Catholic Meditations

Meditación: Mateo 19,23-30

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En la antigüedad se entendía que en general Dios bendecía a sus escogidos dándoles riquezas materiales y que a los malvados les traía la ruina.

Por esta razón, seguramente los discípulos deben haberse asombrado cuando Jesús les dijo que sería difícil para los ricos entrar al cielo. ¿Acaso las riquezas no eran resultado de la bendición de Dios? En realidad, suele suceder que quienes confían nada más que en sus bienes materiales y recursos económicos tienen dificultad para entregarse a Dios. En este pasaje, Jesús explica que el Padre desea que sus hijos lo amen por sobre todas las cosas, porque de esa forma los bienes materiales y el dinero no tendrán una importancia excesiva.

Los que se entregan a Jesús sin reservas pueden renunciar a todo lo que sea obstáculo para mantenerse en comunión con el Señor. Los bienes materiales, el prestigio social o la posición social deben ser menos importantes que Dios, ya que ninguna de estas cosas puede salvarnos. Es cierto que, a veces, los bienes nos ayudan a crecer en la vida espiritual, pero también, si no los usamos bien, pueden alejarnos de Dios. Todo depende de que el Señor sea lo más importante en nuestro corazón.

Jesús sabía que para nosotros es imposible renunciar del todo a las cosas de este mundo; por eso nos aconsejaba que, cuando nos viéramos atribulados, no recurriéramos a nadie más que a Dios. Esto es lo que quiso decir con su afirmación: “Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible” (Mateo 19,26). El Padre quiere que todos sus hijos sean felices y tengan lo necesario para vivir en paz y con alegría; pero que también reconozcan sus faltas y errores, se arrepientan y le pidan perdón por medio de su Hijo Jesucristo. Si hacemos esto, contentándonos con lo que tenemos y confiando en el Señor, podremos mantener la fe y vivir en comunión con Dios.

“Señor, Salvador nuestro, ven y purifica nuestros corazones de todo apego terreno. Envía tu Espíritu Santo para que tu amor arda en nuestro corazón y así amemos al Padre más que a todo lo demás.”

Jueces 6,11-14

Salmo 85,9.11-14

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