Ustedes recibirán poder

Una invitación del Espíritu Santo

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"Cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, recibirán poder y saldrán a dar testimonio de mí" (Hechos 1,8)

En julio de 2007, el Papa Benedicto XVI emitió su acostumbrada carta anual a los jóvenes, en la que presenta las bases que tendría la Jornada Mundial de la Juventud de 2008, realizada en Sydney, Australia. Es una carta alentadora, que interpela y genera entusiasmo. ¿Por qué? Porque en ella el Santo Padre expresó su más profundo deseo de que los jóvenes —y en realidad todos nosotros— experimentemos el poder y la presencia del Espíritu Santo.

El “agente principal” de la historia de la salvación. Benedicto comienza su carta escudriñando la Escritura para ver cómo ha actuado siempre el Espíritu Santo hasta llegar al gran día de Pentecostés, cuando el poder de Dios se derramó sobre todos los creyentes. Y ¿qué sucedió aquel día? Dice el Papa: “El Espíritu Santo renovó interiormente a los Apóstoles, revistiéndolos de una fuerza que los hizo audaces para anunciar sin miedo: ‘¡Cristo ha muerto y ha resucitado!’ Libres de todo temor comenzaron a hablar con franqueza.”

Este derramamiento del Espíritu inspiró a los apóstoles y les comunicó valentía para construir la iglesia primitiva. Pero, ¿saben qué? ¡Esta es la misma experiencia que todos debemos tener! Como lo dijo el Santo Padre, “he querido invitaros a profundizar en el conocimiento personal del Espíritu Santo … Pero no basta conocerlo; es necesario acogerlo como guía de nuestras almas, como el ‘Maestro interior’ que nos introduce en el Misterio trinitario, porque sólo Él puede abrirnos a la fe y permitirnos vivirla cada día en plenitud.”

Teología 101. Vale la pena detenerse aquí un poco para aclarar ciertos hechos básicos. Si te bautizaron cuando eras bebé, probablemente en ese momento no hiciste nada más que llorar. Pero mientras llorabas, Dios estaba haciendo algo grande en tu vida: estaba declarando que desde ese momento eras su hijo y estaba abriendo las compuertas del cielo y derramando sobre ti “toda clase de bendiciones espirituales” (Efesios 1,3) y, lo que es más importante aún, te estaba purificando de la mancha del pecado original.

Hace ya muchos siglos, San Pablo enseñó sobre el pecado original diciendo que “por medio de un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, y así la muerte pasó a todos porque todos pecaron” (Romanos 5,12) y añadió que “por la desobediencia de un solo hombre, muchos fueron hechos pecadores” (5,19). Es decir, el pecado trajo al mundo la muerte espiritual; por eso, para rectificar la situación, el Señor dijo que todos teníamos que nacer de nuevo “de agua y del Espíritu” (Juan 3,3.5).

Nacer del agua y del Espíritu: ¡eso es exactamente lo que sucedió cuando te bautizaron! El agua que el sacerdote derramó sobre ti te lavó la mancha del pecado original y recibiste una vida completamente nueva, es decir, “naciste desde lo alto”. Pero esta vida nueva te llegó como una semilla pequeñita que necesita cuidado y nutrición. Piénsalo: Un bebé recién nacido tiene todo lo que tú tienes, pero no puede hacer nada. Sin embargo, cuando crezca todo aquello que tenía solamente en forma potencial se actualizará y él o ella podrá hacer cada vez más cosas. Esto es lo que Dios quiere hacer también en tu interior: desarrollar todos los dones bautismales que Él te dio mientras vas creciendo en la fe. Y mejor aún, el Señor mismo quiere ayudarte a crecer conforme vas avanzando.

En efecto, cuando la semilla recibe riego y nutrición, crece. Pero hay algo más que también necesita: la luz del sol. Y este “sol” es el Espíritu Santo, que hace brillar la cálida luz del amor de Dios sobre nosotros y proyecta la buena noticia diciéndonos lo grandioso que es Jesús, la razón por la cual murió por nosotros y cómo quiere que vivamos.

Sabemos que hay innumerables jóvenes en todo el mundo que quieren ser buenos, y muchísimos de ustedes también hacen todo lo que pueden para serlo, porque sus intenciones por lo general son muy buenas. Pero las tentaciones del maligno y las inclinaciones naturales al mal que tiene el ser humano (consecuencia del pecado original) hacen muy difícil concretar esas buenas intenciones. La verdad es que sin la ayuda del Espíritu Santo es casi imposible complacer a Dios.

El campo de batalla. ¿Sabías tú que ahora mismo se está librando una batalla en tu propia alma? Es la lucha entre el bien y el mal, y es mucho lo que está en peligro. ¡Pero no tienes que luchar solo! Tienes al Espíritu Santo que te inspira; tienes la Sagrada Eucaristía que te reconforta y tienes a otros jóvenes fieles como tú que pueden solidarizar contigo.

