus necesidades, él te bendecirá con abundancia.

Jesús nos pregunta hoy “¿Me amas más que éstos?”, pero también nos promete “Si me dejas actuar en ti, te llenaré de mi amor y este amor será como un poderoso oleaje que te llevará a ser mi testigo en el mundo.”

“Jesús, Señor mío, te doy gracias por tu inmenso amor y misericordia. Continúa llenándome, te lo ruego, para que tu bondad fluya de mí hacia mis familiares y amigos y así muchos más te conozcan.”

Hechos 25, 13-21; Salmo 102, 1-2. 11-12. 19-20

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