Catholic Meditations

Meditación: Lucas 4, 16-30

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Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura, que ustedes acaban de oír (Lucas 4, 21)

Cuando el Señor empezó a predicar la buena nueva en Nazaret, sus paisanos se negaron a creer que él fuera el Mesías porque no concordaba con el concepto que ya se habían formado y, además, porque era un vecino de la misma ciudad. Se negaron a reconocer que las hazañas milagrosas y los portentos que hacía el Señor demostraran su divinidad. Si lo hubieran pensado con más humildad y sinceridad, tal vez se habrían convertido.

Y tú hermano, ¿qué piensas? ¿Estás convencido de que Jesucristo es el Mesías y el Hijo de Dios? ¿O te parece que sus enseñanzas de alguna manera pueden “confundir” tu entendimiento? Como lo dijo el propio Cristo, un profeta se conoce por sus frutos. Si lo que Jesús enseñó e hizo es positivo y se manifiesta en frutos de paz, amor y alegría, por supuesto que su mensaje es auténtico y digno de ser creído. Hoy circulan muchas filosofías, opiniones, enseñanzas y doctrinas, que por lo general se contradicen unas a otras. ¿Cómo saber cuáles son las útiles y auténticas?

En esto se requiere el don del discernimiento, que nos da el Espíritu Santo que recibimos desde el Bautismo. Lo más sencillo es comparar esas doctrinas con lo que nos enseña el Señor en su Palabra y en el Magisterio de la Iglesia. Ambas fuentes tienen más de dos mil años de autenticidad y han sido probadas por innumerables maestros, santos, teólogos y fieles a través de los siglos, sin contradicciones ni opiniones dispares. Estas fuentes son las que nos muestran el camino seguro. En cambio, ¿quién garantiza que cualquier otra filosofía contraria o diferente sea cierta y verdadera?

Sabiendo esto, conviene hacerse el propósito de seguir a Cristo fielmente día tras día. En tu oración diaria declara que Jesús es tu Señor, tu Salvador, y dale gracias por su amor. Durante el día haz el esfuerzo consciente de mantener al Señor presente en tu recuerdo. Si le hablas con frecuencia, descubrirás que Jesús te va acompañando paso a paso en tus quehaceres diarios e irá iluminando tu mente para entender cada situación y saber cómo reaccionar correctamente.

“Amado Señor, sé que tú eres el Mesías prometido, y que me amas tal como soy. Ayúdame, Señor, a ser mejor cada día para recibir mejor tu amor y tu perdón.”

1 Corintios 2, 1-5; Salmo 118, 97-102

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