La vida de San Pablo es un gran ejemplo de cómo quiere el Señor que ganemos esta batalla. Uno de los primeros compañeros de misión de Pablo, llamado Juan Marcos, se sintió intimidado por las dificultades que encontraba al predicar el Evangelio y decidió abandonar a Pablo y Bernabé en medio de un viaje misionero. Pero con el tiempo, el Espíritu Santo le ayudó a superar el temor y pidió volver al lado de ellos.

Bernabé quería aceptarlo, porque veía que había crecido en la fe y merecía otra oportunidad; pero Pablo se negó tan rotundamente que la situación provocó una división entre ambos apóstoles. ¡Qué lástima! ¿Por qué no pudieron resolver el desacuerdo? ¿Por qué Pablo se mostró tan inflexible? ¿Por qué Bernabé no trató de llegar a una solución de compromiso? Porque el poder del pecado tiene fuerza para dividirnos e impedir que sigamos edificando el reino de Dios.

Finalmente se vio que Bernabé tenía razón. Juan Marcos terminó escribiendo el primer Evangelio, el que lleva su nombre. También parece que al final Marcos y Pablo resolvieron sus diferencias (2 Timoteo 4,11), y en esto vemos que Pablo finalmente ganó la batalla que se libraba en su propia mente. En esto vemos que ganando las batallas que nos toca enfrentar día a día finalmente llegaremos a ganar la guerra por la conquista de nuestra propia alma. En situaciones como este desacuerdo entre Pablo y Bernabé, el Espíritu Santo —y probablemente los hermanos y hermanas de Pablo en Cristo— tuvo la oportunidad de hacerle ver su error a Pablo y ayudarle a cambiar un poco para asemejarse más a la imagen de Jesucristo, nuestro Señor.

Todos podemos pecar de tercos u orgullosos de vez en cuando y todos podemos cometer muchos otros pecados; de hecho todos tenemos talentos, dones y virtudes, pero también errores, malos hábitos y otras faltas. Por eso lo que el Espíritu Santo quiere hacer en nuestro corazón es ayudarnos a cultivar nuestros dones y virtudes, mientras el diablo sigue tratando de hacernos caer en actitudes de rebeldía y pecado, utilizando todas sus artimañas para separarnos de Dios y de los demás. Somos, pues, nosotros los que debemos reconocer y rechazar las ocasiones de pecado y adoptar en su lugar las actitudes de Jesús, vale decir, el camino de la paz y el amor, la honestidad y el respeto, la bondad y la compasión (Efesios 4,22-24).

Llegar a ser lo que uno come. Si el gran San Pablo necesitaba hacer cambios en su vida, es lógico pensar que todos los fieles también lo necesitemos. A Pablo le hacía falta ser dócil al Espíritu Santo y a nosotros también nos hace falta. ¿Cómo fue que Pablo finalmente se dio cuenta de que había sido demasiado inflexible con Marcos? ¿Cómo pudo hacer todo ese trabajo misionero de predicar en tantas ciudades y fundar todas esas iglesias? ¿Cómo pudo ser capaz de enseñar y escribir todas estas cosas profundas acerca de Dios? Fue capaz porque aprendió a escuchar y obedecer la voz del Espíritu Santo.

¿Cuál era el secreto de Pablo? El secreto era que tenía un gran amor por la Eucaristía y la oración. Lo sabemos porque a los corintios les explicó que ir a recibir la Sagrada Eucaristía con una verdadera actitud de oración es sumamente importante. Incluso les dijo que la razón por la cual muchos de ellos estaban enfermos o débiles era por su falta de reverencia frente al cuerpo y la sangre de Cristo (1 Corintios 11,29-30).

Lo mismo sucede con nosotros. Si uno quiere tener una relación profunda y viva con el Señor, claro que la puede tener. Todo lo que se necesita es poner todo el empeño de tu corazón para dejar que aquello que consumes en la Santa Misa transforme tu persona y te haga semejante a Jesús; es decir, tienes que llegar a la mesa el Señor con hambre y Él hará del resto. Todos pasamos por combates y dificultades en la vida, pero la gracia que emana de la Sagrada Eucaristía nos da las fuerzas necesarias para triunfar.

Una nueva visión de Pentecostés para el pueblo. El Espíritu Santo nos pide a todos, pero especialmente a ustedes, los jóvenes, que vayamos a “hacer discípulos de todas las naciones” (v. Mateo 28,19). La llamada a evangelizar es la esencia misma del trabajo que realiza el Espíritu Santo. Dios quiere que todos sus hijos lleguen a vivir con Él en el cielo y por eso nos llama a propagar la buena noticia de que el cielo está abierto y disponible para todos los que crean, se conviertan de corazón y sean bautizados.

