Catholic Meditations

Meditación: Juan 6,60-69

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Josué, que en el Antiguo Testamento dirigió al pueblo escogido en la conquista de la tierra prometida, tenía ciertas cosas en común con Pedro, el pescador que Jesús escogió para dirigir su Iglesia.

Tanto Josué como Pedro sabían lo que significaba ser fieles a Dios cuando surgían las dificultades y cuando muchos se quedaban por el camino. Como ayudante de Moisés, Josué escuchó lo que la gente murmuraba contra Dios durante la peregrinación por el desierto; Pedro, discípulo de Jesús, sabía que los otros seguidores comentaban que las palabras de Cristo, de que Él era “el pan de vida”, eran demasiado “difíciles” de aceptar (Juan 6,60). Pero los dos reconocieron que las cosas extraordinarias que habían presenciado eran obras auténticas de Dios: Josué vio que los hebreos quedaban libres de la esclavitud en Egipto; Pedro presenció las curaciones y milagros de Jesús y los dos ratificaron su convicción en una impresionante declaración de fe (Josué 24,15; Juan 6,68-69).

“Señor, ¿a quién podemos ir? Tus palabras son palabras de vida eterna” (Juan 6,68). Tal vez la primera parte de lo que dijo San Pedro evoca su vida antes del encuentro con Cristo; una época de inestabilidad y desorientación, con escaso sentido de la presencia y el poder de Dios. Jamás había conocido a nadie que pronunciara palabras tan esperanzadoras y reconfortantes como las de Jesús.

Pedro reconocía que el Señor hablaba con la autoridad y el poder de Dios, ya que sus palabras despertaban en él la fe en Cristo y veía lo que hacía: las curaciones milagrosas, la tormenta calmada, los muertos resucitados. Siendo testigo de semejantes maravillas, declaró sin vacilar: “Nosotros ya hemos creído, y sabemos que Tú eres el Santo de Dios” (Juan 6,69).

Los cristianos de hoy también hemos visto y comprobado la bondad del Señor en muchos aspectos. ¿Te han servido estas experiencias para fortalecer tu decisión de seguir al Señor? En esta semana haz un esfuerzo especial de buscar momentos de oración y reconocer lo que Dios hace o ha hecho en tu vida y en la de muchos otros.

“Amado Señor, te damos gracias porque sabemos que nos amas mucho y nos perdonas. Concédenos la gracia de escuchar tus palabras con amor y fe y ponerlas en práctica, porque Tú tienes palabras de vida eterna.”

Josué 24,1-2.15-17.18

Salmo 34,2-3.16-21

Efesios 5,21-32 o Efesios 5,2.25-32

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