Septiembre 2017

Carta del Editor

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Septiembre es un mes interesante, porque hay muchos cambios: En el hemisferio norte, ha terminado el verano y comienza el otoño, como lo evidencian las hojas de los árboles, que pronto comenzarán a cambiar de color. En el hemisferio sur, el cambio es al revés, ha terminado el invierno y comienza la primavera, siempre muy bienvenida.

También, comienzan, o han comenzado hace poco, las clases en las escuelas y universidades, junto con lo cual se reanuda una serie de actividades educativas, religiosas o sociales en las parroquias y comunidades.

Nosotros los católicos vemos la mano de Dios en todo esto. El Señor, que gobierna el orbe con su divina sabiduría, misericordia y omnipotencia, mantiene vivos los elementos celestes y también los terrenos. El tiempo sigue su caminar y los seres humanos continuamos peregrinando por este planeta, el hogar transitorio que el Señor dispuso para nosotros.

Y así prosigue la vida. Precisamente por eso es necesario que los cristianos adoptemos el hábito de hacer oración de intercesión, a fin de poder superar las vicisitudes de la vida, hacer frente a situaciones de crisis y ayudar a otros a conocer al Señor.

Como leemos en el texto sagrado, el Señor y los apóstoles nos instan a hacer de la intercesión una práctica normal de nuestra vida de oración personal, familiar y comunitaria. Este es el tema de la revista de este mes: la oración de intercesión, su importancia y su necesidad.

La oración de intercesión ha sido practicada desde los primeros tiempos del pueblo de Israel, como lo vemos, por ejemplo, en el Éxodo, y de la Iglesia, como lo vemos en los Evangelios, los Hechos de los apóstoles y las cartas de San Pablo. Es, en efecto, algo que todos debemos hacer.

Sección posterior. Incluimos, asimismo, un interesante testimonio de sanación emocional que, sin duda, hallará eco en muchos de nuestros lectores, o servirá para que les hablemos a otras personas que tengan situaciones similares a la de la persona que escribe.

Para terminar, presentamos un artículo sobre la Adoración Eucarística, algo que todo católico debería tener en mente y practicar con cierta regularidad. ¿Por qué? Porque tiene que ver directamente con la claridad y la profundidad de nuestra fe: El Santísimo Sacramento del Altar es en efecto la Presencia real y viva de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, en su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad. ¿No es acaso lógico y meritorio ir a visitarlo, saludarlo y adorarlo con amor y devoción?

Con mis mejores deseos de bendición, les saluda su hermano en Cristo,
Luis Quezada, Director Editorial | .(JavaScript must be enabled to view this email address)

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