Con esta misma idea en mente, el Papa Benedicto XVI nos ha pedido a cada uno de nosotros que evangelicemos al menos a una persona este año; nos ha pedido que “invoquemos al Espíritu Santo” y le pidamos a Dios con confianza que derrame una vez más el don del Espíritu Santo como un nuevo Pentecostés en la Iglesia. Como ustedes saben, en Pentecostés hubo miles de personas que se convirtieron a Cristo y se llenaron del Espíritu Santo. En efecto, todo lo que San Pedro hizo fue hablar de Jesús y el Espíritu Santo se puso en acción (Hechos 2,40-41).

Oremos, pues, desde ahora por la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que se realizará en Madrid en 2011, para que los jóvenes de todo el mundo experimenten un nuevo derramamiento del Espíritu Santo. Oremos para que del cielo descienda una unción poderosa que nos convenza de que debemos alimentar la semilla del Bautismo que llevamos en el corazón. Al mismo tiempo, oremos para que el Espíritu Santo venga con fuerza y encienda el fuego en el corazón de todos los que van a participar en la próxima Jornada Mundial de la Juventud. Y finalmente, pidamos por nuestras propias comunidades parroquiales: que todos experimentemos un nuevo Pentecostés en nuestras familias y vecindarios. ¿Quién sabe lo que Dios tiene preparado para nosotros? A lo mejor también vamos a ver que miles de personas se entregan a Cristo.

Comentarios (Comparta su opinión)

  1. alejandro's avatar
    alejandro

    ¿Es importante el bautismo en agua? ¿Será algo que merece nuestra atención y cuidado? ¿Será solo una ceremonia insignificante? ¿Tiene algún valor? ¿Vale la pena preocuparnos de cómo estamos bautizados?
    Hay quienes intentan evadir el tema del bautismo minimizando su valor, o sea, restándole importancia. Pero, analicémoslo a la luz de la Biblia.
    Primeramente ¡Dios lo ha mandado! (Mateo 28:19; Marcos 16:16). Esa es la razón suficiente. Si la Biblia no nos diera otra razón más solo por el hecho que lo mandó el Señor ya es suficiente. Y Dios no manda algo sin razón.
    No sólo lo mandó el Señor, sino que también los apóstoles lo mandaban y lo practicaban - Hechos 2:38 y 10:48. Tenemos la responsabilidad de cumplir con lo que la Biblia manda.
    PARA SALVACIÓN
    Hablando con Nicodemo, Jesús le dijo: “De cierto de cierto te digo, que el no naciere de agua y del Espíritu, NO PUEDE ENTRAR en el reino de Dios” (Juan 3:5). Nacer “de agua y del Espíritu” es ser bautizado en agua y recibir el bautismo del Espíritu Santo. Más claro no lo podría decir: “NO PUEDE ENTRAR”.
    También en Marcos 16:16, Jesús dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado”.
    Observe bien el orden que le da Jesús a lo que allí dice. El NO DIJO el que creyere será salvo y luego será bautizado, sino que “el que creyere y FUERE BAUTIZADO, SERA SALVO”.
    Además, la Biblia CLARAMENTE dice que el bautismo es para salvación: “El bautismo que corresponde a esto ahora NOS SALVA” (1 Pedro 3:21).
    Puede ser que el bautismo que tú tienes NO SALVA y tienes razón en decir que no salva, pero EL BAUTISMO EN EL NOMBRE DE JESUCRISTO SI SALVA - ¡Es parte del proceso de salvación!.
    PARA EL PERDON DE PECADOS
    ¿Por qué “nos salva” el bautismo? La razón más importante es por ser para el perdón de pecados. Y así lo dice CLARAMENTE la Palabra de Dios: “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo PARA PERDON DE LOS PECADOS..” (Hechos 2:38). ¡Más claro no lo podría decir la Biblia!
    También en Hechos 22:16 dice: “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, Y LAVA TUS PECADOS, invocando Su nombre”.
    Hay otros pasajes que confirman el hecho que es en el bautismo donde está el lavamiento o el perdón de los pecados, y que es parte del proceso de salvación: “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hechos, sino por su misericordia, por EL LAVAMIENTO de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5).
    “Y esto erais; mas ya habéis sido LAVADOS, ya habéis sido SANTIFICADOS, ya habéis sido JUSTIFICADOS EN EL NOMBRE DEL SEÑOR JESÚS, y por el Espíritu de nuestro Dios (1 Cor.6:11). “Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros PECADOS os han sido PERDONADOS POR SU NOMBRE” (1 Juan 2:12). “Y que se predicase EN SU NOMBRE EL ARREPENTIMIENTO Y EL PERDON DE PECADOS” (Lucas 24:47).
    Lea de nuevo estos pasajes cuidadosamente y notará el paralelo que hay entre el patrón establecido en el día de Pentecostés (bautismo del agua y del Espíritu) y lo que en ellos dice (lavar y Espíritu).
    ¿SOLO ARREPENTIMIENTO?
    El caso de Hechos 22:16 donde registra las palabras de Ananías a Saulo (Pablo) es de mucha importancia. Pablo llevaba tres días desde que había visto la visión y la luz resplandeciente en el camino a Damasco. Había quedado ciego y durante esos tres días había estado en ayuno y oración. O sea que, tenemos que reconocer que Pablo estaba arrepentidísimo de haber perseguido a la iglesia, y por ende a Jesús, el Mesías.
    ¡Pero, viene Ananías y, en efecto le dice que sus pecados todavía no habían sido lavados” ¡Solo el arrepentimiento no lava los pecados!
    Ahora, esto no es creer en “regeneración bautismal” - que sólo porque una persona se haya bautizado ya es salva. No, el bautismo DEBE SER PRECEDIDO O ANTECEDIDO por arrepentimiento. En el día de Pentecostés el apóstol Pedro no solo mandó a bautizar, sino que dijo: “Arrepentíos y bautícese…” Es el bautismo con arrepentimiento el que Dios busca, pero, según la Biblia, el bautismo es parte del PROCESO de salvación - un paso.
    Muchos dicen: “Pero no solomos salvos por obras. Muy cierto, y así lo enseña claramente la Biblia (Efesios 2:8-9). Pero el bautismo no es una obra - ¡es un acto de fe!.
    Si el bautismo es una obra, también lo es el arrepentimiento, porque ambos requieren un esfuerzo humano, aunque mínimo. No podemos, ni confesar con nuestra boca sin hacer un pequeño esfuerzo humano. Pero, arrepentimiento, bautismo en agua y la recepción del Espíritu Santo no son obras, ¡sino mandamientos de Dios!.
    AHORA PUES, ¿PORQUÉ TE DETIENES?
    LEVANTATE Y BAUTÍZATE
    Y LAVA TUS PECADOS
    INVOCANDO SU NOMBRE! 
    Hechos 22:16

