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Son las cinco de la mañana y el despertador te hace saltar de la cama.
Los tiempos son difíciles y los trabajos escasos, así que te levantas rápidamente, te vistes y tomas el bus hacia la ciudad, con la esperanza de que alguien te contrate. A las siete de la mañana, el dueño de una finca te contrata por un día y te ofrece 100 dólares. Mientras cosechas el producto, observas que a diferentes horas del día han llegado nuevos trabajadores, incluso hasta las cinco de la tarde.
Finalmente, a las seis, el capataz los llama a todos y les entrega la paga aceptada: 100 dólares a cada uno, empezando por los que llegaron al final. ¿Cómo reaccionarías tú? ¿Dirías que el patrón fue injusto y desearías haberte esforzado menos? ¿O te agradaría ver que otros —tal vez más necesitados que tú— pudieron trabajar también y sustentar a sus familias? Jesús contó esta parábola para enseñar que Dios es generoso y ofrece el don de la salvación a todos, incluso a los que llegan a la fe al final de la vida, después de años de oscuridad y pecado.
Sí, es cierto que no podemos reclamarle nada a Dios. Cuando nos bendice, debemos agradecerle por su generosidad y tratar de compartir esa generosidad con quienes también la necesitan, sin comparar si dichas bendiciones son más o menos que las que reciben otras personas, ni hacer alarde de lo que hemos recibido nosotros, como si Dios tuviera deuda con nosotros. Tampoco debemos resentirnos cuando otros “llegan tarde” a la fe en Dios, posiblemente después de una vida de egoísmo, indiferencia o pecado y, al convertirse, el Señor les colma de bendiciones.
Algunos hemos entendido y aceptado la salvación en Jesús a una edad temprana y hemos pasado años sirviendo a Dios en la parroquia, la familia y la comunidad. Pero si estamos realmente agradecidos de nuestra salvación, debemos alegrarnos cuando otros aceptan a Jesús, sin importar cómo haya sido su pasado. Así como los ángeles del cielo se llenan de gozo cuando un pecador se arrepiente (Lucas 15,10), debemos dar una alegre bienvenida a todos los que van entrando al reino de Dios a ¡cualquier hora del día!
“Padre celestial, el mundo tiene gran necesidad de Ti. Envía a más trabajadores a recoger la cosecha, para que todos escuchen tu Evangelio y reciban tu salvación.”
Jueces 9,6-15
Salmo 21,2-7