Catholic Meditations

Meditación: Mateo 9, 32-38

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“La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos.” (Mateo 9, 37)

Jesús fue por toda Galilea predicando la buena nueva y curando a los enfermos. El plan de Dios era no sólo que Jesús predicara y sanara, sino que preparara a hombres y mujeres para continuar su obra a través de los siglos, por eso les pidió a sus discípulos que oraran para que Dios enviara a más trabajadores.

¿Por qué no oramos tanto hoy para que Dios envíe trabajadores a su viña? En primer lugar, porque generalmente no nos damos cuenta de que el mundo se encuentra en situación desesperada. El mal y las corrientes anticristianas siguen avanzando en la sociedad actual, y los ataques contra la fe, la Iglesia y la libertad religiosa se hacen más patentes en muchos lugares del mundo.

Lo trágico es que la mayoría de los cristianos solamente se encogen de hombros en actitud de impotencia y otros se vuelven contra Dios o contra la Iglesia. Engañados por el maligno, no saben discernir entre la verdad y la falsedad. 

Jesús lo vio claramente en su día: las personas se sentían acosadas y atormentadas por los problemas de la vida, el sufrimiento y la muerte; eran como ovejas sin pastor, confundidas, perdidas y vulnerables a todo tipo de ataques satánicos. ¿Podemos en realidad decir que las cosas sean diferentes hoy en día?

Jesús tuvo gran compasión de todos; su amor le impulsaba a orar y actuar. De la misma forma, es esencial ver que muchos que nos rodean necesitan amor y atención.

Por lo general, si no oramos pidiéndole al Señor más trabajadores cristianos es que no reconocemos que hay necesidad y desconocemos el poder de la oración. La petición de trabajadores para el Reino es una oración que Dios desea oír y responder.

Jesús nos mandó orar porque la oración es necesaria y poderosa y porque Dios quiere que todos se salven, para que todo hombre y mujer conozca su gran amor y llegue a depositar su fe en él. Pero para que esto suceda, hemos de interceder regularmente ante Dios, con fervor y fidelidad, por el mundo que nos rodea.

“Padre eterno, envía a más servidores que se dediquen a la predicación del Evangelio y sean modelos de rectitud, te rogamos, y concédenos tu gracia para dar testimonio del poder sanador de Jesucristo en nuestra propia vida. Queremos ser trabajadores en tu viña.”

Génesis 32, 22-32
Salmo 16, 1-3. 6-8. 15

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