  2. alejandro's avatar
    alejandro

    1.  ¿Está en la Biblia la palabra trinidad? No.
    2.  ¿Dice la Biblia que hay tres personas en la Divinidad? No.
    3.  ¿Habla la Biblia concerniente al Padre, Hijo, y Espíritu Santo? Sí.
    4.  ¿Significan estos títulos utilizados en Mateo 28:19 que hay tres personas separadas y distintas en la Divinidad? No, se refieren a tres distintos oficios, roles, o relación hacia la humanidad.
    5.  ¿ Utiliza la Biblia la palabra tres para hacer referencia a Dios? Solamente un versículo en toda la Biblia lo hace, 1 Juan 5:7. Habla del Padre, del Verbo (en lugar de Hijo), y del Espíritu Santo, y concluye diciendo, “Estos tres son uno.”
    6.  ¿Utiliza la Biblia la palabra UNO para hacer referencia a Dios? Sí, muchas veces. Por ejemplo ver: Zacarías 14:9; Malaquías 2:10; Mateo 23:9; Marcos 12:29, 32; Juan 8:41; 10:30; Romanos 3:30; 1 Corintios 8:4; Gálatas 3:20; 1 Timoteo 2:5; Santiago 2:19.
    7.  ¿Puede el misterio de la Divinidad ser entendido? Sí. Romanos 1:20; Colosenses 2:9; 1 Timoteo 3:16.
    8.  ¿Tiene el cristiano un solo Padre Celestial? Sí. Mateo 23:9.
    9.  Entonces, ¿por qué Jesús le dijo a Felipe, “El que me ha visto a mi, ha visto al Padre” (Juan 14:9)? Porque Jesús es la misma expresión de la imagen de Dios. Hebreos 1:3. La palabra griega para persona en este versículo quiere literalmente decir “substancia.”
    10.  ¿Dice la Biblia que hay que hay dos personas en la Divinidad? No.
    11.  ¿Dice la Biblia que la plenitud de la Divinidad es revelada en una persona? Sí, en Jesucristo. 1 Corintios 4:4; Colosenses 1:19; 2:9; Hebreos 1:3.
    12.  ¿Está escondido el misterio de la Deidad para algunas personas? Sí. Lucas 10:21-22.
    13.  ¿Quién es el Padre? El Padre es el único Dios, particularmente asi como ha sido revelado en una relación de parentesco hacia la humanidad. Deuteronomio 32:6; Malaquías 2:10.
    14.  ¿Dónde estaba Dios mientras Jesús estaba en la tierra? El Padre estaba en Cristo. Juan 14:10; 1 Corintios 5:19. El también estaba en el cielo, porque Dios es omnipresente.
    15.  ¿Dijo el profeta Isaías que Jesús sería el Padre? Sí. Isaías 9:6; 63:16.
    16.  Cuando Dios dijo, “Hagamos al hombre a nuestra imagen” (Génesis 1:26), ¿Estaba Dios hablándole a otra persona de la Divinidad? No. Isaías 44:24; Malaquías 2:10.
    17.  ¿Cuántas cualidades de Dios estaban en Cristo? Todas. Colosenses 2:9.
    18.  ¿Cómo podemos ver al Dios que envió a Jesús a la tierra? Viendo a Jesús. Juan 12: 44-45; 14:9.
    19.  ¿Dice la Biblia que Jesús es el Todopoderoso? Sí. Apocalipsis 1:8
    20.  ¿Quién es, según dicen, la primera persona de la Trinidad? Dios el Padre.
    21.  ¿Quién es, según dicen, la última persona de la Trinidad? El Espíritu Santo. Pero Jesús dijo que El mismo es el primero y el último. Apocalipsis 1:17-18
    22.  ¿Cúantas personas vió Juan en el cielo sentadas sobre el trono? Una. Apocalipsis 4:2.
    23.  Si Jesús es el primero y el último, ¿ Entonces por qué dijo Dios en Isaías 44:6 que Él era el primero y el último? Porque Jesús es el Dios del Antiguo Testamento encarnado.
    24.  ¿Le dijo Jesús a Satanás que sólo Dios debe de ser adorado? Sí. Mateo 4:10
    25.  ¿Cree el diablo en más de un Dios? No. Santiago 2:19.
    26.  ¿Dice la Biblia que Dios, quien es el Verbo, se hizo carne? Sí. Juan 1:1, 14.
    27.  ¿Con qué intención Dios se manifestó en carne? Para salvar a los pecadores. Hebreos 2:9, 14.
    28.  ¿Fué Jesús, Dios manifestado en carne? Sí. 1 Timoteo 3:16.
    29.  ¿Podía Jesús ser visto en la tierra y en el cielo al mismo tiempo? Sí. Juan 3:13.
    30.  ¿Dice la Biblia que hay solamente un Señor? Sí. Isaías 45:18; Efesios 4:5.
    31.  ¿Dice la Biblia que Cristo es el Señor? Sí. Lucas 2:11.
    32.  ¿Dice la Biblia que el Señor es Dios? Sí. 1 Reyes 18:39; Zacarías 14:5; Hechos 2:39; Apocalipsis 19:1.
