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San Bartolomé Apóstol
Muchos autores creen que aquel apóstol que San Juan llama “Natanael” es el mismo que San Mateo, San Lucas y San Marcos llaman “Bartolomé”, amigo y compañero de Felipe. De hecho, al parecer “Bartolomé” (que significa “hijo de Tolomé”) venía a ser su apellido, de modo que según la costumbre moderna, su nombre completo sería Natanael Bartolomé.
San Juan dice que cuando Jesús vio a Natanael por primera vez, éste estaba sentado bajo una higuera, figura que para los judíos del siglo I significaba que la persona estaba haciendo oración. Probablemente estaba meditando muy seriamente en la ley de Dios y pidiéndole al Señor que le indicara lo que debía hacer en el futuro. En eso estaba cuando vino Jesús y leyó sus pensamientos. Vio que era hombre de oración y le prometió el premio de un hombre de oración: Ver los cielos abiertos. Desde entonces Bartolomé fue un discípulo incondicional de Cristo Jesús. Con los otros 11 apóstoles presenció los admirables milagros de Jesús, oyó sus sublimes enseñanzas y recibió el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego.
El Martirologio Romano dice sobre San Bartolomé que “predicó el Evangelio en la India; después pasó a Armenia, donde convirtió a mucha gente. Más tarde, su apostolado fue coronado con el martirio.”
Tengamos, pues, el corazón bien dispuesto para recibir la revelación de Jesús, tal como la tuvo Bartolomé; así aprenderemos a amar de corazón a nuestro Salvador, que nos enseñará a vivir para Él y dar testimonio de su amor y su perdón. Si buscamos a Dios con fe y humildad, orando y meditando en sus mandamientos y enseñanzas, Él cambiará nuestro corazón y nos purificará cada vez más. En efecto, si dedicamos tiempo a orar y meditar con fe y amor en la Palabra de Dios, el Señor nos bendecirá tal como bendijo a Bartolomé: nos dará a conocer las verdades de su Reino y a Jesús, el Hijo de Dios y Rey de Israel.
“Oh, Dios omnipotente y eterno, que hiciste este día tan venerable con la festividad de tu Apóstol San Bartolomé, concede a tu Iglesia amar lo que él creyó y predicar lo que él enseñó. Por Nuestro Señor Jesucristo. Amén.”
Apocalipsis 21,9-14
Salmo 145,10-13.17-18