Catholic Meditations

Meditación: Juan 12, 1-11

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Lunes de la Semana Santa

A los pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán. (Juan 12, 8)

Si Jesús viniera a visitarlo, ¿estaría usted dispuesto a ofrecerle su más preciada posesión? La reacción que tengamos frente a esta posibilidad denota la verdadera condición de nuestro corazón. ¿Creemos realmente que vale la pena entregarnos por completo a Cristo, o preferimos darle sólo una parte de nuestra vida y guardarnos el resto para nosotros? Cada seguidor de Jesús reaccionó de manera distinta, y el estudio de tales respuestas puede ser muy aleccionador.

María (hermana de Marta y Lázaro) llegó a darse cuenta de cuánto valía la pena entregarse a Jesús. Tomó un costoso perfume y le ungió los pies, simbolizando así el derramamiento de su propia vida ante el Señor, su deseo de darse por completo a él. Tanto amaba a Jesús que lo único a que atinó fue tratar de complacerlo. Jesús aprobó la acción de María, y de igual forma nos invita a cada uno a sentarnos a sus pies y escucharle con amor.

Judas, que consideró la acción de María un derroche injustificable, utilizó la preocupación por los pobres, que es legítima, como excusa por no amar él a Jesús tanto como lo amaba María. Igualmente, nosotros podemos escudarnos en el trabajo, el hogar, la diversión o incluso una meritoria actividad religiosa o social, para justificar el hecho de no darle al Señor el primer lugar en nuestra vida. ¡Ciertamente debemos examinarnos detenidamente! ¿Estamos dispuestos a dejar de lado nuestros planes y actividades, cuando es necesario, para encontrarnos más asiduamente con el Señor y seguirlo sin reservas?

Indudablemente, el apostolado y el servicio son necesarios en nuestras comunidades, hogares e iglesias, pero cualquier actividad se perfecciona cuando refleja una vida de amor a Cristo. Analicemos, pues, si todo lo hacemos por amor al Señor, o por el deseo de recibir reconocimiento o satisfacer nuestras propias aspiraciones íntimas. ¿Ha penetrado el amor de Jesús en nosotros al punto de hacernos capaces de renunciar a las cosas que antes nos ofrecían seguridad y paz? ¡Amemos a Jesús de todo corazón, para que vivamos exclusivamente para él!

“Señor Jesús, tú eres digno de todo honor, alabanza y adoración. Ayúdame a poner en tus manos mis planes, ideales y anhelos y toda mi vida. Abre mis ojos para que yo te vea y te ame de todo corazón.”

Isaías 42, 1-7
Salmo 26, 1-3. 13-14

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