Catholic Meditations

Meditación: Juan 19, 25-27

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Nuestra Señora de los Dolores

Ahí está tu madre. (Juan 19, 27)

La Iglesia celebra hoy la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, recordando a la Virgen María como ejemplo perfecto de aquella que permaneció fiel hasta el fin al pie de la cruz. Es la más universal de todas las advocaciones de la Virgen, pues no está vinculada a una aparición, sino que recuerda los dolores que sufrió la Madre de Jesús. Esta devoción a la Dolorosa nos recuerda que María estuvo dispuesta a soportar todas las pruebas, dificultades y sufrimientos con tal de permanecer junto a su Hijo. En efecto, pese al enorme dolor, ella se mantuvo al lado de Jesús orando por él y acompañándolo, aunque eso significara verlo morir en la cruz.

¿Cómo reaccionamos nosotros cuando la vida nos presenta grandes pruebas y momentos críticos? A veces es sumamente difícil permanecer fieles a Dios, aunque sabemos que el Señor comprende perfectamente bien todo lo que nos sucede. Entonces, ¿cómo podemos imitar la fe de la Virgen María? ¿Cómo podemos permanecer con ella al pie de la cruz?

Algo que tú puedes hacer, querido lector, es afirmar en tu corazón algunas verdades acerca de Dios y las bendiciones que te ha dado. Recuerda pasajes de la Escritura, tales como “Si Dios está a nuestro favor, ¿quién estará en contra nuestra? (Romanos 8, 31). O bien, reclama como tuyas las promesas de la Escritura: “Que la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, custodie sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4, 7). Proclama tu confianza en el Señor, sabiendo que él te ama y cada día te va acercando más a su lado. Lee los salmos que contienen hermosas súplicas de la vida real hechas a Dios en momentos de tribulación, por ejemplo el salmo 31 o el 73.

Sea como sea que decidas afrontar los pesares y sinsabores de la vida, has de saber que Dios es la Persona más bondadosa que existe. Sea que tú sientas o no que las palabras con las que oras son verdaderas, cree que lo son, porque mientras las declares con fe, el Señor vendrá en tu ayuda.

“Amada Virgen María, ¡qué hermoso es escuchar las palabras de Jesús: “Ahí tienes a tu madre”. ¡Qué bueno recibirte en nuestra casa como Juan! Te ofrezco, con amor, lo poco que tengo para que tú siempre estés conmigo y mi familia en nuestro hogar.”

1 Corintios 11, 17-26; Salmo 39, 7-10. 17

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