    33.  ¿Cómo podía la iglesia pertenecerle a Jesús (Mateo 16:18) y al mismo tiempo ser la iglesia de Dios (1 Corintios 10:32)? Porque Jesús es Dios en carne.
    34.  ¿Le dará Dios su gloria a otro? No. Isaías 42:8.
    35.  ¿Antes de Jehová, fue formado otro dios o lo será después? No. Isaías 43:10.
    36.  ¿Cuál es la cosa que Dios no conoce? A otro Dios. Isaías 44:8.
    37.  ¿Cuál es la cosa que Dios no puede hacer? Mentir. Tito 1:2.
    38.  ¿Cuántos dioses debemos conocer? Uno solo. Oseas 13:4.
    39.  ¿Cuántos nombres tiene el Señor? Uno. Zacarías 14:9.
    40.  ¿Es bueno pensar en el nombre del Señor? Sí. Malaquías 3:16.
    41.  ¿Dice la Biblia que solo Dios anda sobre las olas del mar? Sí. Job 9:8
    42.  Entonces, ¿Por qué Jesús era capaz de caminar sobre el Mar de Galilea (Mateo 14:25)? Porque Él es el Dios Creador. Colosenses 1:16.
    43.  ¿Es Dios el único que puede perdonar el pecado? Sí. Isaías 43:25; Marcos 2:7.
    44.  Entonces, ¿Por qué Jesús era capaz de perdonar el pecado en Marcos 2:5-11? Porque Él es el Dios Salvador.
    45.  ¿Es Jesús el verdadero Dios? Sí. 1 Juan 5:20.
    46.  Si Dios y el Espíritu Santo son dos personas separadas, ¿Cuál era el Padre de Cristo? Mateo 1:20 dice que el Espíritu Santo era el Padre, mientras que Romanos 15:6, 1 Corintios 11:31, y Efesios 1:3 dicen que Dios era el Padre. No hay contradicción cuando somos consientes que Dios el Padre y el Espíritu Santo son uno y el mismo Espíritu. Mateo 10:20; Efesios 4:4; 1 Corintios 3:16.
    47.  Cuando Pablo le preguntó al Señor quién era El, ¿Cuál fué la respuesta? “Yo soy Jesús.” Hechos 9:5.
    48.  Cuando Esteban estaba por morir, ¿Llamó a Dios Jesús? Sí. Hechos 7:59.
    49.  ¿Alguna vez, llamó Tomás a Jesús, Dios? Sí. Juan 20:28.
    50.  ¿Cómo puede Jesús ser el Salvador, cuando Dios el Padre dijo en Isaías 43:11, “Fuera de mí no hay quien salve?” Porque “Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo al mundo.” 2 Corintios 5:19.
    51.  ¿Dice la Biblia que Jesús era Dios con nosotros? Sí. Mateo 1:23.
    52.  ¿Dijo Jesús, “Yo y el Padre uno somos?” Sí. Juan 10:30.
    53.  ¿Puede ser comprobado con la Biblia que Jesús y el Padre son uno en el mismo sentido que el marido y la mujer son uno? No. La Divinidad nunca fué comparada a la relación matrimonial. Jesús se identificó con el Padre de una manera que el marido y la mujer no se pueden identificar entre si mismos. Juan 14:9-11.
    54.  ¿Dice la Biblia que hay un solo sabio Dios? Sí. Judas 25.
    55.  Llama la Biblia al Espíritu Santo como la segunda o tercera persona en la Divinidad? No. El Espíritu Santo es el único Espíritu de Dios, el mismo único Dios obra en nuestra vidas. Juan 4:24; 1 Corintios 3:16-17; 6:19; 12:13.
    56.  ¿Pueden los Trinitarios mostrar que tres personas divinas estaban presentes cuando Jesús fue bautizado por Juan? De ninguna manera. El único, Dios omnipresente utilizó tres manifestaciones simultáneas. Sólamente una persona divina estaba presente—Jesucristo el Señor.
    57.  Entonces, ¿Qué eran los otros dos de quien los Trinitarios hablan? Uno era una voz del cielo; la otra el Espíritu de Dios en forma de paloma. Mateo 3:16-17.
    58.  ¿Qué dijo la voz durante el bautismo de Jesús? “Tú eres mi hijo amado; en ti tengo complacencia” Marcos 1:11. Como Hijo de Dios, Jesús era el Dios encarnado.
    59.  ¿Dice la Biblia que Dios vertió su sangre y que Dios dió su vida por nosotros? Sí. Hechos 20:28; 1 Juan 3:16. Dios fué capaz de hacer esto porque Él llevó consigo un cuerpo humano.
    60.  ¿Dice la Biblia que Dios vuelve con todos sus santos (Zacarías 14:5) y que también Jesús vuelve con todos sus santos (1 Tesalonicenses 3:13)? ¿Dos van a regresar? No. Sólamente uno regresa-nuestro gran Dios y Salvador, Jesucristo. Tito 2:13.

