Para una buena Confesión

Cuaresma: Tiempo ideal para reconciliarse con Dios

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El mundo en el que vivimos ha perdido el sentido del pecado, al punto de que cuanto es malo algunos lo presentan como “bueno”. Es así porque el pecado tiene el poder de cegarnos y engañarnos, al punto de que no vemos la realidad. Pero si le pedimos al Espíritu Santo que nos ayude a examinar nuestra conciencia, él nos guiará y nos ayudará a vernos como Dios nos ve y así reconoceremos que todos necesitamos su perdón.

El Señor tiene un plan para tu vida, porque te ha destinado a que vayas al cielo. Y ya te ha ayudado a dar el primer paso, pues estás leyendo estas líneas. Precisamente para eso envió Dios a su Hijo Jesucristo, para llevarte de regreso al hogar paterno y conocer el amor y la misericordia de Dios.

Cuando vayas a confesarte, el Señor te fortalecerá en tus debilidades y te ayudará a abrir el corazón para recibir la gracia y la misericordia de Dios. Pero es preciso que primero reconozcas haber pecado y tengas el deseo de librarte del peso de la culpa que está siempre presente en tu conciencia. Esta es la contrición o el arrepentimiento, que incluye el deseo de no volver a ofender a Dios cometiendo los mismos pecados de antes ni otros nuevos, es decir, evitar las situaciones o amistades que te inducen a pecar. Si tomas estas decisiones en forma seria y de corazón, el Señor te dará las fuerzas y la luz necesarias para cumplir la promesa.

Dice el Papa Francisco: “Dios nunca se cansa de perdonar. ¡Nunca! El problema es que nosotros nos cansamos de pedirle perdón… Él es el Padre amoroso que siempre perdona, que tiene un corazón misericordioso con todos nosotros. (Ángelus, 17 de marzo de 2013).

Examen de conciencia. Las preguntas siguientes te ayudarán a reflexionar sobre las faltas que hayas cometido y que te conviene confesar. No es una lista completa, pero el Espíritu Santo te hará recordar otras acciones o situaciones de las que tengas que arrepentirte y pedir perdón. No olvides que también tienes que perdonar a quienes te hayan ofendido o perjudicado y perdonarte a ti mismo por haber ofendido a Dios y a otros:

• ¿Rezo todos los días dándole gracias a Dios y pidiéndole su guía y bendición?
• ¿He tomado el nombre de Dios en vano? ¿He maldecido a alguien o hecho falsos juramentos?
• ¿He participado en prácticas de superstición u ocultismo: lectura de manos, adivinación, brujería, espiritismo, uso de amuletos o cosas parecidas?
• ¿He ido a Misa todos los domingos y días de guardar o he faltado habiendo podido ir?
• ¿He sido respetuoso con mis padres, mis superiores o los representantes de la ley en cosas importantes?
• ¿Guardo rencor contra alguien, provoco riñas o participo en ellas? ¿He sido violento verbal o físicamente, grosero, ofensivo o tengo deseos de venganza?
• ¿Me propaso en beber alcohol o uso drogas ilícitas?
• ¿He tenido un aborto o le he recomendado a alguien que lo tenga?
• ¿He sido infiel a mi marido o mi esposa? ¿He tenido pensamientos impuros o relaciones sexuales fuera del matrimonio?
• ¿He descuidado las necesidades espirituales, intelectuales, emocionales y físicas de mi marido o mi esposa, mis hijos y mi familia?
• ¿He robado algo o dañado los bienes de propiedad ajena? ¿He sido honesto y justo en todos mis negocios? ¿He desperdiciado el tiempo en el trabajo?
• ¿He aportado de mi tiempo y recursos para aliviar las necesidades materiales de los pobres?
• ¿He participado en chismes? ¿He mentido? ¿He hablado mal de alguien o he manchado injustamente su reputación?
• ¿Me he dejado llevar por la envidia o los celos? ¿He codiciado los bienes de otro?

Acto de contrición. Dios mío, me arrepiento profundamente por haberte ofendido. Yo detesto todos mis pecados, porque temo perder la gracia de ir al cielo y sufrir los dolores del infierno; pero más que nada por haberte ofendido a ti, Dios mío, que eres todo bueno y mereces todo mi amor. Por eso me propongo firmemente, con la ayuda de tu gracia, pedirte perdón, cumplir la penitencia y enmendar mi vida. Amen.

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