Catholic Meditations

Meditación: Juan 10, 11-18

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Cuarto Domingo de Pascua

Jesús dijo a sus discípulos que nadie tiene un amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Este fue el amor que él demostró perfectamente muriendo en la cruz y entregando su vida voluntariamente por cada uno de nosotros.

Es asombroso pensar que, aunque uno fuera la única persona en el mundo, el Señor siempre habría dado libremente su vida para salvarla. Cuando San Pedro se dio cuenta de esto, brotó en él la decisión y la valentía necesarias para declarar que no hay ningún otro nombre en toda la humanidad que pueda merecernos la salvación.

La sabiduría de Dios le parece tontería al que no cree, pero siempre triunfa, incluso en los momentos más difíciles. ¿Quién sino Dios pudo disponer que Jesús fuera rechazado por su propio pueblo y hasta abandonado por sus seguidores más cercanos? Pero esta es la insondable sabiduría de Dios. Nos amó tanto que voluntariamente sacrificó a su único Hijo —a quien ama por sobre todas las personas y las cosas— sólo para poder reconciliarnos consigo. Es tal como lo declara la primera carta de San Juan: “¡Miren cuánto nos ama Dios el Padre, que se nos puede llamar hijos de Dios y lo somos!” (1 Juan 3, 1).

Cuando no podemos encontrar solución a nuestros problemas, debemos buscar la mano de Dios; porque hasta en los sucesos inesperados de la vida, él está actuando para llevarnos a su lado. Son ocasiones en que su sabiduría es tan superior a la nuestra que lo único que podemos hacer es tener fe y confiar. En esos momentos, el Señor nos invita a orar: “Jesús, en ti confío”. Cuando nos sentimos agobiados por los problemas y las consecuencias de nuestros propios pecados y los de los demás, podemos decirle: “Padre, en tus manos me entrego.” Cuando la vida nos parece insoportable, podemos mirar a la cruz y decir: “Señor, que te entregaste por mí, ayúdame a creer.”

“Espíritu Santo, Consolador mío, sé hoy mi fortaleza y revélame el glorioso Evangelio de Jesucristo, nuestro Señor. Me abandono en tus manos y confío en ti con todo lo que tengo y todo lo que soy.”

Hechos 4, 8-12; Salmo 117, 1. 8-9. 21-23. 26. 28. 29; 1 Juan 3, 1-2

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