  3. alejandro's avatar
    alejandro

    EL SIGNIFICADO DE UN NOMBRE
    El uso de nombres en tiempo bíblicos, especialmente en el Antiguo Testamento, conllevaban un mayor significado que el que tienen hoy. Las personas frecuentemente usaban nombres para revelar algo del carácter, historia o naturaleza del individuo. Para los antiguos el nombre es parte de la persona, es una extensión de la personalidad del individuo. Al final el nombre adquiría validez en la persona que lo ostentaba de tal manera que influía en su personalidad.
    El nombre referido a la transformación o modificación. Algunos nombres se otorgaban para demostrar que algo nuevo había ocurrido en la vida de la persona. Es por eso que Dios le cambió el nombre de Abram (padre elevado) a Abraham (“padre de muchas naciones”). El nombre de Jacob (calcañar, suplantador) lo cambió a Israel (príncipe con Dios). Aún en el Nuevo Testamento Jesús le cambio el nombre de Simón (oyendo) a Pedro (roca) (Jn. 1.42). (Gn. 25.26) como es también el caso del cambio del nombre de Saulo a Pablo (Hch. 13.9), presumiblemente elegido por él mismo
    El nombre referido a la circunstancia. Isaac recibió su nombre como consecuencia de la risa de sus padres (Gn. 17.17; 18.12; 21.3–7); Samuel, como consecuencia de las oraciones de su madre (1 S. 1.20); Moisés, como consecuencia del acto de su madre-princesa de sacarlo de las aguas (Ex. 2.10);. En muchos de estos casos la Biblia proporciona los elementos para probar que tales “accidentes” eran realmente simbólicos: la victoria en el mar Rojo convierte a Moisés preeminentemente en el hombre que salió de las aguas; la historia de Samuel es precisamente la historia del hombre que sabía que la oración es contestada, y así.

