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Es posible que el gran mandamiento de Jesús, que leemos hoy, nos cause cierto temor, porque tal vez pensamos que para amar a Dios con todo lo que somos —corazón, alma e inteligencia— tenemos que estar constantemente realizando actos heroicos de virtud y perfección.
Si pensamos así, pronto nos daremos cuenta de que no somos capaces de hacer siempre cosas grandes o virtuosas. Pero el amor divino no se fija tanto en el hacer grandes cosas; más bien, son los pequeños actos de amor, compasión y generosidad de cada día los que nos permiten vivir en cierta medida el gran mandamiento de Cristo.
La vida espiritual se nutre de un constante diálogo de amor con Dios. Por ejemplo, la Escritura dice que Moisés era amigo de Dios (Éxodo 33,11) porque llegó a tener una gran intimidad con el Señor. Nosotros también debemos acercarnos a Dios con la confianza que nos da la fe en el amor y la muerte redentora de Cristo. Dios es nuestro amigo; Él nos fortalecerá y nos guiará cada vez que lo “visitemos” en la oración, meditemos en su palabra y lo adoremos en la Santa Misa.
Piense cómo usted se relaciona con sus amigos y seres queridos. Sin duda que los visita y conversa con ellos, les demuestra cariño, aprecia sus opiniones o sus palabras de aliento e incluso les pide perdón si los llega a ofender. Esta es la misma manera en que debemos tener comunión con el Padre. Como sucede con cualquier amistad sincera, mientras más tiempo dediquemos a conocer y amar a Dios, más tiempo desearemos estar en su presencia.
¿Se considera usted feliz? Dele gracias a Dios por todas las bendiciones que ha recibido. ¿Tiene obstáculos en la vida? Pídale ayuda al Señor para resolverlos. ¿Alguien lo ha ofendido? Pídale a Jesús que le ayude a perdonar, así como Él lo ha perdonado a usted, y buscar la reconciliación con el ofensor. ¿Tiene alguna enfermedad o necesidad espiritual? Pídale al Médico Divino que le restaure la salud. ¿Ha cometido algún pecado? ¡Corra a los brazos de su Padre misericordioso y reciba su amor purificador y una vida nueva!
“Padre celestial, enséñanos a experimentar tu amor incondicional e infinito. Ayúdanos a acudir a tu lado cada día como hijos tuyos y mantenernos en comunión contigo en cada momento de nuestra vida.”
Rut 1,1.3-6.14-16.22
Salmo 146,5-10