Catholic Meditations

Meditación: Lucas 1,39-56

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La Asunción de la Virgen María

En una catequesis mariana pronunciada en 1995 con motivo de la fiesta de la Asunción de la Virgen María, el Papa Juan Pablo II dijo:

“‘María ha sido llevada al cielo, se alegra el ejército de los ángeles’, proclama la liturgia de hoy en el canto al Evangelio. Pero se alegra también el ejército de los hombres de todas las partes del mundo. Y numerosas son las naciones que consideran a la Madre de Dios como Madre y Reina. En efecto, el misterio de la Asunción está unido a su coronación como Reina del cielo y de la tierra; ‘Toda espléndida, la hija del rey —como anuncia la liturgia de hoy (Salmo 45,14)— para ser elevada a la derecha de su Hijo: ‘De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir’ (antífona del salmo responsorial).

“La Asunción de María es una participación singular en la resurrección de Cristo. San Pablo pone de relieve esta verdad, anunciando la alegría por la victoria que Cristo consiguió sobre la muerte con su resurrección, ‘Porque Cristo tiene que reinar hasta que todos sus enemigos estén puestos debajo de sus pies y el último enemigo que será derrotado es la muerte’ (1 Corintios 15,25-26). La victoria sobre la muerte, que se manifiesta claramente el día de la resurrección de Cristo, concierne hoy de modo particular a su madre. Si la muerte no tiene poder sobre él, es decir sobre su Hijo, tampoco tiene poder sobre la madre, o sea, sobre aquella que le dio la vida terrena.

“Cristo ha resucitado, venciendo la muerte, efecto del pecado original, y abraza con su victoria a todos los que aceptan con fe su resurrección, y ante todo a su Madre, librada de la herencia del pecado original mediante la muerte redentora del Hijo en la cruz. Hoy, Cristo abraza a María, inmaculada desde su concepción, acogiéndola en el cielo en su cuerpo glorificado, como acercando para ella el día de su vuelta gloriosa a la tierra, el día de la resurrección universal que espera la humanidad. La Asunción al cielo es como una gran anticipación del cumplimiento definitivo de todas las cosas en Dios, según cuanto escribe el apóstol: ‘Entonces vendrá el fin, cuando Cristo derrote a todos los señoríos, autoridades y poderes, y entregue el reino al Dios y Padre’ (1 Corintios 15,24).

“La solemnidad de la Asunción pone ante nuestros ojos el reinado de nuestro Dios y el poder de Cristo sobre toda la creación.”

“Padre eterno, así como la Santísima Virgen María participó en la victoria mesiánica de su Hijo, que concluyó con la glorificación de su cuerpo virginal, permite, Señor, que los creyentes de hoy lleguemos también un día a participar en la gracia de la vida celestial y la resurrección corporal.”

Apocalipsis 11,19; 12,1-6.10

Salmo 45,10-12.16

1 Corintios 15,20-27

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