Catholic Meditations

Meditación: Juan 13, 1-15

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Jueves Santo

Hoy comienza el gran Triduo Pascual, los tres días en que revivimos el drama de la pasión de Cristo, el drama de nuestra salvación. Hoy, especialmente, es un día lleno de simbolismo y de gestos proféticos que hablan elocuentemente de la misericordia y el amor que emanaron de la cruz para iluminar nuestra vida.

En el episodio en que Jesús lavó los pies a sus discípulos vemos una representación de todo el mensaje evangélico. El Hijo de Dios, perfecto, puro y santo, no solamente se hizo hombre, sino que adoptó la condición de esclavo para lavarnos del pecado y hacernos puros. Se humilló para que nosotros fuésemos exaltados; tomó la posición más baja para que nosotros llegáramos a ser herederos del Reino de los cielos. ¿Qué himno de alabanza puede expresar de modo apropiado la inmensa gratitud que nos inspira semejante amor? ¿De qué manera podemos darle gracias?

Y como si lavarles los pies a sus discípulos no fuera suficiente, Jesús dio un paso más y les ofreció pan y vino transformados en su Cuerpo y su Sangre. El primer gesto apuntaba proféticamente al sacrificio de amor que ofrecería por nosotros, pero este nuevo gesto nos invita en la realidad a participar en nuestra propia redención. Al decir, “tomen y coman; tomen y beban”, Jesús nos llama a adoptar su vida; nos propone abandonar el pecado y dejar que su vida sea nuestra vida. La decisión es nuestra. ¿Estamos dispuestos a saborear la bondad del Señor, o preferimos seguir nuestro camino indiferentes a Dios y creyendo que podemos resolver nuestros propios problemas?

Hoy recordamos el mensaje básico del Evangelio: “Consciente de que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía” (Juan 13,3), Jesús ofreció su vida como sacrificio propiciatorio por todos nosotros en la cruz, y aceptó la muerte que todos debíamos haber recibido. Pero su muerte fue para nosotros una fuente de perdón y así nos hizo hijos e hijas de Dios. ¿Has reconocido tú que Jesús dio su vida para salvarte? ¿Has dejado que él te lave los pies, es decir, que te libre del pecado y transforme tu corazón?

“Amado Jesús, ¡qué admirable es que te hayas humillado para lavarme los pies y ofrecer tu cuerpo por mis pecados! Lava mi corazón, Señor, de todo lo que pueda obstaculizar tu amor en mi vida.”

Éxodo 12, 1-8. 11-14; Salmo 115, 12-13. 15-18; 1 Corintios 11, 23-26

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