    I. NOMBRES Y TÍTULOS DE DIOS
    Dios ha utilizado diferentes métodos para revelarse a la humanidad. En uno de esos métodos Él usó diferentes nombres o títulos con los que se identifica a sí mismo. Conocer el nombre de Dios es conocerlo a El mismo. Es así como el nombre de Dios representaba su presencia, la revelación de su carácter y la revelación de su poder.
    Dios uso nombres como un medio de auto-revelación progresiva. Por ejemplo, en Exodo 6:3 Dios dijo: “Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, más en mi nombre Jehová no me di a conocer a ellos”. Los versículos 4 al 8 dejan bien claro lo que significa el nombre de Jehová para Israel (Génesis 22:14). Sin embargo Dios no le reveló el significado completo de ese nombre en su aspecto redentor y es aquí en Exodo 6:3 donde El promete revelarse a su pueblo en forma nueva. La revelación del nombre de Dios pertenece a un programa de privilegio que ha ideado para su pueblo y lo que en ese momento se mantiene oculto se debe solamente al hecho de que el momento de la revelación suprema está todavía por delante.
    Podemos observar en el Antiguo Testamento, que Dios progresivamente iba revelando más de sí mismo a medida que diferentes necesidades surgían en las vidas de las personas, y El usaba nombres para expresar su auto-revelación.
    •  Cuando Abraham necesitó un cordero sacrificial, Dios se reveló como JEHOVÁ JIREH (el que provee).
    •  Cuando los Israelitas necesitaron protección de enfermedad, Dios se reveló como JEHOVÁ RAPHA, el sanador.
    •  Cuando los israelitas necesitaban victoria sobre sus enemigos, Dios se reveló como JEHOVÁ NISSI, nuestro estandarte o victoria. Es así como, los nombres y títulos descritos revelan aspectos importantes acerca de la naturaleza de Dios.
    •  Cuando Israel necesitó liberación, el Señor dio a conocer que su nombre tenía un significado que hasta entonces no era conocido en relación a liberación y salvación y dio el nombre JEHOVÁ como el nombre que los libraría de servidumbre y esclavitud (Exodo 6:3-8).
    •  En Génesis aparecen varios nombres en Hebreo para Dios. “Elohím” (1:1) es Dios en forma plural; “El Elyon” (14:18) es Dios Altísimo; “El Shaddai” (17:1) es Dios Todopoderoso y Omnipotente; “El Olam” (21:33) es Dios Eterno. En Exodo aparece “Yo Soy” (3:14).
    La revelación hecha a Moisés ante la zarza que ardía es uno de los incidentes más notables y convincentes en el relato bíblico. Después de las palabras iniciales Dios se presenta a si mismo de esta manera: “Yo soy el Dios (Elohim) de tu padre” (Ex. 3.6). Esto de inmediato supone que Moisés sabría el nombre del Dios de su padre. Cuando Dios anuncia su propósito de liberar a Israel por mano de Moisés este último se muestra poco dispuesto, y comienza a poner excusas. Dice Moisés: “Si ellos me preguntasen: ¿Cuál es su nombre? ¿qué les responderé?” (Ex. 3.13). La forma del pronombre “cuál” utilizado en este texto invita una respuesta que va más allá, y que inquiere acerca del significado o la sustancia del nombre.
    Esto ayuda a explicar la respuesta, a saber, “YO SOY EL QUE SOY” Y él dijo: “Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros” (Ex. 3.14). Por ello Moisés no tenía por qué pensar que Dios estaba anunciando un nombre nuevo, sino la revelación del significado del nombre que Moisés ya conocía. Este nombre quiere decir: el Eterno, el auto-existente, el que es, el que existe en sí mismo.

    La interpretación de Éxodo 6.2–3
    Después del regreso de Moisés a Egipto Iahveh le da mayores instrucciones sobre cómo tratar a Faraón y a su propio pueblo: “Yo soy JEHOVÁ”, dice, “y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente (<el sûadday), mas en mi nombre JEHOVÁ no me di a conocer a ellos” (Ex 6.3). Pero en Génesis 4:26 dice “Y a Set también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová.”
    La revelación anterior, a los patriarcas, se refería a promesas que correspondían a un futuro distante; suponía que debían tener la seguridad de que él, Jehová, era un Dios competente (un posible significado de shadday) para cumplirlas. La revelación en la zarza fue más grande y más íntima; allí el poder y la presencia inmediatos y continuos de Dios estaban con ellos, incorporados en el nombre familiar de Jehová. En lo sucesivo, las palabras “yo soy Jehová vuestro Dios” (Ex 6.7) les proporcionan toda la certidumbre que necesitan en cuanto a su propósito, su presencia, y su poder.
    Sin embargo, ninguno de esos nombres es una completa revelación de Dios. Muchos en el Antiguo Testamento se dieron cuenta de esto y, deseando conocer más de Dios expresaron ese deseo pidiendo conocer SU NOMBRE. Cuando Jacob luchó con el ángel en Peniel (una manifestación de Dios), preguntó: “Declárame ahora tu nombre” (Génesis 32:29). Dios no le reveló su nombre pero sí lo bendijo.
    Cuando Manoa, el padre de Sansón, le preguntó al ángel del Señor cuál era su nombre, recibió esta respuesta: “¿Por qué preguntas por mi nombre que es admirable?” (Jueces 13:18). El profeta Agur preguntó: ¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si lo sabes” (Proverbios 30:4). El estaba mirando hacia el futuro, intentando averiguar con cuál nombre se revelaría Dios cuando vendría como el Hijo.
    Zacarías profetizó que vendría un tiempo cuando el Señor sería Rey sobre toda la tierra, y que “En aquel día Jehová será uno, y UNO SU NOMBRE” (Zacarías 14:9).
    EL TETRAGRÁMATON:
    El vocablo heb. YHWH se traduce generalmente “Jehová” en la Biblia versión Reina Valera y “Señor” en Versión Popular . El primero se originó de la siguiente manera: con el tiempo se consideró que el “tetragrámaton” YHWH era demasiado sagrado y que era una blasfemia pronunciarlo (basados en Éxodo 20:7), de modo que al leer se lo sustituía por <?d_oµnaµy (“mi Señor”). Los eruditos judíos (denominados masoretas) que se encargaron de la tarea de copiar y transmitir con fidelidad la Biblia también insertaron en el texto la puntuación, las vocales (el texto hebreo original contiene sólo consonantes) y diversas notas.  Utilizando esta técnica los masoretas combinaron las vocales de la palabra “Adonaí” con las consonantes YHWH; y por una regla gramatical del hebreo la “a” fue transliterada por la “e” quedando YeHoWaH que pasó al español como Jehová”.

    III. JESÚS: EL NOMBRE DEFINITIVO DE DIOS
    El Nuevo Testamento continúa el mismo orden de ideas del Antiguo Testamento en cuanto a la revelación progresiva del nombre, pero la característica distintiva de su uso es la manera en que el nombre de Dios se SUSTITUYE por el de Jesús en pasajes provenientes del Antiguo Testamento (Mt 7.22; Hch 4.17, 18; 5.40; 9.29; cf. Dt 18.22; 1 Cr 21.19; Jer 20.9; Dn 9.6).
    Ahora Dios se revela en todo su poder y gloria a través del nombre JESÚS. Jesús quiere decir JEHOVÁ SALVA, Jehová nuestra salvación, o Jehová es Salvación. Es por esto que el ángel dijo: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvara a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21).
    El Antiguo Testamento predijo que el Mesías declararía el nombre de Dios (Salmos 22:22: “Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación te alabaré.” Ver Hebreos 2:12). Jesús declaró que había manifestado y declarado el nombre del Padre (Juan 17:6,26: “He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. 26Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.”)
    Incluso Jesús heredó el nombre de su Padre (Hebreos 1:4: “hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.”).
    Así como Dios en el Antiguo Testamento progresivamente revelaba más acerca de su naturaleza y su nombre respondiendo a las necesidades de su pueblo, de igual manera Jesús en el Nuevo Testamento completamente reveló el nombre y la naturaleza de Dios por medio de milagros, echando fuera demonios, sanando a los enfermos y perdonando los pecados.
    Jesús declaró y reveló el nombre del Padre por sus obras. Además, Jesús demostró que el ERA el Padre, el Jehová del Antiguo Testamento (Vea Isaías 35:4-6 con Lucas 7:19-22).
    Al demostrar el poder de Dios en cumplimiento de las profecías, él demostró que Jesús es el nombre del Padre. Si negamos a Jesús negamos al Padre (1 Juan 2:23), pero si usamos el nombre de Jesús, glorificamos al Padre (Colosenses 3:17).
    Jesús es el nombre definitivo de Dios: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hechos 4:12).
    Jesús es el nombre sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero (Efesios 1:21; Filipenses 2:9-10).
    JESÚS es la culminación de todos los nombres que Dios usó en el Antiguo Testamento. El nombre de Jesús es el nombre que Dios prometió revelar cuando dijo: “Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día, porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente” (Isaías 52:6).  Jesús es el único nombre que incluye y abarca todos los otros nombres de Dios en su significado (Zacarías 14:9).
    Concluimos pues, que Jehová es el nombre redentor del Antiguo Testamento pero que Jesús es el nombre definitivo de Dios a partir del Nuevo Testamento; que Jesús es Jehová, y en Jesús habita TODA la plenitud de la Deidad corporalmente, incluyendo la función de Padre (Colosenses 2:9).

  4. alejandro's avatar
    alejandro

    espero y mis comentarios les sean utiles

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